Josep Lluís Trapero: De adalid a apestado, tras desmarcarse del soberanismo

El exmayor de los Mossos niega ahora cualquier relación con Puigdemont, con el que compartió paella y canciones de Serrat en la casa de la independentista Pilar Rahola


Madrid / La Voz

Josep Lluís Trapero (Santa Coloma de Gramanet, 1965) se sienta desde este lunes en el banquillo de la Audiencia Nacional y se juega nada menos que 11 años de prisión. El que fuera máximo responsable de los Mossos, encumbrado por los independentistas por su actuación durante los atentados del verano del 2017 (en Barcelona y Cambrils) es ahora un apestado que reniega del Gobierno que le aupó a la jefatura de un cuerpo policial en el que ingresó en 1989.

El «bueno, pos molt bé, pues adiós», con el que respondió a un periodista extranjero que abandonó una rueda de prensa en aquel verano del 2017, porque se le contestaba en catalán a su pregunta, encandiló a un secesionismo que no le perdonó que el pasado marzo, cuando declaró como testigo en el Supremo en la causa del procés, se presentara ante el presidente del tribunal con su nombre en castellano.

De hecho, su estrategia de desmarcarse de los líderes políticos independentistas arrancó precisamente en el Supremo y ayer profundizó en ella. Con tranquilidad y modos exquisitos, renegó del entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, negando —a preguntas del fiscal— cualquier vínculo personal con él. «No tenía relación estrecha, ni buena, ni mala», espetó.

Paella con Puigdemont

Atrás quedan las instantáneas que, compartidas en las redes sociales, mostraban —en el verano del 2016— a un relajado Trapero cantando a Serrat, guitarra en mano, con un grupo de «amigos», Puigdemont entre ellos, tras compartir una paella en Cadaqués, en la casa de la independentista Pilar Rahola.

Ante el tribunal que le juzga, también negó las acusaciones de pasividad de los Mossos ante la escalada secesionista o que facilitaran el desarrollo del referendo ilegal. Y recordó, como ante el Supremo, que avisó a Puigdemont de que no siguiera con la convocatoria: «No nos hicieron caso». Sin embargo, negó que la ciudadanía fuera violenta el 1-O. «Era resistencia pasiva», sostuvo.

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