ERC frena las prisas de Sánchez por cerrar su investidura antes del 2020

Los independentistas corrigen a Ábalos y afirman que no renunciarán a la vía unilateral

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ERC corrige a Ábalos: «El acuerdo aún está lejos» Vilalta ha negado que ERC y PSOE estén ya redactando el documento final de las negociaciones y ha exigido a los dirigentes del PSOE que mantengan la «discreción».

Madrid / La Voz

Pedro Sánchez quiere cerrar el acuerdo de investidura con ERC y presentarse a la votación para recabar la confianza de la Cámara cuanto antes. Aunque sea metiéndola con calzador entre los turrones de Navidad y las uvas de Nochevieja. Y la Moncloa y Ferraz presionan para entrar en el nuevo año con la presidencia atada.

Tantas prisas responden fundamentalmente a un motivo: que su pacto con los independentistas, todavía sin firmar, está cogido con múltiples y muy finos alfileres, una inestabilidad que amenaza con hacerlo saltar por los aires con cualquier pequeña chispa: a raíz del clásico del fútbol español jugado el miércoles, con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre Junqueras prevista para este jueves, más indicios de cobro de sobresueldos en la cúpula de Podemos que puedan publicarse en los próximos días o el malestar de las bases de Esquerra durante el congreso que celebrará este fin de semana los secesionistas. Cada día es una agonía. Y así será hasta que se cierre la votación de investidura.

La cuestión que hizo que ayer tambaleara todo el acuerdo fueron unas palabras del ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos. El secretario de organización del PSOE dio a entender que el acuerdo estaba muy cerca una vez que los secesionistas habían enterrado la «vía unilateral» para lograr la independencia de Cataluña. Con sus palabras estaba poniendo a sus socios de Esquerra a los pies de los caballos del secesionismo, dando motivos a JxCat y a la CUP para acusarlos de haberse vendido a los encantos de la Moncloa. El enfado fue tal que la portavoz de ERC, Marta Vilalta, convocó una rueda de prensa para desmentir a Ábalos, dejando bien claro que no descartan ninguna vía para lograr la independencia, acusar al PSOE de estar «metiendo presión y chantajeando» para poder cerrar la investidura antes de final de año, y de paso recordar a Ferraz que no son ellos los que marcan los tiempos.

Lastra, reclamada de urgencia

En la Moncloa saltaron todas las alarmas y reclamaron a Adriana Lastra, que dejó plantado al diputado de Teruel Existe para acudir a la residencia presidencial. La portavoz parlamentaria socialista, que actúa de poli bueno con el independentismo y Podemos, tuvo la tarea de desempeñarse a fondo para rebajar las tensiones.

Sánchez va cumpliendo una a una todas las pruebas a las que le está sometiendo ERC: económicas, como garantizar un incremento de las inversiones en Cataluña por encima del 18 %; verbales, como haber abrazado el concepto de «conflicto político»; e incluso estomacales, como aceptar a Quim Torra como interlocutor. Pero la partida se juega con la mesa de diálogo entre Gobierno central y Gobierno autonómico, «de igual a igual», para buscar una solución a dicho «conflicto». En el PSOE creen que han encontrado una fórmula dentro de la Constitución, que agrada a Esquerra y que no provoque una salida en tromba de los barones críticos con estas negociaciones. Pero antes de plasmarlo en un documento, los servicios jurídicos trabajan a destajo para comprobar que, efectivamente, no se incumple la legalidad. Y todavía falta alcanzar los acuerdos con las fuerzas parlamentarias minoritarias.

Gabriel Rufián: De «enfant terrible» a hombre clave de la gobernabilidad

Gonzalo Bareño
El presidente en funciones, Pedro Sánchez, mira a Gabriel Rufián (ERC) en el Congreso
El presidente en funciones, Pedro Sánchez, mira a Gabriel Rufián (ERC) en el Congreso

El portavoz de ERC ha pasado de diputado excéntrico e incendiario a ser el más pragmático en su propio partido

El 4 de marzo del 2016 subió por primera vez a la tribuna del Congreso y dejó a todos estupefactos con una extravagante intervención cuyo estilo nada tenía que ver con lo que allí se había escuchado hasta entonces. Gabriel Rufián Romero (Santa Coloma de Gramanet, 8 de febrero de 1982), se presentó con traje negro y camisa ceñida del mismo color. Era la sesión de investidura de Pedro Sánchez. Y en cinco minutos, hiló, por decir algo, un desconcertante discurso ejecutado a cámara lenta en el que no dejó títere con cabeza. «Soy nieto e hijo de andaluces llegados desde hace 55 años a Cataluña desde Jaén y Granada. Soy lo que ustedes llaman charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria», dijo, sin especificar el destinatario de sus invectivas. A Ciudadanos lo describió como «el Hacendado del PP»; a Sánchez lo acusó de «creer que Albert Rivera es Winston Churchill y no Donald Trump» y definió a España como un Estado «medieval». Con esa mezcla de humor y acritud marcó su territorio. A partir de ahí, fue un crescendo que convirtió cada una de sus intervenciones en un show que incluía gadgets como esposas y fotocopiadoras o preguntas a Rajoy por su política sobre los condones. Conseguía su propósito de escandalizar con discursos incendiarios que incomodaban hasta a su compañero Joan Tardá. Pero nadie le tomaba en serio. Y menos esperaban que tres años después aquel político atípico tuviera en su mano la gobernabilidad de España, transformado en el representante más posibilista y dialogante de ERC, proclive al acuerdo con el PSOE.

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