Fernando García de Cortázar: «La crisis económica es el motor del independentismo»

El autor de «Memoria de España» señala a la burguesía catalana como responsable del estallido violento

Doble conferencia. García de Cortázar disertará el martes y el miercoles, a partir de las 20 horas en el Centro Fonseca sobre el impacto de la cultura y el cristianismo humanista en la formación de la identidad de España y de Europa
Doble conferencia. García de Cortázar disertará el martes y el miercoles, a partir de las 20 horas en el Centro Fonseca sobre el impacto de la cultura y el cristianismo humanista en la formación de la identidad de España y de Europa

REDACCIÓN / LA VOZ

Fernando García de Cortázar tiene más de 60 libros publicados sobre la historia de España y un diagnóstico preciso del estallido catalán. «La sedición es fruto de la crisis económica. Ese es el verdadero motor del independentismo, junto con la ausencia de un ideal común de España», dice.

- ¿Qué análisis hace de la situación de Cataluña?

- Debo ser optimista, a diferencia de Jorge Manrique, y pensar que cualquier tiempo pasado fue peor. Debemos sacar algunas lecciones de esta intentona de los catalanes independentistas. La primera, que ahora hemos conseguido parar esta sedición, porque si se hubiera producido dentro de algunos años estoy seguro de que hubieran triunfado. La segunda, que creo que urge aumentar la presencia del Estado en Cataluña, retomar el control de la economía y evitar la repetición de mensajes manipulados en los medios públicos.

- La receta tiene algunas implicaciones complejas.

- Sí, pero en las manifestaciones hemos visto a muchos jóvenes que han sido educados en el odio a España durante años. Y luego está el factor económico.

- ¿A qué se refiere?

- Pues a que este estallido independentista está directamente relacionado con la crisis económica. Hay gente que se ha creído de verdad en Cataluña eso del «España nos roba» y el deterioro económico los ha empujado hacia la utopía de un mundo mejor que en nada se corresponde con la realidad. Estoy convencido de que, en el momento en el que la situación mejore y el Estado aumente su presencia en Cataluña, esta ola de indignación y disturbios mejorará de forma notable.

- ¿Y cómo cree que pasará a la historia está tormentosa semana?

- Ojalá que, por el bien de España y de Europa, todo se olvide pronto. Desde casi toda España hacemos apelaciones constantes al seny catalán, al sentido común. Y la respuesta que recibimos es el de la rauxa, la rabia con la que algunos quieren ver la relación dentro de España. Pero esto no es nuevo. España ha sufrido momentos mucho más delicados que este. Desde el conde de Olivares en el siglo XVII. La propia Cataluña se ha echado en manos del independentismo como huida hacia delante. Pero el sentimiento ya estaba ahí desde finales del siglo XIX, cuando se pierde el comercio con Cuba, principal fuente de riqueza de Cataluña.

- Muchos señalan a la hipocresía de la burguesía catalana como clave en el independentismo.

- Es que claro que son responsables. Yo solo espero que esa burguesía que ha contribuido a levantar el horror independentista durante los últimos años se dé cuenta de que no es el camino y entiendan que, a la larga, les perjudica el agarrarse a una utopía impropia del siglo XXI.

- ¿Qué siente al ver la manipulación de la historia para dar soporte a las teorías secesionistas?

- Mentiras siempre las ha habido. La historia es la partera de la nación, y cuando alguien quiere inventarse una patria, primero empieza por manipular la historia. Aquí hay muchos intelectuales que se han callado y no han alzado la voz. En el País Vasco hubo una reacción desde el mundo de la Universidad y surgieron movimientos como el Foro de Ermua o Basta Ya. ¿Dónde está esa respuesta de la sociedad catalana? Y una reflexión más. Esa corrección de la historia debe ser vigilada por el Estado y evitar que se contaminen los libros de texto.

- También sorprende el papel de la Iglesia.

- La Iglesia también debería de reflexionar profundamente sobre todo lo que ha ocurrido. En lugar de contribuir a serenar, ha agitado profundamente la sociedad. Y su influencia ha sido especialmente notable en los pequeños pueblos, como ocurre desde el carlismo. Más que en las grandes ciudades, donde Barcelona, por ejemplo, es el gran grano del nacionalismo.

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