Robles admite que hay «divergencias» en el Gobierno sobre los Presupuestos

El PP reprocha a Cs que «se apunte» a apoyar las cuentas públicas antes de conocerlas

El ministro de Transportes, José Luis Ábalos, ayer durante su visita a unos obras en Valencia
El ministro de Transportes, José Luis Ábalos, ayer durante su visita a unos obras en Valencia

Madrid / La Voz

«Divergencias». Esa fue el término utilizado por la titular de Defensa, Margarita Robles, para explicar el choque de estrategias en el Gobierno entre los ministros socialistas, que plantean explorar todas las posibilidades para tratar de aprobar los Presupuestos, y los de Unidas Podemos, que rechazan pactos con el PP y Ciudadanos y apuestan por repetir la mayoría de la investidura con ERC. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es consciente de que tras del acuerdo en la Unión Europea es crucial contar con unas cuentas públicas para administrar los 140.000 millones de euros concedidos a España. Y por ello no quiere cerrar ninguna puerta de antemano.

«No estamos para restar, estamos para sumar», advirtió José Luis Ábalos, uno de los pilares del Ejecutivo y, al contrario que Robles, destacado dirigente del PSOE. El titular de Transportes consideró que «lo normal es aspirar al máximo de apoyos posibles» a las cuentas públicas una vez que se ha llegado a un acuerdo con 27 países con Gobiernos de colores políticos muy diferentes y situaciones económicas distintas. E instó por ello a todos los partidos a «interiorizar» la necesidad de un acuerdo y «priorizar la situación de España».

También Robles insistió en sus diferencias con Iglesias y señaló que «los ciudadanos quieren ver políticos próximos, que son personas, que se preocupan por sus problemas y no por consideraciones partidistas». Y, aunque restó importancia al debate interno en el Gobierno, señaló que lo relevante es que «una vez que se tome una decisión se debe tomar unidos».

Garzón trata de rebajar el tono

Las declaraciones de Iglesias, en las que aseguró que un Gobierno en el que esté Unidas Podemos es «incompatible» como un acuerdo de presupuestos con el PP, pero también con Ciudadanos, han sentado muy mal en el sector socialista del Ejecutivo, consciente de las graves dificultades que entraña en este momento pactar las cuentas públicas con ERC, inmersa en un clima preelectoral en Cataluña y en medio de la polémica por la posible anulación del tercer grado a los presos independentistas.

Aunque las divergencias continúan, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, trató de rebajar ayer el tono de enfrentamiento de Iglesias y apostó por «normalizar» el diálogo con partidos de cualquier signo e intentar llegar a acuerdos «con todo el mundo» para aprobar los Presupuestos. Pero incidió en que la «base sobre la que desplegar» los acuerdos debe ser el programa del Gobierno de coalición pactado entre el PSOE y Unidas Podemos, que es «progresista» y de «izquierdas». «Con Ciudadanos tendremos que llegar, no entiendo porque no íbamos a llegar a acuerdos en invertir en ciencia o educación. Quizás sea más difícil llegar en materia laboral», explicó el titular de Consumo. En el PSOE consideran, sin embargo, que con las nuevas circunstancias por el covid-19 habrá que replantear algunas de las medidas de ese acuerdo.

En medio de ese debate, surgen también las diferencias entre el PP y Cs. La vicesecretaria de política sectorial de los populares, Elvira Rodríguez, reprochó ayer al partido de Inés Arrimadas que «se apunte» a acordar los presupuestos con Sánchez sin conocer su contenido. Y advirtió al Gobierno de que si al final es Podemos el partido que lleva el «peso» en el diseño de esas cuentas públicas, no «busque» al PP. «Cuando los hagan y tengan el papel preparado, que lo pongan encima de la mesa y ya hablaremos», concluyó.

Pedro Sánchez, sentado en su escaño en el Congreso, el 25 de julio del 2019,  antes de la segunda sesión en el Congreso en la que no salió investido
Pedro Sánchez, sentado en su escaño en el Congreso, el 25 de julio del 2019, antes de la segunda sesión en el Congreso en la que no salió investido
 

Aniversario Un año de la investidura fallida del líder del PSOE

El día que Iglesias se negó a hacer presidente a Sánchez

Se cumple este sábado un año de la investidura fallida de Pedro Sánchez. Aquel 25 de julio del 2019, el líder del PSOE perdió la segunda y definitiva votación por 124 votos a favor, 155 en contra y 67 abstenciones. Los 42 diputados de Unidas Podemos, cuyo apoyo era imprescindible, frustraban así la expectativa del líder socialista de gobernar en solitario con solo 123 diputados. De hecho, Sánchez solo fue capaz de sumar un único voto a los del PSOE, el de los regionalistas cántabros de Miguel Ángel Revilla. Una situación que conducía a España a un escenario de repetición de las elecciones. Tras aquella derrota propiciada por Pablo Iglesias, la fecha límite para investir a un presidente era el 23 de septiembre. Pero ese plazo venció sin avance alguno y los españoles volvieron a las urnas en noviembre.

Aunque el acuerdo entre los dos partidos de izquierdas llegó a darse por hecho inmediatamente después de los comicios de abril, y a pesar de que Sánchez e Iglesias comenzaron con optimismo las negociaciones, la relación entre ambos se fue agriando cuando el líder del PSOE empezó a comprobar que el de Unidas Podemos solo contemplaba un Ejecutivo de coalición. Para salvar ese escollo, empezaron hablando de un «Gobierno de cooperación», expresión en la que cabían todas las fórmulas. Pero a partir de ahí comenzó un pulso que acabó en abierto enfrentamiento. Las hostilidades estallaron tras dos meses de contactos. Iglesias exigió directamente a Sánchez ser el vicepresidente del futuro Gobierno. Y el contraataque del líder socialista fue tan demoledor, que parecía cerrar definitivamente la puerta a cualquier posibilidad de acuerdo no solo en ese momento, sino para siempre. «Yo necesito un vicepresidente que defienda la democracia española», dijo Sánchez, reprochando a Iglesias que hablara de «presos políticos» en Cataluña. Pero el líder de Podemos sorprendió al socialista aceptado su veto a cambio de una coalición. «No debo ser la excusa del PSOE para que no haya un gobierno de coalición», dijo el 19 de julio. A partir de ahí, la negociación se aceleró con un cruce de propuestas de carteras, pero el pacto fue imposible. Ni en julio, ni en septiembre. Pero tras las elecciones de noviembre, que constataron el retroceso de ambos partidos, el acuerdo fue inmediato. Las diferencias se olvidaron, aunque resurgen ahora tras siete meses de Gobierno.

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