El rechazo de Sánchez a sentarse con Iglesias imposibilita la investidura

El rey recibe este jueves a Batet en la Zarzuela para activar una nueva ronda de consultas


Madrid / La voz

España se encamina hacia una nueva repetición electoral. Cuesta abajo y sin frenos. La única posibilidad real de salvar la legislatura pasa por un acuerdo entre el PSOE y Podemos bajo el visto bueno de los independentistas catalanes. Pero lejos de acercar posiciones, la distancia que separa a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias es cada vez mayor, y el margen que resta para poder reconducir la complicada situación, cada vez más estrecho.

Y aún dicen que la gente se cabrea

Cuando Pedro Sánchez comenzó su discurso sobre el Consejo Europeo de junio, una tertuliana se sinceró en la radio: «No me interesa absolutamente nada». Creo que a Pedro Sánchez tampoco lo interesaba mucho lo que iba a decir, salvo en la parte preparada para que sonase a su propia promoción; es decir, a campaña electoral. Y creo que el resto de los ciudadanos, si le prestamos alguna atención, fue para ver cómo se las gastaba con Pablo Iglesias, después del silencio, la desconfianza y la ostentosa distancia de varios meses. Y así, el debate fue un buen retrato del clima político del país: se iba a hablar de Europa y todo desembocó en una gresca donde Sánchez fue acusado de chantaje y el peor insultado resultó Albert Rivera, que tuvo que escuchar cómo Sánchez le llamaba «hipócrita». Era la venganza fría por la última y fracasada investidura, cuando Rivera habló de «la banda de Sánchez». 

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Resulta difícil pensar que Sánchez e Iglesias puedan acabar estrechando sus manos cuando ni siquiera acceden a mantener una reunión en la misma sala. A la absoluta desconfianza que tienen el uno del otro y el otro del uno se une la falta de comunicación. Los líderes de las dos principales fuerzas progresistas apenas han intercambiado dos mensajes en el último mes y medio, y ambos de pura cortesía.

«¿Cuántas veces me ha llamado por teléfono desde la investidura fallida? ¡Cero!», reveló este miércoles un indignado Iglesias en el estreno del nuevo curso parlamentario, poniendo en evidencia la falta de interés del dirigente socialista. «Es el candidato el que tiene que descolgar el teléfono».

Con ánimo de desbloquear el asunto, el líder de Unidas Podemos aprovechó su intervención desde la tribuna de oradores del Congreso para «tender la mano» al jefe del Ejecutivo: «Sentémonos usted y yo, y pongámonos a trabajar». Sánchez puso cara de póker. Inmediatamente después, le dejó claro que ya no tenían nada de qué hablar, y que cualquier nueva propuesta se la hiciera llegar a través de los equipos negociadores. 

Lucha por los sillones

Además de la falta de confianza y de comunicación, existen multitud de desavenencias entre las dos formaciones que conforman una sólida barrera para el acuerdo, aunque según dejan caer unos y otros, todas ellas serían franqueables salvo una: que Sánchez quiere para sí todos los sillones del Consejo de Ministros e Iglesias insiste en un Gobierno de coalición. Y como parece que ninguno de los dos tiene pensado bajarse de la burra, tan solo falta que el próximo 23 de septiembre concluya la cuenta atrás y el rey disuelva las Cortes.

Felipe VI convocó para este jueves a las 9.00 en la Zarzuela a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, paso previo para iniciar la ronda de consultas con los líderes políticos, en la que constatará que nadie cuenta con los apoyos suficientes para salir investido, por lo que es probable que no nombre candidato y, por tanto, no vuelva a celebrarse un nuevo debate de investidura con su correspondiente votación.

Tal y como quedó constatado en la sesión de este miércoles, con un gran aroma a precampaña y responsabilizándose mutuamente del bloqueo, Sánchez e Iglesias asumen ya que la siguiente votación que habrá no será la semana que viene en el Congreso, sino el próximo 10 de noviembre en los colegios electorales. Ambos dicen rechazar la repetición de estos comicios, pero ninguno hace lo suficiente por evitarlos.

La Moncloa fracasa con su táctica de divide y vencerás atacando las «fisuras» de UP 

Divide y vencerás. Esta frase atribuida a Julio César era una de las estrategias en las que confiaban en la Moncloa para acabar forzando el apoyo de Unidas Podemos a la investidura de Sánchez. La idea era aprovecharse de las distintas sensibilidades, partidos, plataformas políticas y demás que conforman el grupo confederal para debilitar a la nave nodriza de Podemos.

Incluso dentro de la formación morada existe un importante número de voces críticas con la postura de Iglesias, como las que proceden de la secretaria general de la formación morada en Andalucía, Teresa Rodríguez, al entender que la prioridad debe ser evitar una repetición electoral. Sin embargo, todo parece indicar que Sánchez pinchará en hueso siguiendo el consejo del célebre emperador romano, y a pesar de que UP admite diferencias en sus familias en caso de que se celebre una votación de investidura, todos pulsarán el botón que decida Iglesias. 

Las «fisuras» en UP

Así lo constató el coordinador de Izquierda Unida, Alberto Garzón, garantizando que Ferraz no encontrará «fisuras» en este apartado, excepcionalmente «al borde de unas elecciones». La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, empleó la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del pasado viernes para destacar que uno de las aspectos más positivos que rescataron de la reunión de los equipos negociadores fue que estuvieran presentes todas las sensibilidades de UP, deslizando que Podemos había ocultado información a sus confluencias.

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