Los comunes allanan la vía para que ERC facilite la investidura mientras Torra intenta boicotear el acuerdo

Junts exige a Sánchez que acepte de interlocutor a Puigdemont

El consejero de Economía y Hacienda de la Generalital, Pere Aragonès
El consejero de Economía y Hacienda de la Generalital, Pere Aragonès

Barcelona / Colpisa

El Gobierno catalán y los comunes compartieron ayer que las negociaciones para aprobar los Presupuestos de la Generalitat del 2020 avanzan y van por buen camino. Es una buena noticia para el Ejecutivo autonómico, paralizado desde su inicio, hace año y medio, y sobre todo podría serlo para Pedro Sánchez, que necesita la abstención de los trece diputados de Esquerra Republicana para sacar adelante su investidura.

El PSOE lleva el peso de la negociación con el resto de las fuerzas políticas para sellar acuerdos que permita a Sánchez desencallar su reelección, aunque Unidas Podemos y Catalunya en Comú también están moviendo sus peones, como futuros integrantes del Gobierno de coalición. Pablo Iglesias lanzó el jueves un guiño a los republicanos prometiendo que el diálogo con Cataluña y el «problema de la plurinacionalidad en España» serán prioritarios para el Gobierno central.

Esquerra dirige la Consejería de Economía de la Generalitat. Pere Aragonès, vicepresidente del Ejecutivo catalán, necesita a los comunes para aprobar los Presupuestos autonómicos. Los comunes, que se ofrecen como mediadores entre el Gobierno de Sánchez y los independentistas, acercaron ayer posturas con la Consejería de Economía. Catalunya en Comú, Unidas Podemos y el PSOE necesitan a los republicanos para la investidura del candidato socialista en un cruce de intereses que también implica al Ayuntamiento de Barcelona, donde gobierna Ada Colau con el PSC, y han llamado a la puerta de los republicanos para aprobar las cuentas municipales.

En el fondo, subyace una operación de calado, una especie de triple entente, en el Gobierno central, en el catalán y en el Ayuntamiento de Barcelona. ERC como socio externo del PSOE y Unidas Podemos en el Congreso y en el consistorio barcelonés, y los socialistas y los comunes en un hipotético Ejecutivo autonómico gobernado por Esquerra tras los comicios de Cataluña, que se presumen próximos.

JxCat lleva meses advirtiendo de esta posibilidad propuesta desde hace tiempo por Ada Colau. Los de Quim Torra temen que la operación les relegue a un papel secundario, sobre todo en la política catalana si llegaran a perder las elecciones ante Esquerra. En esta tesitura, los posconvergentes tratan de dinamitar la posible abstención de ERC en la investidura, un paso que sería la base de ese futuro acuerdo tripartito. La forma de evitar la ayuda de los republicanos es encareciendo las condiciones. Elevando la puja. Para que vuelva a calar en la opinión pública independentista que ERC apoya a Sánchez gratis, como en julio. 

Las exigencias de Junts

En consecuencia, ERC reclama gestos a Sánchez para poder vender a su militancia que ha obtenido una contrapartida en la negociación. Y los de Junts se presentan como más exigentes. Ayer añadieron más dificultades al exigir que Sánchez reconozca como «interlocutores» en la negociación a Carles Puigdemont, huido en Bruselas; a Quim Torra a quien el presidente en funciones no coge el teléfono, y a Oriol Junqueras, condenado a 13 años de cárcel. JxCat insiste en que sus ocho diputados en Madrid votarán «no».

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