Los dos partidos independentistas en la Generalitat actúan ya como adversarios


Barcelona / Colpisa

JxCat y Esquerra viven en crisis continua. Pero nunca en los dos años de legislatura habían escenificado de una forma tan gráfica y rotunda una división. Ocurrió ayer poco después de que Quim Torra tomara la palabra en el Parlamento. Defendió su derecho a seguir como diputado y atacó al presidente de la Cámara, Roger Torrent, y a ERC. Los consejeros y diputados de JxCat se pusieron en pie y aplaudieron. Los de Esquerra y la bancada republicana permanecieron sentados.

La alianza ha sido de conveniencia, por la causa de la independencia y la defensa de los presos. Ayer se rompió la confianza y actuaron como adversarios. Si Torra no dio por finalizada la legislatura fue porque hoy acuden a la Cámara seis de los presos del desafío independentista a participar en una comisión sobre el 155. Torra amenazó a ERC con que si no recupera su escaño, se pondrá en riesgo la legislatura. Todos los grupos la dan por acabada, pero a ninguno de los dos que están en el Gobierno le viene bien el momento. JxCat parte con desventaja en los sondeos, sigue sin cerrar sus heridas sobre cómo integrar al PDECat y carece de candidato. Aunque ayer cargó con tal virulencia que solo puede explicarse con que los comicios están cerca. ERC, mientras, no es partidaria de elecciones ahora. Querría aprobar los Presupuestos catalanes y que la mesa de diálogo con el Gobierno central avance. Necesita vender que su apuesta por el diálogo da frutos.

«La división» en el Gobierno catalán es «insalvable», dijo el líder del PSC, Miquel Iceta. «Esta legislatura agoniza», apuntaron los comunes.

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