María Jesús Montero: «El ambiente del Congreso es una política de tierra quemada que abochorna al ciudadano»

La portavoz del Gobierno dice que el PSOE y Podemos tienen distintas sensibilidades, pero el mismo compromiso


Madrid/Colpisa

La semana del ingreso mínimo vital, uno de los grandes logros que marcará al Gobierno de Pedro Sánchez, ha vuelto a quedar eclipsado por la polémica tras la grave crisis generada por la purga en la cúpula de la Guardia Civil y el choque frontal entre el vicepresidente Iglesias y Vox sobre supuestos golpes de Estado cuando en el país sigue muriendo gente a causa de una pandemia que ha arruinado los planes del primer Gobierno de coalición de la democracia. La semana anterior fue el pacto con EH Bildu y el enésimo choque entre Iglesias y la vicepresidenta Calviño a costa de la reforma laboral. No tiene que ser sencillo ejercer de portavoz del Gobierno, pero María Jesús Montero (Sevilla, 1966) está haciendo un máster a marchas forzadas.

-En pleno estado de alarma y cuando los problemas crecen día tras día, ¿cree que era el momento idóneo para cambiar a la cúpula de la Guardia Civil si como aseguran nada tuvo que ver la investigación del 8-M?

-La Policía, la Guardia Civil y el Ejército han hecho un trabajo extraordinario en esta pandemia del que les estaremos eternamente agradecidos. Dentro de la vuelta progresiva a la normalidad, se están produciendo también cambios ya previstos en los equipos de trabajo de los ministros y en el caso concreto del ministro Marlaska, él lo ha explicado claramente y sólo puedo decir que está haciendo un magnífico trabajo.

-Tanto Pablo Iglesias como Irene Montero aseguran que el PP y Vox están llamando a la insubordinación del Ejército. ¿Lo comparte? ¿Le parece responsable?

-Son declaraciones en las que el propio vicepresidente segundo, el viernes, admitió que no era el momento de caer en las provocaciones que se están produciendo desde la derecha, que no está a la altura porque están aprovechando una grave pandemia para desgastar al Gobierno. Su actitud es irresponsable, pero vamos a seguir tendiéndoles la mano para que vuelvan al sentido común. Cualquier otra afirmación que dé juego a este tipo de confrontación, desde el Gobierno no la van a encontrar.

-Pero el Gobierno está formado por dos partidos y Podemos no es que se deje provocar, sino todo lo contrario. ¿Usted forma parte de ese PSOE que se siente tan molesto con esta actitud?

-Antes de posicionarme en relación con el PSOE y más allá de mis preferencias, me posiciono con el Gobierno y como portavoz del Ejecutivo le digo que no vamos a caer en la provocación y en el enfrentamiento porque eso aleja la política de los ciudadanos.

-De todos los errores cometidos por el Gobierno en la gestión de la pandemia, ¿cuál es el que más les ha dolido?

-Lo primero que hemos aprendido es que somos vulnerables. Seguro que podíamos haber hecho muchas cosas de otra manera si hubiéramos tenido la información que tenemos hoy. Nuestra principal debilidad o autocrítica ha sido que no hemos sido capaces de convencer al PP de que debía apoyarnos, que no era el momento de la lucha partidista.

-Hemos pasado del confinamiento total a colgar el cartel de completo en muchas playas. ¿Se está corriendo demasiado para evitar el desplome de la economía?

-El Gobierno siempre ha actuado y sigue actuando desde la máxima prudencia y siempre en base a las directrices de los expertos. Debemos estar muy alerta porque el riesgo de rebrote es demasiado real. La pandemia no ha terminado y tenemos que tener mucho cuidado y estar alerta hasta que no tengamos una vacuna. No podemos arruinar todo el sufrimiento que hemos pasado.

-Arremeten con dureza contra la irresponsabilidad de la oposición, piden su ayuda, ¿pero el Gobierno se está dejando ayudar? ¿Por qué Sánchez no llama más a Pablo Casado?

-Le puedo asegurar que el presidente ha hablado con Pablo Casado mucho más de lo que el líder del PP ha dicho. Creo que desde la irrupción de Vox hay una gran teatralidad por parte de algunos grupos de la oposición, que se han apropiado de los símbolos a base de gritos y consignas populistas para confundir a la gente y también al propio Partido Popular. El esfuerzo y la oferta de acuerdo de Pedro Sánchez son sinceros, pero dos no pueden si uno no quiere.

-¿Cree que el ambiente político que se vive en el Congreso es la mejor tarjeta de presentación para convencer a Bruselas de algo o atraer inversores en el momento más delicado en un siglo?

