Torra descarta elecciones e intentará agotar el mandato en la Generalitat

Solo el Tribunal Supremio podría cruzarse en su estrategia

Colpisa
Barcelona

La crisis del coronavirus ha dado un giro de 180 grados a la legislatura catalana, que se presentaba de inicio corta y va camino de alargarse. Quim Torra, superado por las guerras internas entre JxCat y ERC, tiró la toalla en el mes de enero, rompió con sus socios y anunció que, en cuanto el Parlament aprobara los Presupuestos de la Generalitat, fijaría la fecha de las elecciones catalanas. Se ponía a la estela de País Vasco y Galicia. Se especulaba con unos comicios antes del verano o el 1 de octubre, para aprovechar el tirón emocional en el independentismo. Pero nadie esperaba que estallara una crisis de dimensiones bíblicas, que ha hecho cambiar todas las agendas a los gobernantes.

«Solo pienso en salvar vidas», «mi única prioridad» es la pandemia, repite casi a diario el presidente de la Generalitat. La Cámara catalana aprobó el viernes las Cuentas de la Generalitat y Torra no solo no anunció la fecha de las elecciones, sino que ni siquiera acudió al debate de Presupuestos. Días antes ya había avisado de que los comicios no están en su cabeza. «Nadie entendería que hubiera elecciones y ni siquiera que pusiera una fecha», afirmó en un encuentro con medios extranjeros. Las estrategias han saltado por los aires. El dirigente nacionalista, que ya no forma un bloque tan granítico con Carles Puigdemont, porque la gestión del día a día con una realidad que supera los 9.500 muertos no tiene nada que ver con el secesionismo simbólico del expresidente, se postula ahora para mantenerse en el cargo un tiempo para hacer frente a la crisis de la pandemia y para pilotar la fase posterior del inicio de la reconstrucción, para la que pide un gran pacto de país. También pide a Sánchez que vaya preparándose para volver a reunir la mesa de diálogo entre los dos gobiernos. Tiene unos cuantos meses por delante. A finales de 2021 expira su mandato y no tiene intención de repetir. Hasta que llegó el coronavirus, la legislatura no se aguantaba por la pugna entre los dos socios de gobierno independentista. Esa batalla es un juego de niños en comparación con la crisis sanitaria. Torra ha aplazado la pugna electoral en las urnas con Esquerra. Eso sí, sigue sin controlar todas las variables. El que se puede cruzar en medio de su estrategia es el Tribunal Supremo. El líder nacionalista fue condenado por el TSJC a un año y medio de inhabilitación en diciembre de 2019 por un delito de desobediencia por negarse a retirar los lazos amarillos. La sentencia no es firme y está recurrida al Supremo. Si el Alto Tribunal condena al presidente de la Generalitat, deberá cesar del cargo y la presidencia accidental recaería en su número 2, Pere Aragonès, que es de ERC. E inhabilitado ya no podría firmar el decreto de convocatoria de las elecciones, por lo que para mantener su capacidad de convocar los comicios deberá adelantarse al Supremo. Y los plazos que maneja el tribunal para abordar el caso del presidente han quedado alterados como consecuencia de la pandemia. Dos años en el cargo Quim Torra cumplirá el próximo 14 de mayo dos años como presidente de la Generalitat. Accedió al cargo con fecha de caducidad y de forma accidental, después de los intentos frustrados de elección de Puigdemont, Turull y Sànchez. Su intención original era hacerse a un lado y volver a investir a Puigdemont. De la restitución a la Constitución (catalana), prometió el día de su investidura. Su antecesor ya no puede ser elegido presidente de la Generalitat, porque ya no es diputado autonómico. Ahora ya no habla de constitución, sino de construcción. La pandemia lo ha cambiado todo.

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