Gobierno y PP hacen piña para trasladar a la Unión Europea una imagen de estabilidad

Buscan un obligado consenso en pleno debate del fondo europeo de recuperación

El presidente Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Pablo Casado, en su última entrevista en la Moncloa, en pasado 17 de febrero
El presidente Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Pablo Casado, en su última entrevista en la Moncloa, en pasado 17 de febrero

Madrid / Colpisa

La suma de votos de Gobierno y PP para aprobar el decreto que regirá hasta que haya vacuna o tratamiento para el covid-19 contribuyó el jueves a frenar la espiral de tensión en vísperas del acuerdo que socialistas y populares deben alcanzar en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso. Hay terrenos, como el sanitario o el europeo, en los que el pacto se presenta más factible. Y áreas, como la económica, en la que el acercamiento solo podrá ser más genérico.

Pero si en algo coinciden los dos principales partidos es que el consenso parece obligado y que, dada la dimensión de la crisis vivida y las consecuencias sociales y económicas de la epidemia, «otra cosa no se entendería».

El encuentro del miércoles, a última hora, entre las delegaciones de Gobierno, PSOE y PP sembró en las filas conservadoras la impresión de que se encaminan a un acuerdo, sea cual sea su alcance. La presencia de dos representantes del Ejecutivo, como el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, y el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Antonio Montilla, acredita, a ojos de los populares, que la Moncloa necesita el consenso, tanto o más que ellos.

Un documento común tendría, según las fuentes consultadas, el valor de poder trasladar a Europa, en plena negociación del fondo de recuperación, una imagen de unidad y estabilidad, de un Gobierno con capacidad para tejer acuerdos internos. Y el PP es una pieza de la que el Ejecutivo no puede prescindir en ese escenario. Así interpretan los populares que en el texto de conclusiones económicas de la Comisión para la Reconstrucción, el PSOE no haya incluido el impuesto para las grandes fortunas o una referencia explícita a la derogación de la reforma laboral. De hecho, la crítica de los partidos a la propuesta socialista se centró esta semana en la falta de concreción. Solo es la «música», defendió el PSOE. Un indicativo de que para pactar, como sostiene el PP, la negociación no podrá ser de «máximos». 

Clamor empresarial y sindical

También a los populares les interesa el acercamiento tras una etapa de aridez y de censura integral al Gobierno. Por un lado, porque en el PP entienden que no pueden excluirse de la tendencia de búsqueda de acuerdos, un clamor tanto social como de los referentes económicos, empresarios y sindicatos. Y, por otro, porque la Comisión para la Reconstrucción fue la oferta de Pablo Casado a Pedro Sánchez para neutralizar la mesa de partidos que perseguía el Gobierno al estilo de los Pactos de la Moncloa. Poco sentido tendría ahora bajarse del tren. 

Suspicacias

La desconfianza, sin embargo, ni se ha disipado ni parece que eso vaya a ocurrir. Buena prueba de ello es el intercambio dialéctico entre Sánchez y Casado en la última sesión de control, en la que dejaron ver la huella de meses de profundo desencuentro y cuestionaron la voluntad real de acuerdos del contrario. La figura del jefe del Ejecutivo sigue inspirando en los populares, que tienen pendiente el impulso de una comisión de investigación por la gestión de la epidemia, recelos que poco tienen que ver con la coyuntura actual, y en la Moncloa atribuyen la desinflamación del discurso del PP en las últimas semanas a un interés táctico por la cercanía de las elecciones del 12 de julio. Esa ha sido, de hecho, la respuesta que han dado a la mano tendida de los populares.

En realidad, el factor electoral no es desdeñable en las estrategias de unos y otros. Las encuestas avisan de que la crispación penalizará en las urnas, que algunos partidos han interpretado mal las señales que envía la ciudadanía. En el caso gallego, Alberto Núñez Feijoo, con un discurso crítico con el Gobierno, en línea con el de Ana Pastor el jueves en el Congreso, pero igualmente alejado de la estridencia, acaricia una mayoría absoluta holgada. Ese resultado avalará, a juicio de dirigentes territoriales del PP, una forma de hacer política. La de la «moderación». Y si esa es la lectura del día después, fuentes populares entienden que la dirección del partido no «se quiere quedar al margen».

Algunos cargos del PP, en todo caso, creen que el movimiento de Casado no tiene que ver tanto con el 12J como con la necesidad de construir un proyecto alternativo y estar listo para las próximas elecciones, que podrían ser más tarde de lo que algunos estimaban si el Gobierno, que cultiva relaciones como la de Ciudadanos, saca adelante los presupuestos. Solo el tiempo desvelará si, en esta ocasión, se trata de un enfoque sostenido. La Comisión para la Reconstrucción puede ser un primer paso de una nueva normalidad en la que no se rehúya el entendimiento transversal. O solo un estadio temporal.

El Ministerio de Defensa, dirigido íntegramente por mujeres por primera vez 

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha designado a dos mujeres para ocupar los cargos de secretaria de Estado y subsecretaria, por lo que por primera vez en la historia, el ministerio estará íntegramente dirigido por mujeres, según recoge Efe.

Fuentes de Defensa han confirmado que la ministra ha designado a su, hasta ahora jefa de Gabinete, Esperanza Casteleiro, como secretaria de Estado, y a la actual directora general de Reclutamiento y Enseñanza Militar, Amparo Valcarce, como subsecretaria.

Así pues, por primera vez, la cúpula política del Ministerio de Defensa estará íntegramente conformada por mujeres, ya que a este equipo se suma la actual directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban.

Los cambios, que han tenido lugar tras la reciente renuncia del secretario de Estado de Defensa, Ángel Olivares, deberán ser aprobados por el Consejo de Ministros del martes.

Nacida en Madrid en 1956, Esperanza Casteleiro Llamazares es licenciada en Filología y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense y ha desarrollado toda su carrera profesional en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) donde entró en 1983. Entre el 2004 y el 2008, fue secretaria general (número dos) de este organismo, tras lo que pasó a ocupar diversos destinos en unidades de inteligencia en el exterior como Cuba y Portugal. En el 2014, se puso al frente de la Jefatura de la Unidad de Inteligencia del CNI en el Centro de Inteligencias contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, que reúne a representantes de la Policía, la Guardia Civil y el CNI.

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