El secesionismo saca a la calle a medio millón de personas contra el Supremo

Las Marchas por la Libertad colapsaron durante horas los accesos a Barcelona

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Más de medio millón de asistentes en la manifestación de esta tarde en Barcelona según la Guardia Urbana Ha sido el colofón a la jornada de huelga general en Cataluña en señal de protesta a la sentencia del procés.

Barcelona / Colpisa

El independentismo catalán quería convertir la jornada en un símbolo, en una suerte de nueva Diada contra la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés. Lo que consiguió, desde luego, fueron nuevas imágenes grandilocuentes. La de una Barcelona totalmente colapsada durante todo el día con 525.000 personas (según los cálculos de la Guardia Urbana; 750.000, según los organizadores) blandiendo esteladas y reclamando la «libertad de los presos políticos».

Unas imágenes que, sin embargo, no fueron comparables a las mayores movilizaciones secesionistas de los últimos años, y eso a pesar de que los colectivos independentistas habían puesto toda la carne en el asador, sabedores de que estos días la comunidad internacional tiene sus ojos puestos en Cataluña. Ese poco más de medio o tres cuartos de millón de personas se quedaron lejos de las cifras récord de movilización independentista, como cuando el secesionismo sacó a la calle a 1,8 millones en la Diada del 2014, siempre de acuerdo a los cálculos del Ayuntamiento de Ada Colau. La manifestación de este viernes ni siquiera llegó a la cifra de 600.000 asistentes de la Diada del pasado 11 de septiembre, aunque el cálculo de los organizadores la sobrepasó por poco.

La guinda a la huelga general convocada por el sindicato independentista Intersindical-CSC y la IAC fue una gran manifestación que, en realidad, no fue tal porque jamás llegó a avanzar. Fue una concentración enorme -de casi un kilómetro de longitud- en el centro de la ciudad, que comenzó mucho antes de que a las 17 horas empezase oficialmente la manifestación.

La manifestación más numerosa del secesionismo desde que se conoció el fallo del Supremo estuvo cebada, sobre todo, por las decenas de miles de personas que participaron, al menos en su tramo final, en las denominadas Marchas por la Libertad. La llegada de estas seis columnas colapsó por completo los accesos a la ciudad, que durante horas estuvo aislada por tierra.

El asunto laboral, en el olvido

Como era de esperar, desde el escenario no hubo reclamaciones laborales ni sindicales. Elisenda Paluzie, la líder de la ANC, fue exigente con los fuerzas políticas secesionistas. «Si el diálogo no llega, preparaos para sostener una declaración unilateral de independencia», arengó a las masas. También el vicepresidente de Òmnium tomó la palabra para leer una carta del presidente del colectivo, el encarcelado Jordi Cuixart. «El derecho a la protesta se gana protestando, y el derecho a voto se gana votando», clamó Marcel Mauri.

La huelga general pincha y obtiene un seguimiento moderado

La huelga general tuvo un seguimiento moderado en la actividad industrial y en el comercio, que cerró un 50 % de sus locales. El paro, convocado por los sindicatos independentistas y minoritarios Intersindical CSC y IAC, provocó la cancelación preventiva de 55 vuelos en el aeropuerto de El Prat.

Uno de los índices más fiables para medir el éxito de estas convocatorias, el consumo de electricidad, se redujo en Cataluña solo un 5,4 % de media respecto al previsto, según el operador del sistema eléctrico, Red Eléctrica de España.

Según la propia Generalitat, la huelga tuvo un seguimiento desigual, con una elevada afectación en el comercio (entre el 60 % y el 80 %), la enseñanza pública (42,5 %) y las universidades (90 %), y menor en la función pública (35 %) y la sanidad (20 % en pública y concertada).

Por su parte, la patronal Foment del Treball aseguró que la huelga casi «no se ha notado» en la mayoría de sectores empresariales en Cataluña, como las grandes superficies, el transporte y la hostelería y la restauración. En la industria, la gran patronal apuntó que la incidencia del paro fue «mínima», aunque muchas empresas optaron por cerrar ante el temor de que los trabajadores o las mercancías no llegaran a los centros.

El caso más paradigmático es el de la fábrica de Seat en Martorell (Barcelona), que interrumpió este viernes su producción, al igual que lo hizo la víspera, debido a las protestas independentistas, mientras que Nissan abrió con normalidad su planta de la Zona Franca de Barcelona.

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