La «banda del señor Sánchez» y un cargador para asaltar los cielos

Pablo Iglesias pidió a sus compañeros ayuda para recargar la batería de su móvil en el momento cumbre de la investidura


Madrid / Colpisa

El deambular de diputados por el patio del Congreso con cara de segundas elecciones presagiaba ayer por la mañana otra jornada estéril en la historia de España. «Están rotas, están rotas», era la frase más repetida por su señorías. Todas las señales apuntaban al domingo 10 de noviembre -fecha fijada para la celebración de nuevos comicios- pero nadie se atrevía a dar por fracasada la investidura.

«Nunca se había llegado tan lejos entre dos fuerzas políticas en este país. Nunca se había ofrecido una vicepresidencia, ¿Es humillante ser ministro de Ciencia?», se lamentaba el presidente en funciones, Pedro Sánchez, desde la tribuna. «Ustedes no han querido», le espetó a Pablo Iglesias.

La melancolía de los partidos de izquierda contrastaba con la euforia de Pablo Casado, el líder del Partido Popular. «Y cuando despertó Pedro Sánchez, el dinosaurio morado seguía allí», inició su discurso. El 29 de abril estaba desahuciado de Génova, pero ayer ya se visualizaba ganando las próximas elecciones: «Ya no queda nada del Gobierno Frankenstein, ni siquiera del Gobierno 'Jovencito Frankenstein'». Albert Rivera no estaba tan contento. Como un padre decepcionado regañó a Sánchez y a Iglesias: «La que nos han liado ustedes y su banda, ¡Sí, su banda! Ni siquiera se han puesto de acuerdo en cómo repartirse el botín». La algarabía volvió al hemiciclo cuando el líder de Ciudadanos explicó que «en Andalucía gobiernan dos partidos distintos», a lo que los diputados de PSOE y Unidas Podemos se unieron -como no lo habían hecho en la última semana- para responder a voz alzada: «¡Treeees!», en referencia a Cs, PP y Vox.

Con su registro de voz más grave, Pablo Iglesias reconoció algo que nadie antes había hecho: «Estas negociaciones no debieron ser tan cutres». Y puesto a contradecir la frase que acababa de pronunciar, a falta de 20 minutos para la votación, hizo la última propuesta 'in extremis' a Sánchez. «He hablado con un dirigente socialista, un histórico, me ha recomendado renunciar al Ministerio de Trabajo a cambio de competencias en políticas activas de empleo. Estamos a tiempo de salvar a un gobierno de coalición». La situación era tan voluble que tuvo que pedir a sus compañeros un cargador de móvil, por si el Gobierno de coalición entraba en forma de mensaje de 'WhatsApp'.

Continuó la ronda Gabriel Rufián: «Aquí un miembro de la banda del señor Sánchez. Aunque mejor una banda, que un comando como Abascal. Fíjese, el castellano está tan perseguido en Cataluña, como usted dice, que me está costando hablar, ¿Lo ve?». El diputado de ERC acabó regalando un libro de cuentos escrito en la cárcel por Oriol Junqueras -cuyo escaño volvió a estar vacío- a Sánchez e Iglesias. Aitor Esteban (PNV) también regalaba con consejos: «¿Asaltar el cielo? El cielo se conquista de nube en nube», reprochó a Podemos.

Una hora antes de la votación, desde su casa, la diputada Irene Montero votó esta vez en el mismo sentido que sus compañeros: «Abstención» (el martes había sido un 'no'). Una postura que manda a todos los diputados al examen de septiembre.

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