Torra redobla el desafío en vísperas de su juicio: «No voy a defenderme de nada. Voy a acusar al Estado»

Exige al PSOE recuperar la figura del relator para brindar su apoyo a la investidura

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, se hidrata con un licor autóctono durante un  almuerzo amarillo  en Gerona.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, se hidrata con un licor autóctono durante un "almuerzo amarillo" en Gerona.

Barcelona / Colpisa

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, añadió este domingo aún más picante a las complicadas negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos con los independentistas catalanes para sacar adelante la investidura de Pedro Sánchez. Torra avisó a los socialistas (y a sus socios de ERC) que volver a Pedralbes, como reclama Esquerra como punto de partida de una negociación entre Madrid y Barcelona, implica también «recuperar la figura del relator», según expresó en el diario Ara.

El Gobierno central llegó a aceptar en la pasada legislatura la figura del relator como exigían los grupos independentistas para designar a una persona llamada a ayudar a organizar una mesa de partidos que abordara la cuestión catalana. La cuestión levantó más que ampollas en el PSOE y, al final, el Gobierno se echó para atrás y ERC acabó tumbando los presupuestos. Ahora, Torra, que intentó dinamitar la cumbre de Pedralbes de diciembre del año pasado, presentando un documento de 21 puntos por su cuenta, vuelve a la carga encareciendo la negociación de la investidura. Igual que la diputada de JxCat, Laura Borràs, que dijo días atrás que Pedralbes no era suficiente y que el texto que debería ser el punto de partido es la declaración de la Llotja de Mar, que aboga por la amnistía y la autodeterminación.

ERC, cuyos trece escaños son decisivos, ya ha avisado que esta vez no ofrecerá una abstención gratis, como en julio, pero tampoco quiere ir a una exigencia de máximos, consciente de las dificultades del momento. Sentarse a hablar y una mesa de diálogo es lo que reclaman los republicanos. JxCat, en cambio, lleva días tratando de dinamitar la abstención de sus socios de Gobierno con dos objetivos: hacer encallar la negociación, porque los posconvergentes están por el «cuanto peor, mejor», desde el convencimiento de que en un contexto convulso pueden mantener la hegemonía en el soberanismo, y para presionar a ERC y presentar a la formación republicana casi como una vendida.

La pugna entre las dos fuerzas independentistas lo impregna todo en la política catalana. Ambas formaciones han coincidido en la necesidad de reunirse para pactar una posición común de cara a la investidura, lo que complica las cosas para Pedro Sánchez .

Torra se mostró este domingo desafiante, horas antes de que este lunes, a partir de las nueve de la mañana, se siente en el banquillo de los acusados para ser juzgado por un delito de desobediencia en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por no haber retirado a tiempo la pancarta a favor de los presos con el lazo amarillo durante el período electoral de abril. «No voy a defenderme de nada, voy a acusar al Estado de haber vulnerado mis derechos y los de los catalanes», afirmó en Bescanò (Gerona). El dirigente nacionalista señaló que «justicia y española» son términos «incompatibles». El juicio del dirigente nacionalista se antoja como un momento clave de la legislatura catalana.

Mientras pedía a Sánchez que le llame y que se siente a negociar, desde la cadena Al-Jazeera, Torra se reafirmó en su compromiso de «culminar» el «proceso de independencia» y avisó de que la secesión llegará, que nadie podrá pararla y que los catalanes volverán a ejercer la autodeterminación. Una amenaza que dificulta las conversaciones entre los independentistas y los socialistas, pues aumenta la desconfianza y los recelos entre las partes.

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