Madrid / La Voz

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, entró ayer al Senado visiblemente enfadado tras las últimas desavenencias que afloraron en el Consejo de Ministros a raíz de la ley del consentimiento sexual, conocida popularmente como la del «solo sí es sí», impulsada por Igualdad, cartera dirigida por Irene Montero. Según ha trascendido, el borrador fue severamente corregido desde la vicepresidencia de Carmen Calvo y el Ministerio de Justicia, dos departamentos a cargo del PSOE, donde apreciaron errores de bulto, tanto de fondo como de forma. «En las excusas técnicas hay mucho machista frustrado», criticó un Pablo Iglesias que no pudo contenerse a su llegada a la Cámara Alta cuando fue cuestionado por este motivo.

Una vez acomodado en su escaño, Iglesias siguió respondiendo preguntas, en este caso de la oposición, protagonizando uno de los puntos más calientes de todo el debate. El senador del PP Asier Antona criticó su entrada en la comisión del Gobierno que controla el CNI y, a partir de ahí, y apoyándose en la obra más célebre del escritor Franz Kafka, La Metamorfosis, denunció el radical cambio experimentado por los cargos de Podemos desde su irrupción en la política hasta hoy. «Ha pasado de ser espiado a ser espía» le recordó, pero también de «republicano a ministro de jornada», dijo Antona, rescatando la reciente visita de Iglesias a Galicia acompañando a la reina Letizia en un viaje oficial. El senador canario no se quedó aquí. «De Vallecas a un chalé en Galapagar», le espetó. Concluyó una intervención muy celebrada por su bancada deslizando que toda esta «metamorfosis» había quedado reflejada en la decisión abrazada recientemente por Podemos de poner fin a los topes salariales de sus cargos, acusando a Iglesias de ser incapaz de reprimir su proceso de aburguesamiento.

Iglesias respondió con contundencia, mostrando su sorpresa por que el senador popular introdujera a Kafka en el debate. «Celebro que lea a Kafka; celebro que usted lea, en general». El vicepresidente del Gobierno acusó a los populares de haber montado «una estructura policial destinada a obstaculizar escándalos de corrupción que afectaban al PP. Ustedes mancharon el uniforme de nuestros policías para proteger a corruptos, y para crear unas cloacas que fabricaban noticias falsas para atacar a adversarios políticos. ¿Y sabe cómo hay que llamar a los que hacen eso con nuestras fuerzas de seguridad? Delincuentes», acusó. 

El caso Ábalos pierde fuelle

Una de las comparecencias más aguardadas de ayer fue la de la ministra de Exteriores. Arancha González Laya asumió una pregunta planteada por el PP para Ábalos sobre el polémico encuentro nocturno en Barajas entre el ministro de Transportes y Delcy Rodríguez. La representante del Gobierno detalló que la confirmación del viaje a España de la vicepresidenta venezolana fue facilitada por la compañía de asistencia en tierra, encargada de esa responsabilidad, a las 20.00 horas, pero no contestó si autorizaron el aterrizaje ni arrojó luz sobre la entrada en España de un buen número de maletas procedentes de la aeronave. La oposición empieza a aflojar con este asunto que ha copado el último mes y medio a la espera de avances en los juzgados.

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La «metamorfosis» de Podemos de Vallecas a Galapagar enciende el Senado