La caótica negociación con Iglesias acaba en un varapalo histórico

Sánchez pasó de un Gobierno monocolor a ofrecer tres ministerios y una vicepresidencia, y pese a ello salió derrotado

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, junto al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, junto al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

Madrid / La Voz

Pedro Sánchez ha recibido un varapalo sin precedentes al fracasar por segunda vez en una investidura. Su desconcertante estrategia de retrasar al máximo la búsqueda activa de los apoyos políticos y la caótica negociación emprendida con Unidas Podemos, llena de rectificaciones y progresivas cesiones de Sánchez ante Iglesias, ha resultado un fracaso que aboca a un nuevo intento de investidura en septiembre o a elecciones en noviembre. 

Fecha de las elecciones

Redujo el tiempo de negociación. La decisión de convocar las generales el 28 de abril, un mes antes de las autonómicas y municipales del 26 de mayo, suponía ya reducir mucho el tiempo de negociación de un posible Gobierno, ya que la campaña impedía abordar ese proceso sin interferencias electoralistas. 

Gobierno monocolor

Propuesta de geometría variable Nada más recibir el encargo del rey de formar Gobierno, Sánchez aseguró que su propósito era formar un Ejecutivo monocolor, a pesar de contar con solo 123 escaños, con la intención de ejercer la geometría variable. Es decir, pactar alternativamente con diferentes grupos para sacar adelante las votaciones. 

Gobierno de cooperación

Inconcreción y nulo avance. El 11 de junio, Sánchez se reunió con Iglesias en el Congreso. De allí surgió la confusa e inconcreta expresión de «Gobierno de cooperación», que servía para que el PSOE dijera que significaba un Gobierno monocolor con apoyos externos de los de Iglesias, a la portuguesa, mientras Unidas Podemos lo identificaba con un Gobierno de coalición. El avance fue, por tanto, nulo. 

Cargos de segundo nivel

Sin espacio en el Gobierno Sánchez ofreció después que figuras propuestas por el partido de Iglesias pudieran ocupar cargos de segundo nivel en la Administración, pero sin entrar en el Gobierno. Unidas Podemos rechazó de plano esa oferta. 

Figuras independientes

Ministros no afiliados. Cuando las conversaciones parecían estancadas, Sánchez dio un giro y abandonó por primera vez el concepto del Gobierno de cooperación. El 4 de julio se abrió a que Unidas Podemos propusiera nombres de independientes de reconocido prestigio, pero no afiliados, para ocupar carteras en el Gobierno. La respuesta de Iglesias fue también negativa. 

Ministros técnicos

Veto a la dirección Una semana más tarde, Sánchez hizo una nueva cesión y ofreció ya directamente que figuras de Unidas Podemos y sus confluencias pudieran ser ministros. Pero la condición era que fueran profesionales de carácter técnico y en ningún caso con perfil político ni de la dirección del partido. Este fue uno de los momentos críticos, porque Iglesias tachó esa propuesta de «idiotez» y convocó una consulta interna en Podemos que solo dejaba opción a un Gobierno de coalición sin «vetos», que fue secundada por un 70 % de las bases. Sánchez calificó de «mascarada» esa consulta y dio por rota la negociación. 

Sánchez veta a Iglesias

El único «escollo». Pese a ello Sánchez reapareció en televisión el 18 de julio y aseguró que el único escollo que impedía el pacto era la exigencia de Iglesias de entrar en el Gobierno. «Yo necesito un vicepresidente que defienda la democracia», dijo, reprochando al líder de Podemos que hablara de «presos políticos». 

Iglesias renuncia

Sánchez acepta el Gobierno de coalición. En otro giro inesperado, y pese a lo que aprobaron las bases de Podemos, Iglesias renunció el 19 de julio, a solo tres días de que comenzara la sesión de investidura, a entrar en el Gobierno. Pero exigió que no hubiera ningún otro veto, lo que implicaba la entrada en el Ejecutivo de figuras como Irene Montero o Pablo Echenique. Una reacción que pareció desconcertar a Sánchez, obligado a aceptar, después de decir que Iglesias era el único escollo, una negociación contra reloj con el objetivo de alcanzar un acuerdo para formar un Gobierno de coalición con ministros de Unidas Podemos. 

Negociación exprés

Montero, vicepresidenta Carmen Calvo por el PSOE y Pablo Echenique por Unidas Podemos encabezaron la negociación exprés. Sánchez cedió de inmediato a la exigencia de que Irene Montero ocupara una vicepresidencia del Gobierno y el acuerdo parecía cercano, pero no había consenso en las carteras que ocuparía Unidas Podemos. 

Sesión de investidura

Sánchez apela al PP y Cs. En un sorprendente discurso de investidura, Sánchez dedicó más tiempo a pedir a PP y Cs que se abstuvieran que a pedir el apoyo de Unidas Podemos, PNV y otras fuerzas. Y planteó la posibilidad de que en vez de un Gobierno de coalición hubiera solo un pacto de investidura con Ejecutivo monocolor del PSOE. Unidas Podemos se abstuvo y Sánchez obtuvo solo 124 votos. 

Fracaso final

Cruce de ofertas. Con solo 48 horas para reconducir la situación, se inicia otra negociación, pero esta fue boicoteada por ambas partes con filtraciones. Podemos insiste en tener la cartera de Trabajo y competencias en Hacienda y no ministerios «florero». Tras una subasta cambiante de ministerios, la última oferta del PSOE fue dar a Podemos la vicepresidencia social y tres carteras: Vivienda, Sanidad e Igualdad. Sánchez dijo que no habría nada más. La última oferta de Podemos fue asumir la vicepresidencia social, Sanidad, Trabajo y Ciencia. El acuerdo fue insalvable. Y Sánchez volvió a perder con solo 124 votos. 

Los independentistas ERC y Bildu, los más interesados en la coalición 

La inviabilidad de la coalición con la que pretendía gobernar Sánchez y las enormes dificultades con las que se habría encontrado se reflejan en el hecho de que los independentistas catalanes de ERC y EH Bildu, el partido de Otegi, han sido los máximos defensores de que ese Ejecutivo se formara. El líder de Bildu llegó a decir que era el mejor Gobierno que podría tener España y el habitualmente histriónico portavoz de ERC, Gabriel Rufián, se transmutó en mediador que apelaba a la «responsabilidad» de Sánchez e Iglesias. La primera gran crisis a la que se habría enfrentado ese Gobierno habría sido la sentencia del juicio por el 1-O, con posiciones encontradas entre el PSOE y Unidas Podemos. La segunda, sacar unos Presupuestos estando en minoría. Pero la sesión también dejó una muestra más de la ruptura en el independentismo. JxCat, que votó no, reprochó a ERC su abstención.

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