-Sobre todo no es la mejor tarjeta de visita de cara a los ciudadanos, que están abochornados. Es una política inútil, de tierra quemada. Y no podemos olvidar que la política debe servir a la gente.

-El Congreso se ha convertido en una suerte de mercado persa dada la minoría del Gobierno. ¿El enorme desgaste que supone la geometría variable es sostenible?

-Es sostenible para siempre porque este tipo de asimetrías han llegado para quedarse y las mayorías absolutas se marcharon para no volver. Los ciudadanos, con su voto, han decido que sea así y los partidos debemos intentar ponernos de acuerdo para llegar a acuerdos entre diferentes.

-¿El Gobierno sigue fiando su supervivencia a Esquerra o es el momento de buscar otros aliados como Ciudadanos?

-Los socios que hicieron posible la investidura del presidente Sánchez siguen siendo interlocutores prioritarios y privilegiados para este Gobierno. Con ellos llegamos a unos acuerdos que tenemos voluntad de cumplir desde el primero hasta el último punto. Nuestro compromiso de cumplir es firme. Pero eso no significa que cuando nuestros interlocutores plantean discrepancias imposibles, tengamos que buscar otras alianzas.

-ERC nunca ha votado a favor del estado de alarma y el PP, que lo ha hecho tres veces, es el blanco de sus críticas. ¿Por qué no critican a Esquerra?

-Yo sí creo que este Gobierno ha criticado a todos por igual, tanto a aquellos que habían dimitido de sus responsabilidad como a aquellos que estaban incorporando al debate cuestiones que nada tienen que ver con el estado de alarma y la salud de la gente.

-Junqueras ya ha advertido de que si pactan con Cs se acabó la legislatura. ¿Forma parte de esa 'teatralidad' de la que hablaba o se lo toman muy en serio?

-Entiendo la reacción de ERC, pero este Gobierno nunca va a eludir su responsabilidad y siempre que el dialogo no fructifique con los socios de investidura, tiene la obligación de abrir ese abanico a otras formaciones.

-Se cumplen diez años de la comparecencia de Zapatero en la que anunció que bajaba el sueldo de los funcionarios y congelaba las pensiones porque las cuentas públicas no daban para más. ¿Descarta que el Gobierno vaya a hacer algo similar?

-Este Gobierno tiene muy claro que la salida de esta crisis será distinta. Por dos motivos, porque el origen de la crisis es distinto y se ha debido a un 'shock' mundial muy concreto y no al estallido de una burbuja. Además, este Gobierno tiene como máxima no dejar a nadie atrás, como se ha visto con la aprobación del Ingreso Mínimo Vital.

-Supongo que a Zapatero tampoco le gustó mucho hacer lo que hizo y que era igual de progresista que este Gobierno. El problema es que el déficit será similar al de entonces y España va a gastar este año unos 100.000 millones más de lo que ingresará. ¿Seguro que no tocarán el gasto?

-Insisto, aquella crisis no tiene nada que ver con esta. Lo que estamos intentando es que la economía se recupere en el menor tiempo posible para que vuelva el crecimiento robusto que teníamos a través del mantenimiento de nuestro modelo productivo y un sistema de garantía de rentas, como los ERTE. Yo soy optimista y creo que de esta crisis vamos a salir más fortalecidos.

-Cuando el Gobierno habla de economía, de la reforma laboral, de impuestos... ¿A quién hay que hacer caso, al vicepresidente segundo o la vicepresidenta tercera? ¿O cree que los discursos tan contrapuestos como los de Iglesias y Calviño son compatibles?

-Entiendo que estos debates son interesantes en el ámbito mediático, pero como ministra de Hacienda y ministra Portavoz le puedo asegurar que es mucho más lo que a veces se expresa fuera que lo que sucede dentro del Gobierno. Puede haber varias sensibilidades, pero todo estamos comprometidos con el programa que hemos suscrito. Yo me siento muy cómoda con ambos.

-¿El cierre de la planta de Nissan es sólo la punta del iceberg de lo que puede sufrir el país en un sector clave?

-Hemos trabajado mucho, y seguimos haciéndolo, para que la planta no se cierre, pero es una cuestión que no tiene que ver con la pandemia y que viene de lejos. Por contra, nos alegramos mucho de la decisión de Renault de mantener sus puestos de trabajo en España. El de la automoción es uno de los sectores en los que el Gobierno está trabajando más intensamente y en breve presentaremos un plan que dé una señal inequívoca al sector y a los inversores de que España es un país para las empresas. 

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