El Gobierno admite que no espera frutos «a corto plazo» de su diálogo con Torra

P. de las heras / C. Reino MADRID, BARCELONA / COLPISA

ESPAÑA

El presidente de la Generalitat, Quim Torra
El presidente de la Generalitat, Quim Torra Quique García

Los letrados del Parlamento catalán siembran dudas sobre la continuidad del presidente autonómico

04 feb 2020 . Actualizado a las 23:49 h.

Un informe jurídico elaborado por los letrados de la Cámara catalana cuestiona ahora la continuidad de Quim Torra como presidente de la Generalitat una vez inhabilitado como diputado. El dictamen forma parte del recurso que han preparado los servicios jurídicos de la Cámara catalana para presentar ante el Tribunal Supremo para pedir medidas cautelares contra la decisión de la Junta Electoral Central, ya ejecutada por el Parlamento de Cataluña, de retirar el escaño al gobernante soberanista.

A diferencia de lo que defendieron en un informe anterior, los letrados apuntan ahora como necesaria la condición de diputado para «mantenerse» como jefe del Ejecutivo catalán, una posición que defienden PP y Ciudadanos, que se refieren a Torra como expresidente. «La condición de diputado es, por tanto, requisito necesario para ser presidente y, a pesar de que la norma no lo diga expresamente, es posible interpretarla en el sentido que esta condición no solo actúa en el momento de la elección, sino que ha de mantenerse mientras se desarrolle el cargo», según el recurso elaborado por los letrados. El pleno del Parlamento catalán votará este miércoles si presenta este recurso. El letrado de la Cámara Antoni Bayona, que firma el recurso, aclaró este martes que «decir que ‘se puede interpretar’ no significa que se deba interpretar necesariamente así» y, a su juicio, Torra puede seguir como presidente a pesar de perder su escaño.

Mientras, los abogados del presidente de la Generalitat presentaron este martes ante el Tribunal Supremo un recurso de casación contra la sentencia que le condenó a una pena de inhabilitación de año y medio por desobediencia

El Gobierno pisa el freno.

En vísperas de que Pedro Sánchez se desplace a Barcelona para reunirse con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, se afanó este martes en intentar rebajar las expectativas generadas no ya por esa cita concreta, sino por la estrategia de diálogo con el independentismo en su conjunto. Durante su comparecencia semanal tras el Consejo de Ministros, la ministra reiteró en varias ocasiones que en la Moncloa no se esperan «frutos a corto plazo». «Partimos de una posición muy alejada -subrayó-, estamos en las antípodas en cuanto al diagnóstico de la situación territorial, pero sabemos que solo a través de esta fórmula vamos a tener ocasión de alcanzar puntos de encuentro».

Las palabras de la también titular de Hacienda buscan enfriar de algún modo un debate que ha perseguido a Sánchez desde que logró asegurarse la investidura con la abstención de Esquerra Republicana de Catalunya y que ha monopolizado en buena medida el inicio de su mandato. Una manera de ponerse la venda antes de que otros, tanto los partidos de la oposición como el ala dura del independentismo, les hagan la herida.

En el Gobierno dan por hecho que Torra solo querrá hacer planteamientos relativos al estatus político de Cataluña y que se centrará, como ya ha dejado claro en varias ocasiones, en la exigencia del reconocimiento del derecho de autodeterminación y la amnistía de los condenados por el Tribunal Supremo en el juicio del procés. Pero Montero alegó que, aunque el Gobierno irá con «espíritu de escucha», no le ve sentido a plantear «cuestiones que ya sabemos adónde conducen». Y además aseguró que su intención es abrir el foco a otros asuntos más determinantes para el día a día de los ciudadanos y hablar de inversiones o de los trenes de cercanías . Por eso a Sánchez le acompañará la ministra de Política Territorial, Carolina Darias, aunque en principio no está previsto que participe en la reunión. 

Ganar tiempo

En realidad, en el Ejecutivo siguen pensando que no tiene demasiado sentido iniciar un diálogo con un Gobierno que ya ha dado la legislatura por acabada y que está presidido por quien solo espera a que se dé el momento que mejor convenga a los intereses políticos de su formación, JxCat, para convocar elecciones, así que no está demasiado dispuesto a desgastarse en vano. Otra cosa es que, por ayudar a sus socios de Esquerra y no dejarles colgados de la brocha ante su electorado, Sánchez decidiera el pasado jueves seguir adelante con el guion prefijado. Entre otras cosas, porque enfadar a los de Junqueras significa poner en jaque su propio mandato.

Montero, de hecho, también se refirió este martes a la necesidad de que tanto en Cataluña como en el conjunto de España se aprueben pronto unas nuevas cuentas públicas después de años «viviendo con un presupuesto que ya no da respuesta a las necesidades de la sociedad». Esa es la prioridad de Sánchez, pero los socialistas asumen que hasta que el panorama electoral no esté resuelto y no haya un nuevo Gobierno en la Generalitat será difícil recabar el apoyo de los republicanos.