Sánchez asume en solitario el liderazgo del Gobierno y minimiza el rol de Iglesias

El desafío del líder de Unidas Podemos y el malestar del PSOE hibernan la coalición

Sánchez escucha la intervención de Iglesias, durante el pleno del Senado del pasado febrero
Sánchez escucha la intervención de Iglesias, durante el pleno del Senado del pasado febrero

MAdrid / La Voz

El Consejo de Ministros del sábado 14 de marzo supuso un antes y un después en el Gobierno de coalición. La batalla entre Pablo Iglesias y las ministras Nadia Calviño y María Jesús Montero duró siete horas. Formalmente, se saldó sin derrota de ninguno de los socios. Tres días después, sin embargo, el consejo del martes 17 constató que aquello marcó un punto de inflexión que probablemente no tenga vuelta atrás.

La coalición difícilmente sobrevivirá ya a largo a plazo a la imagen icónica del jefe del Gobierno reunido físicamente en la Moncloa con seis miembros socialistas del Ejecutivo mientras que, el día en el que se aprobó el decreto histórico que puso encima de la mesa 200.000 millones de euros, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, y todos los ministros de Unidos Podemos participaban telemáticamente por imposición de Sánchez, que vetó su presencia para evitar otra lucha. 

Núcleo duro sin Podemos

Liderazgo en solitario. El desafío que Iglesias le planteó a Sánchez aquel sábado al presentarse en Moncloa pese a estar en cuarentena por el positivo en coronavirus de su pareja, Irene Montero, y el intento de forzarle a tomar medidas extremas como una paralización total de la actividad productiva, la posibilidad de nacionalizar sectores estratégicos o la exclusión de Cataluña y País Vasco del decreto de alarma llevó a Sánchez a tomar la decisión de asumir en solitario el liderazgo en esta crisis.

Ha apartado al propio Iglesias y a todos los ministros de Unidas Podemos del núcleo de poder que gestiona el estado de alarma. Además de los titulares de Transportes, Interior, Defensa y Sanidad, que son oficialmente las únicas «autoridades competentes» junto al presidente, Sánchez ha sumado al sanedrín a la ministra de Hacienda y portavoz, María Jesús Montero, que junto a Nadia Calviño mantiene la oposición más frontal a Pablo Iglesias dentro del Gobierno. 

Ministros sin poder real

Trabajo, fuera del sanedrín. El hecho de que en ese gabinete permanente de crisis no figure el vicepresidente segundo y ni siquiera estén presentes los ministros de Trabajo, Yolanda Díaz, o de Consumo, Alberto Garzón, cuando una gran parte de las decisiones afectan a esas áreas, evidenciaban ya que Sánchez dejaba en segundo plano Iglesias. Pero el malestar mutuo entre ambos socios de Gobierno aumentó el pasado jueves 19. Iglesias presionó para tener un papel mediático en la crisis y exigió gestionar parcelas presupuestarias del plan de choque.

Sánchez accedió a que participara en una rueda de prensa junto al titular de Sanidad, Salvador Illa. Pero la propia comparecencia evidenció la falta de competencias de los ministerios que controla Unidas Podemos. Aunque Iglesias se presentó como adalid de las medidas sociales, de los 200.000 millones de euros movilizados Iglesias solo controla 600, de los que 300 se destinan a las autonomías para los colectivos más vulnerables y otros 300 son liquidez para ayuntamientos con superávit fiscal. 

Iglesias presiona

Malestar del sector socialista con el vicepresidente. Esa rueda de prensa ahondó la crisis. En el sector socialista, que consideraba superada la fase de las críticas tras lograr el apoyo casi unánime de la oposición a sus medidas, cayó como un jarro de agua fría que Iglesias aprovechara su presencia en los medios, saltándose de nuevo la cuarentena, para lanzar mensajes ideológicos que promueven la fractura política.

Y, sobre todo, que cargara contra el jefe del Estado, calificando de «vacío» su mensaje a la nación, en el que llamó a la unidad, y que respaldara las protestas contra el rey. Iglesias dejó claro que mantiene la pugna pese a perder frente a Calviño en cuestiones como la moratoria en el pago de los alquileres. 

Sánchez va por libre

Adiós a la amenaza presupuestaria y a Torra. Pese a esas presiones, Sánchez ha optado por mantener el liderazgo en solitario -dejando fuera también del gabinete de crisis, significativamente, a la vicepresidenta Carmen Calvo-, brindar cuotas de poder mediático a Iglesias, pero obviar cualquier referencia a Unidas Podemos. Ni para bien, ni para mal. La crisis del coronavirus, obviamente no deseada por nadie, le ha situado en la posición política que siempre deseó. Al frente de un Gobierno de izquierdas, sin que Iglesias pueda plantearle batalla parlamentaria desde ese flanco, y con el PP y Cs forzados a apoyar sus decisiones económicas por política de Estado. Sus dos principales amenazas se han borrado de un plumazo. Por un lado, el peligro de no poder sacar adelante los Presupuestos pactados con Iglesias.

Esas cuentas son ahora papel mojado y Sánchez no teme ya abrir la puerta a pactar con el PP unos Presupuestos «de reconstrucción». Lo mismo ha ocurrido con el desafío independentista, que pasa a un segundo plano, lo que libra a Sánchez de la dañina imagen de sentarse de nuevo con un Joaquim Torra desatado en su deslealtad, o de aparecer como un rehén de ERC

El coronavirus da un vuelco al tablero político 

Sánchez ya no necesita a los independentistas catalanes para sobrevivir. Y, aunque las relaciones con los nacionalistas vascos son excelentes, la capacidad del PNV para condicionar sus decisiones se ha visto mermada. Algo que quedó de manifiesto cuando el Gobierno decretó el estado de alarma. Pese a las advertencias previas del PNV sobre el mal recibimiento que tendría en el País Vasco que Interior asumiera el mando único de todas las fuerzas de seguridad y la amenaza de insumisión de Torra por el mismo motivo, el Gobierno adoptó esa decisión e incluso ha impuesto luego la presencia de contingentes de las Fuerzas Armadas en Cataluña y el País Vasco. Algo impensable hace apenas un mes y que demuestra el giro que está dando Sánchez, convencido de que la pandemia y las largas consecuencias económicas y sociales que tendrá han dado un giro radical al tablero político.

Con Unidas Podemos reducido definitivamente a su pesar al papel de socio minoritario del Gobierno, y sin posibilidad de amenazar con romper la coalición, el camino de Sánchez aparece así expedito al menos hasta el final del año 2021, en función de lo que dure el período más duro de la pandemia, porque resultaría inimaginable que en medio de una crisis global tan grave como la del coronavirus ni Unidas Podemos ni ningún ortos partido se planteara derribar o debilitar al presidente del Gobierno para forzar un adelanto electoral.

En ese marco, Sánchez apuesta por reforzar su propio papel y jugarse su futuro político asumiendo en solitario la responsabilidad en el desenlace de la lucha contra el coronavirus. Si el resultado de esa arriesgada estrategia es exitoso, el PSOE podría llegar a ser hegemónico en la izquierda. En caso contrario, España podría apostar por un giro político.

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