Nicolás Redondo: «El pacto es una barbaridad, no se puede tratar a Bildu como a un partido más»

El exdirigente de los socialistas vascos ve al Gobierno bipartito «políticamente muerto»


Exsecretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros (Portugalete, 1958) es uno de los impulsores de La España que reúne, que se define como un club de opinión por el entendimiento constitucional. Entre sus miembros están el expresidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina; el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras; y el ex primer ministro francés Manuel Valls.

-¿Cuáles son los objetivos de «La España que reúne»?

-Frente a políticas de quiebra y fraccionamiento, defendemos la unidad; frente al pensamiento único que nos quieren imponer, la pluralidad; frente a las políticas que recortan derechos civiles, la ciudadanía plena; frente a la autodeterminación, la soberanía nacional; frente a los bloques políticos e ideológicos, su superación en un espacio central. Cualquier política que se haga en los extremos es contraproducente para crear riqueza y prosperidad. Otro de los elementos básicos para dar el paso fue nuestro recelo hacia un Gobierno de coalición con Podemos que tiene que recurrir para mantenerse a ERC o Bildu. Esto es muy negativo.

-¿Cómo valora el pacto del PSOE y Unidas Podemos con Bildu?

-Es una auténtica barbaridad, por varios motivos de naturaleza trascendente. El primero es que no podemos dar carta de normalidad a un partido como Bildu, que es legal, pero de ahí a que se pacten cuestiones tan importantes como la reforma laboral va un trecho muy largo. Ha sido incapaz de condenar el ataque al domicilio privado de Idoia Mendía y sigue haciendo homenajes a los presos, que suponen la reivindicación de su pasado. No se le puede tratar como si fuera un partido más. Además, el pacto se hizo con nocturnidad, con la voluntad explícita de engañar a un socio permanente como PNV y a otro coyuntural, Ciudadanos. En segundo lugar, está el propio contenido del pacto, que propone un cambio integral de la reforma laboral sin la participación de sindicatos y empresarios, lo que crea muchas dudas y recelos en la UE, que es nuestro paraguas, nuestro salvavidas. Y pone en el ojo del huracán, como si fueran enemigos, a los empresarios. Este pacto es sorprendente, inaudito.

-Cuando ETA mataba, los gobiernos, incluido el de Aznar, negociaron con la banda. ¿Por qué hora no se puede pactar con Bildu?

-No tiene nada que ver. La banda terrorista estaba asesinando. El intento de Aznar fracasó estrepitosamente porque no quiso transigir con acuerdos políticos. La negociación de Zapatero solo fue la constatación oficial de la derrota de ETA. Ahora estamos en tiempos y espacios diferentes, con una banda derrotada y su proyección política que es incapaz de reconocer el daño causado. Bienvenidos al club de los demócratas, pero pónganse a la cola.

-¿Cómo valora la gestión de la pandemia por parte del Gobierno?

-Esa evidente que ha habido errores, pero también es cierto que, como decía Albert Camus, todas las guerras y todas las epidemias pillan por sorpresa al hombre. ¿Lo hemos hecho peor? En algunas cosas sí, pero esto debe ser objeto de una análisis técnico y científico cuando termine.

-Y ahora viene la crisis económica y social.

-Va a ser la mayor en nuestra historia reciente, aún no nos damos cuenta de su magnitud aunque ya vemos colas para pedir comida que no había hace diez años. Ese reto brutal se puede enfrentar de dos maneras: desde la unidad nacional, el esfuerzo colectivo de los españoles, lo que nos llevaría a una solución a la europea, y con una estrategia de división, trasladando la responsabilidad a quien corresponda, a la UE si no acepta nuestros deseos, a los empresarios, al Ibex o a quien sea. Esta forma divisiva nos lleva a un proceso de empobrecimiento. Como se ha demostrado esos días, en el Gobierno existe tensión entre la socialdemocracia europea y moderna, que representa Nadia Calviño, y la estrategia de la división de Pablo Iglesias, que está absolutamente decidido a utilizar el miedo al futuro para dividir a la sociedad española e imponer sus criterios ideológicos. Esas dos visiones entran en conflicto y paralizan al Gobierno. El Gobierno está políticamente muerto. Es incapaz de unir a la inmensa mayoría de los españoles.

-¿La culpa de que no hay un gran pacto nacional la tiene solo el Gobierno o también la oposición?

-No quiero ser defensor del PP, pero no me cuesta imaginar lo que hubiera sucedido si el presidente del Gobierno fuera del PP y Podemos estuviera en la oposición. España estaría ardiendo por los cuatro costados. Sánchez optó por un acuerdo con Podemos y formó un Gobierno muy ideologizado, radical y extremista y eso hace muy complicado los acuerdos. Lo digo con Sánchez y lo dije con Rajoy, cuando Gobierno y oposición no se ponen de acuerdo ambos tienen responsabilidades pero quien más tiene es el que gobierna. Un pacto con el PP es imposible mientras esté Podemos en el Gobierno. Iglesias está aplicando su estrategia neocomunista o peronista con toda la impunidad. Sánchez podría hacer una crisis de gobierno y pedir al resto de partidos que le apoyaran y si no lo hacen habría que ir a elecciones.

-¿Qué la parecen los pactos del PP y Ciudadanos con Vox?

-Estoy en contra. Vox es un partido extremista de la derecha y Podemos, de la izquierda. España tiene más oportunidades con políticas moderadas.

-¿Teme un enfrentamiento civil?

-Claro que me da miedo. Esa polarización puede ir a más. Infravaloramos los riesgos de las políticas de extrema izquierda por falta de experiencias.

Las 48 horas que pusieron contra las cuerdas la coalición PSOE-Podemos

francisco espiñeira / fran balado
Nadia Calviño y Pedro Sánchez, durante un pleno en el Congreso de los Diputados
Nadia Calviño y Pedro Sánchez, durante un pleno en el Congreso de los Diputados

El pacto con Bildu para derogar la reforma laboral enfada a socios, barones y ministros de Pedro Sánchez

En apenas cinco meses, el bipartito de PSOE y Unidas Podemos ha sufrido algunas tensiones que han puesto en duda la solidez de la coalición. Los ataques de Pablo Iglesias a varios ministros -Nadia Calviño, María Jesús Montero, José Luis Escrivá, Teresa Ribera o Juan Carlos Campo pueden dar cuenta de ello- fueron siempre neutralizados por Pedro Sánchez.

La pandemia ha complicado la hoja de ruta del Gobierno bipartito, que vivió sus horas más tensas el miércoles y el jueves. La aprobación de la quinta prórroga del estado de alarma ha abierto una brecha de desconfianza entre los socios que se ha convertido en una gran bronca política.

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