Bildu y Rufián señalan el camino: cada votación será una trinchera

Mertxe Aizpurua (Bildu) besa a Pablo Iglesias
Mertxe Aizpurua (Bildu) besa a Pablo Iglesias

Pedro Sánchez tendrá que esperar hasta el martes a mediodía para ganar su primera votación de investidura. Será al sexto intento y con el clima más caldeado incluso que en la moción de censura que acabó con los días de Mariano Rajoy entre la Moncloa y el banco azul.

Lo que sigue sin saberse después de 17 horas de estériles debates repletos de reproches y carentes de altura de miras es cuánto va a durar la legislatura. Sánchez, y su vicepresidente Pablo Iglesias, se juegan mucho, pero si algo quedó claro en esta ronda de investidura es que el camino lo marcarán Bildu y Gabriel Rufián.

Aún sorprende la contundencia empleada por Sánchez -y su escudera Adriana Lastra- contra Pablo Casado y, más especialmente, Santiago Abascal e Inés Arrimadas frente a la complacencia con quienes abiertamente proclaman el fin de la unidad de España, de la Constitución, de la monarquía y de todo lo que se tercie.

«Ya lo hicimos una vez», le recordó Rufián a Sánchez en un tono claramente amenazante para exigirle la puesta en marcha de la mesa bilateral con la Generalitat que deberá acabar en un referendo so pena de hacer caer su Gobierno.

Más contundente fue incluso la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, una periodista que entre sus méritos para ser diputada incluye el de haber sido condenada a un año de cárcel por exaltación de los terroristas de ETA. «Es el último tren», advirtió desde la tribuna del Congreso tras atacar de forma furibunda al rey Felipe VI, al que calificó de heredero del franquismo.

Sánchez optó por el silencio. Guardó sus dardos para Vox, al que su partido trata de deslegitimar por todas las vías al tiempo que lo coloca en el centro de todas las polémicas y refuerza su papel de antagonista. «Fíjese si será grande la democracia española que caben incluso ustedes», le espetó el líder socialista a Abascal en su primer rifirrafe. A los reproches y ataques de Bildu prefirió responder con una anodina referencia a la sociedad de la información y un intento de agradar: «Intentaremos mejorar el Estado de las autonomías», le dijo a Aizpurua. La de Bildu le contestó con total displicencia: «Eso ya está superado».

A Adriana Lastra le tocó agradecer públicamente «el esfuerzo y la valentía» de Rufián, que bajó la cabeza en su escaño entre abochornado y sorprendido. Y pedir respeto para Bildu: «Los 350 diputados que estamos aquí hemos sido elegidos por los españoles y todos merecemos respeto», alzó la voz. Minutos después se corrigió a sí misma: Todos menos Vox, a los que llegó a calificar de neofranquistas. La legislatura va a ser más tensa si cabe. Cada votación será una trinchera.

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