redacción / la voz

JOSÉ LUIS ÁBALOS. MINISTRO DE TRANSPORTE Y MOVILIDAD. Nacido en Torrent, Valencia, en 1959, su vida ha circulado siempre en paralelo a la política aunque sea maestro de profesión. Con solo 17 años se afilió a las Juventudes Comunistas y entró a militar en el PSOE en 1981, un año antes de la victoria electoral de Felipe González. Tiene cinco hijos y compaginará su presencia en el Gobierno con la secretaría de Organización del PSOE.

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Es José Luis Ábalos un hombre experimentado en las negociaciones largas y discretas, en reservados donde se junta la sobremesa de la comida con la cena, en el desatasco de las cañerías que hacen funcionar los partidos y las instituciones. Es también un político de discurso, con lenguaje propio, más que de hilos tuiteros sobre lugares comunes, y quizás por eso su catalogación como simple fontanero de la política no le hace justicia, aunque se haya fajado como asesor y jefe de gabinete. Tiene una idea de país, y el ministerio en el que continuará es un buen instrumento para dar forma a su visión de España, aunque el descenso a los asuntos más técnicos prefiere dejarlo en manos menos generalistas, quizás porque piensa que las grandes líneas políticas no deben desbaratarse por el detalle. Ahora, con un horizonte político menos condicionado por lo electoral, tendrá más tiempo para dedicarse a la nueva etapa que afronta el antiguo Ministerio de Fomento, el nombre histórico de este departamento recuperado por el primer Gobierno de Aznar y que databa de la primera mitad del siglo XIX. Ahora, al denominarse Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana, responderá a los nuevos retos del momento, que no pasan solo por seguir construyendo infraestructuras en un país que salvo excepciones está ya bien servido, sino en facilitar la movilidad desde las grandes distancias hasta la última milla. Su reto será cómo se moverá la gente y no tanto por dónde. El derecho a la movilidad como guía política, en definitiva.

La última aportación a Pedro Sánchez después de ayudarle en su milagrosa resurrección política tras el golpe en la Ejecutiva del PSOE del 2016 fue la negociación con ERC, en la que demostró una inmensa paciencia y capacidad de diálogo con un universo independentista caprichoso y acorralado por sus propias ambiciones. Pero también fue clave en el andamiaje de la moción de censura que desalojó a Rajoy de la Moncloa. Y ahora será el ministro socialista que liberalice, a finales de año, el transporte ferroviario de alta velocidad.

En la legislatura que tiene por delante, Ábalos tiene todos los boletos para ser el ministro que cortará la cinta del AVE gallego. Deberá gestionar y minimizar los retrasos e intentar que esté en marcha a principios del 2021, mientras gestiona la variante de Ourense, la adaptación de la línea a Lugo y afronta el plan director para la mejora de la red convencional, algo necesario tras la apuesta casi monográfica por la alta velocidad y que además fue pactado con el BNG en la investidura. La transferencia de la AP-9 y los descuentos serán una pieza clave para allanarle la precampaña al PSdeG y no es exagerado decir que las perspectivas de Gonzalo Caballero en su carrera a la Xunta dependen en buena medida del compromiso de Ábalos con Galicia. También las víctimas del Alvia esperan que impulse una investigación técnica independiente por el accidente de Angrois.

José Luis Ábalos llega a esta nueva etapa en el Ministerio de Transporte con 60 años recién cumplidos y con la capacidad que dan 17.500 millones de presupuesto anual para poder cambiar las cosas. Es de familia humilde y recientemente, en un acto en su Valencia natal, evocó con cierta emoción esa carrera política sacrificada que al final le ha servido para ser ministro. «Para mí, es el triunfo del pueblo. Que alguien sin más alcurnia ni más origen que yo pueda ser ministro del Gobierno de España es un hecho democrático que hace que yo diga que al final todo valió la pena».

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