Guardias y votos, peligrosa mezcla


Hay una inquietante pregunta en el ambiente: ¿a quién benefician electoralmente los sucesos de Cataluña? Digo que es inquietante porque, si se mezclan los intereses electorales y la tensión catalana, es seguro que no se conseguirá la unidad de los partidos que defienden al Estado. Si se priorizan los votos a las soluciones, se falsificarán las propuestas y los discursos y se adoptarán decisiones de postureo o populistas. Y ese riesgo existe en los partidos de ámbito nacional y en los partidos que propugnan la independencia.

Tengo esa sospecha después de escuchar a los líderes políticos que acudieron a La Moncloa y al propio presidente en funciones. No descarto que sus explicaciones se dirigían más a sus posibles electores que al conjunto de la población. Ni Casado ni Rivera podían respaldar plenamente a Sánchez después de haber predicado tanto la necesidad de aplicar el 155, aunque fuese de forma preventiva, o la Ley de Seguridad Nacional. Lo dicho por Casado -«el Gobierno no está a la altura»- se corresponde con un discurso electoral. La demanda de Rivera de cesar a Torra es más electoralista que posible. Y Pablo Iglesias, al propugnar el diálogo, sabe que eso no es viable en este momento, pero queda bien con su parroquia, empezando por su importante parroquia catalana.

¿Y qué decir de Pedro Sánchez? Sabe que su continuidad en La Moncloa depende de la gestión de esta crisis. Y sabe también que un error le costaría miles de votos. Quizá esté atenazado por esa amenaza. Le gustaría que viésemos en él al hombre de Estado que supo manejarse en medio del vendaval. Por eso hizo un discurso polivalente, lleno de bellas palabras como firmeza, moderación, unidad y defensa del derecho a la manifestación pacífica. Una vela al nacionalismo moderado y otra al españolismo. Pero sin dar un paso a las medidas excepcionales que dos de sus interlocutores le reclaman. La expresión de que está abierto a todo es una forma de salir del paso a la espera de que Quim Torra cometa alguna ilegalidad, además de los comportamientos impropios de un gobernante.

Y me faltan los partidos independentistas. Esquerra pidió el voto nada más conocerse la sentencia. Y el partido de Torra, cuyo nombre ya no sé cuál es, se pone a defender a los revoltosos y el propio Torra se mezcla con ellos en una marcha que supuso el corte de una carretera para ganar el liderazgo de la protesta ahora que está en caída libre en intención de voto. Entre ambos existe una contienda por la victoria el 10 de noviembre y en las elecciones autonómicas. Conclusión: la sentencia se produjo en el peor momento. Es difícil distinguir dónde comienzan las estrategias electorales. Y así se complica todavía más la solución.

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