Feijoo tiene su propio relato y mira a Galicia

Se demarca de Casado y propone un pacto programático con el PSOE con vista a las autonómicas

Feijoo ha causado desconcierto al no descartar que el PP se abstuviese en septiembre
Feijoo ha causado desconcierto al no descartar que el PP se abstuviese en septiembre

Redaccción / La Voz

En agosto, lo habitual es que los periódicos, y en general los medios de información, se llenen de culebrones de verano y de cuentos o novelas por entregas. Pero en el mes que se abre, lo que va a llenar páginas y páginas es el relato político, ese término de moda. Hace no mucho, fue la palabra relator la que nos tuvo a todos ocupados en desentrañar un término polisémico que tanto servía para que los secesionistas lo consideraran un mediador entre el independentismo catalán y el Gobierno de España, como para que desde el PSOE se equipara esa figura a una mero escriba que toma nota de lo que se dice. Pero ahora, el término repetido hasta la náusea es el del relato. La realidad, al parecer es lo que menos importa. Y los partidos toman a los ciudadanos por indocumentados incapaces de formarse su propia opinión sobre lo que estamos viviendo y a los que no hace falta ofrecerles explicaciones o pedirles disculpas por el esperpento político al que asistimos. Creen que pueden ser manipulados simplemente imponiendo su relato. Es decir, su cuento sobre lo que ha sucedido y lo que puede suceder, que siempre es culpa del otro. Y aquí cada uno tiene su cuento y sus propios intereses.

El PSOE, lógicamente, se pasará el verano culpando a Pablo Iglesias del fracaso sin precedentes en la investidura de Pedro Sánchez, aunque el socialista solo fuera capaz de sumar el único voto del regionalismo cántabro. Pero Iglesias tiene a favor de su relato su inesperado gesto de renunciar a estar en el Gobierno. Algo que, justo es decirlo, pilló de sorpresa no solo a Sánchez, sino a todos los que asegurábamos que toda su estrategia se dirigía a buscarse una poltrona personal en el Ejecutivo.

Pero, más allá de esos culebrones políticos de verano, hay otros relatos más sutiles, que miran a más largo plazo que el mes de septiembre. En muchos sectores del PP, por ejemplo, ha causado desconcierto la naturalidad con la que Alberto Núñez Feijoo ha dicho que si el PSOE presenta una oferta sensata y con un compromiso de no asumir el discurso y el proyecto populista para gobernar, habría que estudiarla y tomarla en serio. Al margen de que ese discurso es el más coherente con la posición que mantuvo el PP cuando Rajoy ofrecía al PSOE un Gobierno de coalición o un pacto programático a cambio de su apoyo o su abstención, Feijoo piensa también en Galicia.

Más allá de que se concrete o no ese pacto PSOE-PP, que parece imposible, el discurso de Feijoo de facilitar un Gobierno socialista que impida que España quede en manos de populistas e independentistas le permitiría enarbolar ese mismo argumento tras las autonómicas gallegas en caso de perder la mayoría absoluta. El PSOE ya ha visto cuáles son las consecuencias de fiar su futuro al apoyo de Unidas Podemos y sus confluencias. Y, si Feijoo ganara sin mayoría absoluta en el 2020, su discurso actual sería congruente con pedir a Ciudadanos que le dé su apoyo en Galicia, si dieran los números, e incluso con plantear al PSdeG algún tipo de acuerdo para impedir que Galicia y Gonzalo Caballero queden en manos del populismo y el independentismo gallegos. Ese es y será su relato.

El error de Iglesias de sumar a IU se vuelve en su contra 

Uno de los mayores errores políticos de Pablo Iglesias fue promover la integración de Izquierda Unida en la gran plataforma que suponían Podemos y sus confluencias. En las generales del 2015 quedó claro que IU era una fuerza que agonizaba, con solo dos diputados y al borde de la desaparición. En las del 2016, se demostró que la inclusión de IU no aportó absolutamente nada a Podemos, sino que más bien propició su estancamiento. A pesar de ello, el comunista Alberto Garzón ha ido sumando cuotas de poder en Unidas Podemos sin evitar el catastrófico resultado de las generales del 2019. Y ahora, Garzón trata de asestar el golpe final al propio Iglesias que le rescató cuestionando su estrategia política.

El plan de Iván Redondo sigue siendo ir a elecciones 

La estrategia del gurú de Pedro Sánchez, Iván Redondo, de renunciar a un Gobierno de coalición y poner toda la presión sobre el PP, Ciudadanos y Unidas Podemos para que se abstengan y le permitan gobernar en solitario sin depender de los independentistas, solo se puede comprender desde el claro deseo de buscar una repetición de las elecciones. Los insultos y el desprecio mutuo de Sánchez y Rivera hacen imposible que Cs se abstenga. Y pedir al PP que se abstenga junto a Unidas Podemos para facilitar que luego el líder del PSOE aplique un programa de izquierda para el que los independentistas serían imprescindibles es un absurdo político. Al menos Redondo, lo que quiere son elecciones.

Los nuevos comicios son una moneda al aire imprevisible

Especular sobre lo que pasaría si se repitieran las elecciones es jugar a las quinielas. Pero, precisamente por ello, conviene no asumir el discurso más simplón. El de que habría un aumento espectacular del PSOE que tendría así más cerca formar Gobierno. De entrada, el crecimiento del PSOE sería a costa de Unidas Podemos y en una parte muy pequeña de Cs. Pero es que, además, Iglesias sale de esta mucho menos dañado de lo que parece y el discurso del miedo al coco de Vox se va desvaneciendo. En el lado contrario, sin embargo, el PP puede arrebatarle un porcentaje muy grande a Cs por el desgaste de un Rivera pasado de rosca e igual o mayor a Vox. Unos nuevos comicios son, por tanto, una moneda al aire.

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