Dos decisiones de Feijoo marcan la agenda del 2020 en Galicia

Resolverá su continuidad en la primera parte del año, y después despejará la fecha electoral

Feijoo, tras un Consello de la Xunta
Feijoo, tras un Consello de la Xunta

Santiago, Madrid / Redacción

«A las elecciones ya previstas en Galicia y País Vasco se sumarán las catalanas en marzo, y quizá otras generales». Así arrancaba una crónica de La Voz de principios de enero del 2016, que bien podría ser un relato anticipado de lo que viene en el 2020. El bucle en el que ha entrado la política obliga a revisar todo lo ocurrido entonces para adelantarse a la agenda, que cuenta con matices que pueden ser la chispa para que todo salte por los aires.

Hace cuatro años, a estas alturas, las voces más autorizadas del PPdeG trataban de interpretar los mensajes de su líder y sus conclusiones públicas eran que Feijoo se presentaría a otro mandato y que no adelantaría las elecciones. Igual que ahora. La inestabilidad en España, con el PP de Rajoy en funciones, era un lastre para la política autonómica de Galicia, en un segundo plano. Igual que ahora. La izquierda rupturista comenzaba a recoger los pedazos rotos del proyecto AGE para recomponer otra alternativa. Igual que ahora, pero con En Marea. El partido que irrumpía con fuerza en el centroderecha (Ciudadanos) no tenía candidato en Galicia ni cuadros consolidados. Igual que ahora. Y el PSdeG y el BNG trataban de resolver sus liderazgos tras años de convulsiones, la excepción que pone a prueba la regla. Y Vox, claro, que en el 2016 sumaba 1.008 votantes en la comunidad y ahora supera los cien mil.

Como en el 2016, la agenda gallega volverá a estar marcada por dos prerrogativas de Feijoo, una más personal —presentarse o no— y la otra unida al cargo de presidente, el único con potestad para elegir la fecha electoral dentro de los márgenes que concede la ley. Entonces anunció que seguía «por Galicia» un 2 de abril, y puso un círculo rojo al 25-S un 2 de agosto. Son dos referencias a tener en cuenta en un político previsible que no suele tocar lo que funciona. Y aquella estrategia funcionó.

Las pistas para desentrañar las incógnitas ya las lanzó Feijoo en diferentes formatos desde el verano. «Os galegos poden contar comigo», proclamó hace tres meses en el solemne debate parlamentario sobre el estado de la autonomía. La otra fue menos formal: «En Galicia as eleccións son cada catro anos, cando tocan», le susurró el de Os Peares a su hermano Luís Zahera en la parodia navideña pergeñada por el PPdeG para felicitar las fiestas.

En la oposición, a socialistas y nacionalistas les tocará manejar los tiempos y las temáticas de ataque y desgaste, mientras la izquierda rupturista tratará de adelantar lo más posible el inevitable ruido de su recomposición.

Torra amenaza con llamar a urnas para ganar el pulso electoral a ERC

Cataluña lleva siendo el escenario más impredecible de la política europea en los últimos cinco años, y nada invita a pensar que la entrada del 2020 vaya a mejorar la cosa, por lo que hacer cualquier pronóstico sobre la fecha de las elecciones supone toda una temeridad. Lo que parece claro es que dependerá en buena parte de lo que suceda a corto plazo entre el más que previsible pacto entre el PSOE y ERC para desbloquear la investidura de Sánchez.

El gran recelo de los republicanos es que el electorado independentista interprete este acuerdo como una cesión al Gobierno, y que Puigdemont, vía Torra, adelante las elecciones para organizar una campaña agresiva contra Junqueras y cía en clave botifler (traidor). Las últimas elecciones catalanas fueron las celebradas en diciembre del 2017 bajo el paraguas del 155, por lo que la legislatura podría llegar hasta finales del 2021, pero muy pocos se atreven a augurarle una esperanza de vida tan longeva. La reciente inhabilitación de Torra todavía espera al recurso que pueda presentar el titular de la Generalitat, aunque las cosas podrían precipitarse para el 3 de enero tras una denuncia del PP ante la JEC. El mando pasaría al vicepresidente, Pere Aragonés, pero al tratarse de un líder de ERC, corre el rumor de que antes de pasarle el testigo a un rival, llamaría a urnas. El exprimer ministro francés Manuel Valls afila las uñas para comerse el espacio constitucionalista que a buen seguro dejará libre Ciudadanos.

El PNV quiere agotar su mandato con el viento a favor de las encuestas

Las últimas elecciones en el País Vasco se celebraron el mismo día que las gallegas, el 15 de septiembre del 2016, por lo que si no hay adelanto, la próxima cita con las urnas será en septiembre del 2020, muy probablemente en coincidencia también con las del Parlamento gallego. Al menos eso es lo que defiende la única persona con capacidad para determinar la fecha. Al igual que Feijoo, el lendakari Íñigo Urkullu siempre presume de estabilidad y, por tanto, que no tendría ningún sentido forzar un adelanto electoral. Sin embargo, existe una considerable diferencia entre las dos Cámaras, y es que en Feijoo disfruta de mayoría absoluta, por lo que saca adelante las votaciones parlamentarias sin ningún problema, mientras que Urkullu gobierna gracias al apoyo de los socialistas vascos, y suda la gota gorda cada vez que quiere aprobar alguna ley. Esta debilidad parlamentaria es precisamente uno de los pocos factores de inestabilidad. El máximo dirigente del PNV, Andoni Ortúzar, amenaza con un adelanto en caso de que no cese una supuesta pinza parlamentaria efectuada por Bildu y el PP, aunque pocos le dan credibilidad.

Sean en primavera o en otoño, una de las grandes incógnitas de los próximos comicios será si el PP y Cs logran ponerse de acuerdo para reeditar la fórmula de Navarra Suma que tan buenos resultados les dio en la Comunidad Foral. Vox ya anunció que no se contara con ellos, pero es probable que Arrimadas acabe accediendo.

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