La comida con Villarejo que puso contra las cuerdas a Dolores Delgado

Pablo Iglesias reclamó, tras la polémica, que la por entonces ministra de Justicia se alejara de la vida política

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, en una de sus intervenciones en el Congreso
La ministra de Justicia, Dolores Delgado, en una de sus intervenciones en el Congreso

Redacción

Los comentarios de una comida en octubre del 2009 filtrados casi diez años después pusieron contra las cuerdas a Dolores Delgado que, si bien fue reprobada en el Congreso y Senado y cometió el error de negar haber tenido una cita con el excomisario Villarejo, no le ha pasado aparentemente factura y ha sido propuesta como fiscal general del Estado. Delgado compartió mesa con su amigo y exmagistrado Baltasar Garzón, con mandos policiales y Villarejo. El expolicía celebraba con ese almuerzo la concesión de una medalla y grabó todo lo que los asistentes dijeron en las más de tres horas que duró la comida.

Tanto la ministra como el resto hablaron coloquialmente de asuntos laborales como la detención de dos piratas somalíes que secuestraron el barco atunero Alakrana, bromearon de sexo y se refirieron a compañeros de profesión como el entonces juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, del que la propia Delgado dice «Marlaska es maricón».

Pero no fueron sus palabras en esa comida lo que produjo más quebraderos de cabeza a la exministra y al Gobierno, sino la gestión de la filtración de estos audios por los diarios digitales Moncloa.com y El Confidencial, que el 17 de septiembre del 2018 revelaban que la Audiencia Nacional había descubierto una anotación en la documentación incautada a Villarejo, arrestado en noviembre del 2017 y en prisión preventiva desde entonces. La anotación hallada detallaba un encuentro de Villarejo con Delgado -supuestamente se refiere a ella como Dos- para recabar su apoyo en beneficio del empresario naviero Ángel Pérez-Maura, inmerso en un proceso dependiente de este tribunal.

«Es radicalmente falso que haya tenido una cita con él», salió al paso inmediatamente Delgado para negar la información, mientras el Ministerio dejaba claro que la titular de Justicia no había intervenido cuando ejercía como fiscal de la Audiencia Nacional en trámite alguno del proceso de extradición relacionado con dicho empresario.

Delgado insistió ese mismo día en negar cualquier «tipo de relación personal, profesional, oficial o no oficial» con el excomisario antes de añadir que había coincidido con él «en compañía de otras personas en algún evento». Una semana después, con la publicación de los audios de esa comida, la entonces ministra, acosada por la polémica, daba una nueva versión. En los 25 años que había estado en la Audiencia Nacional había coincidido con Villarejo en tres ocasiones.

La exministra se defendió en el Congreso, donde compareció a petición propia, de lo que consideró como «ataques execrables». «Las grabaciones se cortan, se pegan, se ponen y se quitan», advirtió antes de prometer que llegaría «al fondo del asunto».

Precisamente, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que tomó posesión del cargo como vicepresidente segundo pidió que se alejara «de la vida política». «Alguien que se reúne de manera afable con un personaje de la basura de las cloacas de Interior en nuestro país debe alejarse de la vida política porque hace daño a la mayoría parlamentaria que protagonizó la moción de censura», afirmó entonces.

Y fue Podemos el que posibilitó con su abstención que el Congreso instara al Ejecutivo a que la ministra Delgado fuera cesada. Un año y tres meses después la ministra no renueva en su cargo pero da el paso insólito de convertirse en el primer fiscal del Estado que llega tras estar en el Gobierno.

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fran balado
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Dolores Delgado encadenó ayer su segunda jornada negra consecutiva dentro del particular calvario por el que atraviesa desde hace un mes, coincidiendo con la salida a la luz de las grabaciones que la relacionan con Villarejo y que gota a gota han minado su credibilidad.

La ministra de Justicia, que recientemente fue reprobada por el Senado, recibió este martes una clara invitación del Congreso para que presente su dimisión, pero abandonar el Ejecutivo no entra en sus planes. Ayer acudió a la Cámara Baja en doble sesión para defender su trabajo al frente de la cartera de Justicia y presentarse como una víctima de las extorsiones del excomisario Villarejo y de la utilización partidista que algunos grupos políticos están haciendo de sus grabaciones, en clara referencia al PP y a Ciudadanos, a los que se refirió en múltiples ocasiones como «la derecha, la extrema derecha y la extrema extrema derecha», relacionado a estos dos partidos con los ultras de Vox.

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