La violencia sube de intensidad en Cataluña con una nueva noche de coches quemados, barricadas y ácido contra los Mossos

Al menos 33 personas fueron detenidas y 46 agentes resultaron heridos. Un joven resultó atropellado durante una maniobra de dispersión. En Barcelona, un padre huyó con su bebé en brazos de las llamas. Torra comparece de madrugada para echar balones fuera y culpa a «infiltrados» de la acciones violentas


Redacción

Por tercera noche consecutiva, el secesionismo violento impuso su ley en buena parte de Cataluña y, sobre todo, en Barcelona. Y lo hizo, como ya ocurrió el lunes y el martes, con una coordinación y preparación casi militar. Anoche, incluso, fue más allá. Los manifestantes quemaron más de media docena de vehículos en Barcelona para impedir el paso de las fuerzas de seguridad y llegaron a lanzar ácido y un número indeterminado de cócteles molotov a los policías. Al menos 33 personas fueron detenidas y 46 agentes de las fuerzas de seguridad resultaron heridos durante los disturbios de este miércoles en Cataluña, según el último balance ofrecido por Interior. El grueso de las detenciones se produjeron en Barcelona, 12, y Lérida, 11, mientras que cinco personas han sido detenidas en Tarragona, tres en Gerona, una en Manresa y otra en Vilanova i la Geltrú. 

Los servicios de asistencias médicas han asistido a 59 personas en la ciudad de Barcelona, en Manresa se ha asistido a 12 personas, en Gerona a cuatro y Lérida a tres. Muchos de ellos eran agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad. De hecho, Interior informa que ayer fueron heridos 35 Mossos y 11 miembros de la Policía Nacional, algunos con lesiones de gravedad. El balance total de agentes heridos se eleva a 194 que se iniciaron las jornadas de protesta este lunes.

Asimismo, un menor de 17 años fue atropellado en Tarragona por un furgón de Mossos durante una maniobra de dispersión. Tras ser hospitalizado con un traumatismo craneocenfálico evoluciona favorablemente.

Nueva noche de caos

En Barcelona, epicentro de los incidentes, el tercer día de protestas contra la sentencia del «procés» dejó un rastro de caos y destrozo en el Eixample, donde manifestantes que participaban en una concentración convocada por los denominados Comité de Defensa de la República (CDR) protagonizaron una nueva batalla campal contra la policía.

Todo se desencadenó, como informa Luís Pousa, a raíz de esta convocatoria de los CDR que reunió a unas 22.000 personas en la confluencia de la Gran Vía con la calle Marina de Barcelona. Una parte de los manifestantes se dirigió después a la consejería de Interior, donde los violentos se parapetaron detrás de barricadas formadas con contenedores y lanzaron petardos, piedras y botes con ácido a los agentes, que se defendieron con sucesivas cargas y pelotas de goma y foam. Como ya había ocurrido la noche anterior, los enfrentamientos entre grupos de extremistas y agentes se extendieron por las calles del centro urbano, donde los manifestantes prendieron fuego a decenas de barricadas.

Los Mossos pidieron, como recoge Efe, no acercarse a la zona de los disturbios y alertaron de que algunos de los manifestantes lanzaban «piedras y objetos con ácido», mientras camiones de los Bomberos intentaban apagar algunas de las múltiples hogueras encendidas en la zona.

Los manifestantes, muchos de ellos con capuchas y la cara tapada, incluso usaron un contenedor de obra y desmontaron un andamio o arrancaron señales de tráfico para usarlos en las barricadas y hogueras que han organizado en la calle y que han impregnado de olor a quemado todo el Eixample.

Las hogueras levantadas en esta zona causaron momentos de tensión entre algunos vecinos. Uno de ellos ha bajado a la calle con un bebé en brazos, preocupado por que las llamas no alcanzaran su edificio, mientras otros han bajado de los portales para aparcar sus vehículos en otros lugares, para evitar que las llamas de los contenedores los quemaran.

Según los Mossos d'Esquadra, los grupos violentos hicieron al menos cinco lanzamientos de piroctecnia contra el helicóptero que sobrevoló la zona de los disturbios.

También hubo preocupación por la proximidad de las llamas a una gasolinera de la zona, lo que ha llevado a un operario a usar una manguera de ese establecimiento para intentar que el fuego no se acercara al lugar.

Telemadrid ha denunciado que uno de sus cámaras ha resultado herido durante la manifestación, al recibir el golpe de una lata lanzada, al parecer, por algún manifestante.

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Mercedes Lodeiro
Efectivos de la Policía Nacional, intentan repeler a los manifestantes que, convocados por la plataforma Tsunami Democrátic, están cercando los accesos al aeropuerto de El Prat en Barcelona
Efectivos de la Policía Nacional, intentan repeler a los manifestantes que, convocados por la plataforma Tsunami Democrátic, están cercando los accesos al aeropuerto de El Prat en Barcelona

«La orden es aguantar y solo efectuamos cargas cuando estamos en peligro», afirma un agente

«Nos dio mucha pena la gente que quedó bloqueada en el aeropuerto con niños, algunos de ellos bebés», asegura un antidisturbios gallego desplazado a Cataluña hace una semana y asignado al operativo de protección del aeropuerto de El Prat el lunes, en la jornada en que los independentistas llamaron a asediar esta infraestructura barcelonesa.

Están acostumbrados a que la gente confíe en ellos. «Nos preguntaban por qué no hacíamos un hueco para que pudieran salir de El Prat, porque los manifestantes estaban atentando contra el derecho de libre circulación de las personas», comenta, y explica que ellos no podían actuar. «Solo lo hacemos cuando estamos en peligro. La orden es aguantar y solo efectuamos cargas cuando van contra nosotros». Y eso es lo que ocurrió el lunes, que tuvieron que cargar contra los radicales que los hostigaban. Este agente, bregado ya en muchas operaciones complicadas, como la vivida en la jornada del referendo ilegal del 1-0, en el 2017, asegura estar sorprendido de «lo muy organizados que están los violentos» en esta ocasión. «Tenían billetes de avión falsificados y se comunicaban con aplicaciones de mensajería cifrada para informar dónde los controles eran menos rígidos», argumenta. Y «hasta estaba un diputado de la CUP», afirma.

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