El rey no halla un candidato con apoyos y España se asoma a la repetición electoral

Las generales del 10 de noviembre serán las cuartas que se celebran en cuatro años

Pedro Sánchez, en la ronda de contractos con el rey de cara a la invesidura
Pedro Sánchez, en la ronda de contractos con el rey de cara a la invesidura

Madrid / La Voz

La amenaza de una repetición electoral es ya una realidad, y los españoles serán llamados a votar en unas generales por cuarta vez en tan solo cuatro años. Tras completar la ronda de consultas, Felipe VI constató que no existe «un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso le otorgue su confianza», según dice el comunicado emitido ayer por la Casa del Rey.

El margen para las piruetas y los fuegos artificiales se ha agotado, tal y como admitió Pedro Sánchez en su comparecencia de ayer a última hora en la Moncloa. «Que no se generen falsas expectativas entre la ciudadanía», pidió el presidente del Gobierno en funciones, dando a entender que solo resta aguardar hasta el próximo lunes 23 para que se disuelvan las Cortes y se proceda a la consecuente convocatoria electoral del 10N.

«Lo he intentado por todos los medios, pero nos lo han hecho imposible», lamentó el dirigente socialista, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad y cargando contra el PP y Cs, a los que acusó de «bloquear» mediante su abstención, pero especialmente contra Podemos, a cuyo líder, Pablo Iglesias, señaló como el gran responsable de torpedear por cuarta vez un Ejecutivo progresista.

 España antes que el PSOE

Sánchez justificó el fracaso de las negociaciones con Unidas Podemos, que le exigía conformar una coalición gubernamental a cambio del apoyo en la investidura, en que el bipartito no era lo que necesitaba el país. «Lo dije en julio: si me viera obligado a elegir entre un Gobierno dividido en dos y condenado al fracaso, y el interés de proteger a mi país, elegiría siempre a España».

Además de para anunciar la convocatoria electoral, el presidente del Gobierno en funciones empleó la rueda de prensa para lanzar la precampaña, llegando incluso a pedir directamente el voto para su partido en los próximos comicios: «Los españoles nos dijeron en abril y en mayo que quieren un Gobierno coherente y sólido, les pediremos que lo digan aún más claro el próximo 10 de noviembre», dijo.

Sánchez fue el único líder político que compareció ayer tras la oficialización por parte de la Casa del Rey y de la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que Felipe VI no propondría a ningún candidato para la investidura. Al resto les tocó hacerlo antes. Entre ellos, a Iglesias, que a pesar de volver a tender su mano para un acuerdo in extremis, lamentó que «la arrogancia y el desprecio a las reglas de una democracia se han impuesto a la sensatez». El líder de Unidas Podemos recordó a Sánchez que cuando un partido no dispone de la mayoría absoluta, «debe llegar a acuerdos», como sucede en muchas comunidades autónomas y en buena parte de países europeos. 

Última sesión de control

El jefe del Gobierno captó el mensaje, y horas más tarde pareció responderle cuando subrayó que Podemos marcha directo a pulverizar un récord como la única fuerza a la izquierda de los socialdemócratas en todo el continente que torpedea hasta en cuatro ocasiones la formación de un Gobierno progresista. Este miércoles a las 09.00 está previsto que arranque la última sesión de control al Gobierno de esta legislatura fallida. Promete ser un cruce de reproches y acusaciones entre todas las fuerzas buscando fijar posición de cara a las generales, que ahora ya sí, resultan inevitables a pesar de que nadie las quería.

Cruce de misivas: de la petición de reunión de Rivera a Sánchez al «estimado Albert»

f. b.

En la época del WhatsApp y Telegram, y cuando el tiempo para que muera la legislatura apremia, Ciudadanos y PSOE han decidido que la mejor forma para comunicarse es a la vieja usanza: a través de un carta. Se trata solo de una prueba, una más, pero irrefutable, de la teatralización que ha empapado por completo las negociaciones de cara al proceso de investidura.

El líder de Cs, Albert Rivera, envió una carta a Ferraz solicitando una reunión con su secretario general en la que plasmaba sus tres condiciones para abstenerse en una hipotética votación. Sánchez respondió por el mismo método. Una misiva mecanografiada difundida a bombo y platillo por el aparato de comunicación socialista en la que se apreciaba un tachón en el encabezado. El presidente del Gobierno en funciones cogió el bolígrafo para cambiar el «Señor Rivera» inicial por una fórmula mucho más cercana y cariñosa: «Estimado Albert».

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