barcelona / colpisa

Cataluña celebra este miércoles la Diada del 11S, marcada por la división independentista. La manifestación que la ANC y Òmnium han convocado para esta tarde vuelve a medir la capacidad de movilización secesionista siete años después de la primera gran protesta del 2012 y a las puertas de conocerse la sentencia del Supremo contra los líderes del desafío independentista. En la víspera de la Diada, el presidente de la Generalitat llamó a la ciudadanía a movilizarse a favor de la «democracia y la libertad». En un clima de enfrentamiento entre los secesionistas, Torra apeló a la unidad para afrontar la fase final del «procés». Ya lo advirtió en Madrid la semana pasada: si hay sentencia condenatoria, pondrá rumbo directo hacia la independencia, una amenaza retórica y para la que no cuenta con el apoyo ni de sus socios ni de la mayoría de la población.

«Si todavía no somos libres, es porque aún no hemos terminado el camino», afirmó en un discurso emitido por TV3. Pidió determinación, tenacidad y persistencia a los catalanes en la «lucha» por la libertad y advirtió que si a Cataluña se le niega el derecho de autodeterminación, lo «volverá a ejercer», como en el 1-O. Hasta las últimas consecuencias, avisó. El presidente de la Generalitat y buena parte de su Gobierno participarán en la manifestación. La protesta de las entidades secesionistas se ha convertido ya en el termómetro que toma la temperatura al movimiento, que se encuentra, según admitieron Oriol Junqueras (ERC) y Anna Gabriel (CUP), «confuso» y «desconcertado».

No es para menos. El militante de base asiste atónito a los acontecimientos. Años atrás acudía a las Diadas porque se le decía que la independencia estaba al caer y que, con una gran movilización social, Cataluña podría romper sus cadenas. Después de una consulta, unas elecciones plebiscitarias, un referendo ilegal y una declaración de la república, Cataluña sigue siendo una comunidad autónoma.

Con el agravante para el sufrido simpatizante independentista -que se vestirá de azul y hasta llevará un casco amarillo, como en Hong Kong- de que aquellos que no le dijeron toda la verdad están inmersos en una guerra civil. Sin embargo, el hecho de que nueve dirigentes estén en prisión mantiene el pulso de la calle. La ANC contabilizó 400.000 inscritos y cerca de mil autobuses, con el objetivo de alcanzar el millón de participantes que supondría mantener el ritmo de las dos anteriores diadas. 

Ensayo general

Torra sitúa la protesta del 11S como el ensayo de la respuesta que el independentismo pretende dar a la sentencia del Supremo. Esa es una de las causas por las que JxCat y ERC no se entienden. Mientras Oriol Junqueras apostó por el adelanto electoral como réplica al Supremo, Carles Puigdemont, desde Bruselas, advirtió de que eso debilitaría las instituciones. A nivel nacional, ERC no quiere elecciones y JxCat prefiere que encalle la actual legislatura. Esquerra apuesta por ampliar la base, y Puigdemont, por mantener la vía unilateral. División institucional, por un lado, y en el secesionismo, por otro. La ANC y Òmnium organizan juntos la marcha de la tarde, pero por la mañana, cada uno ha organizado sus actos para marcar distancias.

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Torra plantea la Diada como un ensayo a la respuesta independentista al Supremo