Sánchez pasa por alto Cataluña y dice a Iglesias «lo que nos une es mucho», pero Podemos no aplaude su discurso

El candidato no hizo ninguna referencia a la situación catalana, quiere que por ley se destine el 5 % del PIB a Educación y extender Madrid Central a otras ciudades. El debate arrancó con las negociaciones entre PSOE y Podemos paralizadas


Madrid | La Voz

La intervención de este lunes de Pedro Sánchez con la que arrancó el debate de investidura, en donde el presidente en funciones expuso las líneas maestras de su programa de Gobierno, fue el mejor reflejo de la mucha tela que todavía le queda por cortar para conseguir renovar su cargo. Nunca antes un candidato había contado con tan pocos apoyos en la exposición de su proyecto. Tan solo la bancada socialista celebró con aplausos la intervención de su líder, que explora a contrarreloj un acuerdo con Unidas Podemos que le permita salvar la crucial votación de este jueves; porque la del martes, en la que necesita la mayoría absoluta de la Cámara para salir investido, está casi descartada.

Esta es la única lectura posible ante la pasividad mostrada a lo largo de este mediodía por Pablo Iglesias y su bancada. El único momento en el que el secretario general de Podemos aplaudió tímidamente la intervención del jefe del Ejecutivo en funciones fue cuando este hizo llegar desde la tribuna de oradores un «abrazo» a los familiares de las dos últimas víctimas mortales de la violencia machista. Durante el resto del tiempo, Iglesias permaneció mirando la pantalla de su móvil o atusándose la perilla, una sobreactuada actitud de indiferencia con la que pretendió evidenciar lo distante que todavía está el acuerdo entre socialistas y morados, crucial para que el proceso de investidura termine cuajando, siempre y cuando los secesionistas de ERC acaben dando su visto bueno en forma de abstención.

Sánchez no encontró los aplausos de Podemos a pesar de que salpicó su discurso con varios guiños hacia esta formación, como la mejora de las condiciones laborales de «las kellys» de los hoteles o los «riders» (repartidores urbanos), o el compromiso para la derogación de la ley mordaza. Ni siquiera cuando le tendió directamente la mano a Iglesias para sumar fuerzas en la Cámara Baja. «Hasta ahora hemos hablado mucho de nuestras diferencias, pero nada que merezca la pena es fácil. Lo que nos une es mucho. Tenemos sobre nosotros la mirada esperanzada de millones de compatriotas. Sacar adelante todo aquello que nos une: la promesa de la izquierda. Una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza», apeló.

El discurso pronunciado por Sánchez estaba perfectamente hilvanado para ser de utilidad tanto si al final llega a un acuerdo con Podemos, como todo parece indicar, como si finalmente fracasa. El objetivo era aprovechar el escaparate sin cogerse los dedos.

Esta unión entre socialistas y morados con el beneplácito de independentistas parece la única vía con garantías de éxito. No obstante, Sánchez introdujo en su intervención varias llamadas al PP y a Ciudadanos para promover su abstención: «No les pido que apoyen este proyecto, les pido que retiren las barreras. Lo que les pido, lo que les exijo, es que España avance», reiteró el jefe del Ejecutivo. Sonó más bien a estrategia política que a un intento real para hacer recapacitar a Casado y a Rivera, contra los que profirió varios ataques frontales, afeándoles sus recientes alianzas municipales y autonómicas con la ultraderecha, rescatando la foto de Colón y acusándolos de pretender una España en «involución». Nadie mejor que Sánchez sabe que la abstención del PP y Cs está completamente descartada. 

Así, los equipos negociadores de PSOE y Podemos intentan avanzar a marchas forzadas sobre la composición del Gobierno de coalición que ambas direcciones han acordado una vez Iglesias renunció a su ambición de entrar en el Consejo de Ministros. Tras haber desperdiciado los casi tres meses que van desde que se celebraron las elecciones, pretenden cerrarlo en solo tres días, y con el ruido del debate de investidura de fondo. En caso de que no prospere y el jueves no logre la mayoría simple de la Cámara Baja (más síes que noes), desde este martes quedará activada una cuenta atrás de dos meses para la elección de un jefe de Gobierno antes de dos meses, fecha que recoge la Constitución para la disolución de Las Cortes y una nueva convocatoria electoral, que se celebraría el próximo 10 de noviembre. 

De cara a evitar en el futuro situaciones de bloqueo semejantes, Sánchez, el hombre que construyó su carrera política con el famoso «no es no» a Rajoy, reivindicó una reforma de la Ley electoral para adecuar el mecanismo de elección de presidente del Gobierno al de los Ayuntamientos y al del algunas Comunidades Autónomas, que garantizan la gobernabilidad. «Los ciudadanos no deben nunca más sufrir la amenaza de una repetición electoral», dijo. 

Fuera de la relación con otras fuerzas políticas, Sánchez estructuró su discurso en seis grandes ejes que pretende convertir en los principales metas de su Ejecutivo. El empleo digno y la sostenibilidad del sistema público de pensiones; abordar la revolución digital; la necesidad de actuar contra el cambio climático; la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres; poner fin a la desigualdad social y el fortalecimiento de Europa. No hizo ni una sola mención a Cataluña, aunque sí pareció referirse a este asunto de forma velada cuando se mostró partidario en eliminar y no levantar fronteras.

El presidente en funciones solo citó a Galicia dos veces durante su discurso. Lo hizo para condenar el penúltimo crimen machista -el último se registró ayer en Calpe- en la localidad lucense de Vilalba, y al referirse a la lengua gallega como una de las oficiales del Estado.

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Gonzalo Bareño

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En cualquier negociación, lo primero que hace cada parte es fijar el máximo de sus ambiciones. Sabiendo que cualquier consenso implica ceder, la estrategia es siempre empezar tirando la casa por la ventana. Gobierno monocolor con ministros exclusivamente socialistas, aunque solo tengas 123 escaños, en el caso del PSOE. Gobierno de coalición con representación proporcional y una vicepresidencia en el caso de Podemos. Así empezó el tira y afloja entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pero, además de esa estrategia elemental de empezar picando alto, en toda negociación cada parte establece de salida un punto irrenunciable en el que asegura que, por más que se avance en otros terrenos, no cederá. Ahí reside la clave del pacto y quien gana y quien pierde.

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