Cinco de los siete diputados de Bildu harán hoy presidenta de Navarra a la socialista Chivite

María Chivite se dirige a su escaño tras acabar su intervención ante el Parlamento de Navarra
María Chivite se dirige a su escaño tras acabar su intervención ante el Parlamento de Navarra

Pamplona / Colpisa

María Chivite advirtió ayer en su discurso de investidura en el Parlamento contra quienes utilizan la pluralidad y la diversidad de Navarra como arma arrojadiza y ha puesto en valor el acuerdo de gobernabilidad alcanzado por el PSN, Geroa Bai, Podemos y Ezkerra como una demostración palpable de que es posible llegar a consensos entre diferentes si hay un objetivo común y la lealtad está por encima de las discrepancias.

En medio de una enorme expectación y con un lenguaje muy calculado, alejado de la crispación que ha presidido el debate público sobre la comunidad foral en las últimas semanas, lanzó este aviso como réplica a los partidos -en especial a Navarra Suma- que han cuestionado la idoneidad y también la eventual supervivencia de la alianza entre formaciones de izquierda y aberzales. «Hemos llegado a un pacto fuerzas de izquierdas y nacionalistas, algo que no es nuevo y que ha funcionado en otros lugares», subrayó. 

Elección a la segunda

Chivite, que hoy se convertirá en la nueva presidenta de Navarra gracias a la abstención de cinco de los siete parlamentarios de EH Bildu -anoche no lo consiguió porque era necesario lograr la mayoría absoluta-, ofreció una intervención en la que el programa primó sobre el escenario político autonómico y nacional, pero dejó algunas pinceladas sobre la necesidad de los pactos transversales en autonomías, como la foral, en las que hay representadas seis formaciones distintas -en realidad más, si se tiene en cuenta que tres de ellas son coaliciones-. Sin duda de forma premeditada, y obligada por la necesidad de no cerrarse puertas al asumir que va a liderar un Gobierno en minoría -el tripartito e IU tienen 23 escaños frente a los 20 de la entente entre UPN, PP y Ciudadanos-, la secretaria general del PSN ha evitado referirse a la izquierda aberzale, aunque su apoyo en diferido es indispensable para darle hoy la presidencia. Y lo ha hecho porque para sacar sus proyectos adelante no le va a quedar más remedio que mirar también a las bancadas de la derecha.

A pesar de su moderación, ha querido agradecer el aguante de sus socios ante el permanente «ruido» exterior. Aludía así a las críticas permanentes que han recibido ella y su partido y, por elevación, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, desde que anunció su intención de unir sus fuerzas a Geroa Bai, Podemos e IU. Críticas que han arreciado sobremanera esta semana, al confirmarse que EH Bildu favorecería la constitución de un Ejecutivo «progresista» liderado por Chivite. Incluso PP y Cs han empleado como argumento lo sucedido en Navarra para dar un sonoro portazo a las pretensiones del líder del PSOE de que reconsideren su posición inicial y desbloqueen la situación en Madrid tras el fracaso de las negociaciones con Podemos.

La candidata socialista subrayó que la comunidad que va a presidir «no es homogénea, ni debe serlo», ha huido de las imposiciones y se ha alejado de quienes piensan que «acordar es claudicar y negociar, mercadear».

Chivite evitó en todo momento transmitir la imagen de un Parlamento dividido y polarizado en dos bloques a priori irreconciliables, pero sus esfuerzos en el hemiciclo cayeron por su propio peso con las contundentes intervenciones en el atrio de los dirigentes nacionales de los partidos. También ha dedicó parte de su discurso a la necesidad de fomentar la memoria de lo sucedido los años en los que ETA se mantuvo activa y dejó claro que su Gobierno hará todo lo que esté en su mano para desterrar aquellas actitudes que puedan suponer una humillación y un menosprecio para las víctimas del terrorismo.

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