Estrasburgo vigila con lupa la investidura

La negociación del PSOE con ERC hace difícil que Europa avale las condenas por sedición y entregue a Carles Puigdemont


La sedición, según la versión clásica, consiste en el levantamiento contra un Gobierno con el fin de derrocarlo. Según la Real Academia, es el «alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión». Y, según el Código Penal, son reos de sedición los que «se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales».

En un momento en el que la Justicia española está pendiente de que Bélgica y el Reino Unido entreguen a Carles Puigdemont y al resto de los independentistas fugados con el argumento de que cometieron un delito de sedición por el que han sido ya condenados sus compañeros del procés, a las autoridades de esos países les costará entender que haya base para condenar a trece años de cárcel por sedición a una persona como Oriol Junqueras, líder de ERC, cuando quien ha ganado las elecciones en España le está pidiendo, con reuniones al más alto nivel de por medio, que apoye su investidura para formar una mayoría estable de Gobierno. Que alguien en el que se sustentará la mayoría de gobernabilidad de España pueda estar condenado por sedición contra el Estado español es ciertamente algo difícil de entender en el Reino Unido, en Bélgica y en La Almunia de Doña Godina. Pero eso, y no otra cosa, es lo que pretende Sánchez. Y lo deja claro en su carta a la militancia cuando pide «ensanchar las bases» de su acuerdo con Unidas Podemos para tener «una mayoría sólida» que vaya más allá de la investidura y sirva para toda la legislatura. Si se tiene en cuenta que el máximo número de votos que PSOE y Unidas Podemos pueden alcanzar sumando a Más País, Nueva Canarias, Coalición Canaria, PRC, BNG y Teruel Existe es de 169, y no de 176, lo que pide a sus militantes es que se preparen para añadir a ERC a esa mayoría estable del Gobierno.

Uno de los mantras de Sánchez cuando llegó al poder fue el de que Rajoy era el culpable de que en Europa no se entendiera el juicio a los independentistas por no haber hecho pedagogía internacional para desmontar el falso relato de los secesionistas. Es posible que el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, diera muchas charlas a diplomáticos y corresponsales de prensa extranjeros. Pero, cuando es seguro que el juicio y las condenas del procés acabarán en el Tribunal de Estrasburgo, a los jueces que deben revisar la sentencia les costará entender que pueda ser reo de sedición alguien con el que el futuro candidato a la investidura negocia para formar parte de la gobernabilidad de España. Independientemente de que el acuerdo cuaje o no, la negociación que el PSOE y Unidas Podemos mantienen con ERC es un blanqueamiento de los líderes del procés condenados que supera cualquier campaña puesta en marcha por el independentismo. Y hace muy complicado que Sánchez cumpla su promesa de «traer a España» a Puigdemont.

Feijoo teme un Gobierno Frankenstein en Galicia 

En medio de la euforia del PP por haber crecido en 21 escaños y de la falta de iniciativa de Pablo Casado para plantear una alternativa que impida que Unidas Podemos entre en el Gobierno, Alberto Núñez Feijoo ejerce, casi en solitario, como conciencia crítica del partido. Ya le dijo a la cara a Casado que no cabe felicitarse cuando se pierden cinco millones de votos desde el 2011. Pero es que, además, el presidente de la Xunta se enfrenta dentro de diez meses, si no se adelantan para hacerlas conjuntamente con las vascas, a unas autonómicas. Si cuaja la fórmula del Gobierno Frankenstein en Madrid, se abre la puerta a otro en Galicia con PSdeG, En Común, BNG, En Marea, Anova y todo lo que se presente.

Una consulta a las bases con una pregunta insuficiente

Tanto el PSOE como Unidas Podemos reflejan en sus respectivos estatutos la obligatoriedad de que cualquier acuerdo con otras fuerzas políticas sea sometido al criterio de las bases. Sánchez e Iglesias, sin embargo, se han lanzado a dar por hecho que su preacuerdo será refrendado, hasta el punto de que Sánchez dice que prepara ya su discurso de investidura antes siquiera de haber sido propuesto por el rey. PSOE y Unidas Podemos cumplirán con el trámite, pero con seguridad ni uno ni otro incluirán en la pregunta a la militancia si se aprueba o no un acuerdo para la investidura con ERC, sin cuyo apoyo o abstención es imposible que salga adelante. Y eso es precisamente lo que piden muchos militantes.

Vox pretende someter al PP a un calvario en el Congreso 

Lo que está haciendo Vox en la Comunidad de Madrid es un preludio de lo que le espera al PP en la próxima legislatura en el Congreso. Los de Santiago Abascal no cesan de presentar mociones que tratan de comprometer a los populares y dejarlos en evidencia. Ya lo hicieron en la víspera de las elecciones en la Asamblea de Madrid forzando al PP a sumarse a la propuesta de ilegalizar a los partidos independentistas. Y lo mismo están haciendo ahora con respecto al aborto. Más que a atacar al Gobierno, a lo que se va a dedicar Vox en esta legislatura, si se consuma el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, es a presentar un día sí y otro también propuestas radicales para forzar al PP a retratarse.

Zapatero apadrina el pacto con Iglesias y receta a Sánchez diálogo en Cataluña

Luís Pousa

El expresidente admite que «deseaba que se produjera» la alianza entre el PSOE y Unidas Podemos

Quienes estuvieron en la sala de máquinas del acuerdo exprés suscrito el pasado martes entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ya habían sugerido que el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero era uno de los padrinos del pacto entre el PSOE y Unidas Podemos. Zapatero salió este domingo al ruedo para confirmar que «deseaba que se produjera» esa alianza y para dar sus bendiciones a la futura coalición de Gobierno.

Lo hizo en los micrófonos de la Ser, donde habló de «sorpresa» ante el anuncio y aclaró que no se había molestado cuando, en las anteriores negociaciones entre socialistas y rupturistas, Pablo Iglesias hizo público que había sido precisamente Zapatero quien le había aconsejado pedir las políticas activas de empleo para cerrar el pacto con Pedro Sánchez. «Es muy difícil que yo me enfade», se escudó. Pese a sus esfuerzos, entonces no prosperó el acuerdo y hubo que dar un largo rodeo por la repetición electoral para conseguir que Iglesias y Sánchez sellasen con un abrazo el armisticio final.

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