La crisis de Podemos salpica a Galicia más allá de la ruptura de En Marea

El nombre y el control del grupo parlamentario genera tensiones con Anova y EU

Image de una de las protestas de los Mossos el pasado mayo por sus condiciones laborales y la escasez de personal
Image de una de las protestas de los Mossos el pasado mayo por sus condiciones laborales y la escasez de personal

santiago / la voz

Segunda intentona de Pablo Iglesias para entrar en el Gobierno, y de momento, otra vez fallida. El líder de la formación morada exhibe ante Pedro Sánchez sus 42 escaños y sus 3,7 millones de votos para forzar un acuerdo y disimula que en el camino entre las dos últimas elecciones generales perdió 25 escaños, 1,5 millones de votos y la mayor parte de los socios que teñían de morado, con más o menos intensidad, la totalidad del mapa español. Pero lo cierto es que Podemos se desgarra por todas las esquinas, y esa crisis interna afecta también a Galicia, no solo por lo que ya pasó -la ruptura con En Marea-, sino también por lo que queda por venir -las negociaciones con Anova y EU para conformar una nueva candidatura para las autonómicas-. De momento, no se ponen de acuerdo ni en el nombre.

La crisis se lleva fraguando en los últimos años y no tocó fondo con el divorcio de Íñigo Errejón, porque ahora se perfila otra ruptura traumática, la de los anticapitalistas andaluces con Teresa Rodríguez al frente. La líder andaluza lo justifica diciendo que «el pablismo está tocado». Y no le falta razón. En la larga campaña electoral del 28A, Pablo Iglesias no solo asistió a la fractura del partido con la creación de Más Madrid, sino que perdió socios en otras comunidades autónomas; en Cataluña, con la marcha del exsenador Óscar Guardingo, descontento con el «perfil independentista» de la formación morada; en Valencia, con la decisión de Compromís de ir en solitario a las generales; y en Galicia, con la ruptura de En Marea y los desencuentros con Villares.

Tras las elecciones, las cosas no mejoraron para el fundador de Podemos, que no logró imponer su criterio en la formación de gobiernos autonómicos, poniendo en riesgo incluso el pacto con los socialistas en La Rioja, donde la única diputada de su partido, Raquel Romero, se resistía a facilitar la investidura de la socialista Concha Andreu, de tal manera que hasta la semana pasada no fue posible firmar el acuerdo y constituir el Gobierno autonómico. Lo ocurrido en La Rioja visibilizó otra fractura con su socio principal, Izquierda Unida, que también viene de atrás, pues hubo comunidades en las que no se pudo repetir la coalición Unidas Podemos que Pablo Iglesias y Alberto Garzón habían reeditado para las generales. El acuerdo peligró, incluso, en Madrid.

Podría parecer que estos últimos acontecimientos no afectaban a Galicia, donde, rotas las alianzas con el sector villarista de En Marea, Podemos mantendría intactos los acuerdos con sus socios en la línea rupturista, es decir, con EU y Anova, además de las mareas municipales de las grandes ciudades. Y en el papel es así, pero entre bambalinas asoman ya las tensiones.

El primer escollo salió a la luz tras la ruptura con los de Villares a costa de la nueva marca del grupo parlamentario. Había que buscar otro nombre, que podría ser el mismo -o no- con el que se presentasen a las elecciones autonómicas. Podemos quiere mantener el de En Común, con el que la formación morada se presentó a las elecciones generales, pero los demás no están de acuerdo. El actual portavoz del grupo, el independiente Manuel Lago, admitía recientemente que En Común se asociaba a Podemos y que el nuevo proyecto debería aspirar a un abanico electoral mayor. Gómez-Reino reconoce que el debate está ahí y que hay que buscar «a mellor fórmula posible».

Luego vendrá la elección del candidato, que podría dar lugar a otro conflicto. Enfriadas las aspiraciones de Yolanda Díaz para ser ministra, la ferrolana ya se postuló como cabeza de cartel para las autonómicas, pero para ese puesto suena también el nombre de Gómez-Reino, referente del partido en Galicia, teniendo en cuenta que Díaz nunca renunció a su militancia en Esquerda Unida. Pero la pata nacionalista también tiene sus nombres, sea o no el de Martiño Noriega el que cuente en la actualidad con más predicamento en Anova y en las mareas.

Malestar en las bases

Las bases están expectantes. En EU genera malestar el protagonismo de Yolanda Díaz y su estrecha relación con Pablo Iglesias. Y en Podemos se vive una tensa calma chicha a la espera de acontecimientos, porque la corriente anticapitalista no vive sus mejores momentos tras el caso Quinteiro -la diputada era su rostro más visible- y los errejonistas enterraron el hacha de guerra con Pablo Iglesias tras la marcha de su antiguo líder.

Entre los que miran de reojo a ver qué pasa están Carolina Bescansa, Carmen Santos y Raimundo Viejo, antiguos dirigentes que fueron apartados de la primera línea por un secretario general cada vez más solo en su círculo morado.

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