Iglesias gana el juego de «House of Cards»

La táctica errada de Iván Redondo lleva a un Gobierno débil, sin mayoría, en manos de ERC y con Podemos en la Moncloa


Madrid / La Voz

En cualquier negociación, lo primero que hace cada parte es fijar el máximo de sus ambiciones. Sabiendo que cualquier consenso implica ceder, la estrategia es siempre empezar tirando la casa por la ventana. Gobierno monocolor con ministros exclusivamente socialistas, aunque solo tengas 123 escaños, en el caso del PSOE. Gobierno de coalición con representación proporcional y una vicepresidencia en el caso de Podemos. Así empezó el tira y afloja entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pero, además de esa estrategia elemental de empezar picando alto, en toda negociación cada parte establece de salida un punto irrenunciable en el que asegura que, por más que se avance en otros terrenos, no cederá. Ahí reside la clave del pacto y quien gana y quien pierde.

En el pulso entre socialistas y morados, ese nudo gordiano fue la presencia de Iglesias en el Gobierno. Imposible para Sánchez e irrenunciable para el de Podemos. El análisis clásico indicaría por tanto que, en caso de que el pacto se consume mañana o el jueves, sería Iglesias el que ha perdido. Pero la realidad dista de ser así. En la entrevista que el propio Iglesias le hizo a Iván Redondo en 2016, antes de que este fuera fichado por Sánchez como spin doctor, y que ayer citaba en estas páginas Francisco Espiñeira, ambos rivalizan en pedantería y citas a clásicos no convencionales -Redondo llega a pedir perdón por citar a Maquiavelo- , pero también dejan claro su concepto de la política. Al hablar de series de televisión, el hoy asesor principal de Sánchez llega a decir que «House of Cards debería ser una asignatura en las facultades de Políticas». La serie retrata a un político despiadado y carente de toda moral que no se detiene ante nada ni nadie para lograr sus objetivos.

Iglesias y Redondo han estado librando ahora una partida con esas cartas. Pero todo indica que es el líder de Podemos el que ha burlado a su rival haciéndole creer que su punto irrenunciable era su presencia en el Gobierno. Sintiéndose más listo, Redondo, que apostó siempre por repetir las elecciones, en contra del criterio de muchos socialistas, centró ahí toda la negociación, convencido de que Iglesias no desistiría nunca. Sánchez y Redondo han ido cediendo en casi todo para construir el relato de que solo la ambición personal del líder de Podemos obligaba a los españoles a ir otra vez a las urnas. Pero cuando consiguió su objetivo principal, que Sánchez se plegara a un Gobierno de coalición puro, Iglesias destrozó esa estrategia dejando claro que su obsesión por ser vicepresidente era en realidad una táctica política.

El resultado es que si ahora no hubiera pacto, sería Sánchez quien aparecería como responsable de unas nuevas elecciones. Y si lo hay, España se encontrará con lo que no le conviene y Sánchez con lo que no quería. Un Gobierno débil, sin mayoría, con Podemos en la Moncloa, dependiente de ERC y con Iglesias libre para criticarlo desde fuera y derribarlo cuando le plazca, en lugar de con unas nuevas elecciones en las que Sánchez habría destrozado a Podemos. Parece que, al final, Iglesias había visto más capítulos de House of Cards de los que Redondo creía.

El PNV no es clave por primera vez en muchos años

Por primera vez en muchos años, el PNV no es estrictamente imprescindible para que el candidato a la presidencia del Gobierno pueda superar la sesión de investidura. El posible acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos ha devaluado de pronto la importancia de los nacionalistas vascos en el acuerdo y sus posibilidades de pasar una factura enormemente alta por su apoyo o su abstención. ERC ha garantizado ya prácticamente su abstención, lo que hace que los 167 votos que sumarían PSOE, Unidas Podemos, Compromís y PRC sean inalcanzables aunque todos los demás grupos votaran en contra. El PNV sacará sin duda su tajada, pero tendrá que rebajar notablemente su factura. 

Errejón es otra víctima del posible pacto de Gobierno 

El más que posible acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición tras la renuncia de Pablo Iglesias deja también fuera de juego a otro protagonista político que aspiraba a jugar un papel fundamental en caso de repetición de las elecciones. El ex número dos de Podemos, Íñigo Errejón, preparaba su salto a la política nacional con su propio partido y con la aspiración de superar a Podemos y convertirse en un socio imprescindible y más cómodo para Sánchez. Ahora, y más con el inminente acuerdo de PP, Cs y Vox para gobernar en Madrid, a Errejón le aguarda un papel casi irrelevante tanto en esta comunidad como en la política nacional.  

La sentencia del «procés» es la primera prueba para Sánchez

Si el Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos llega a consumarse, y todo indica que será así salvo catástrofe imprevista de última hora, ese Ejecutivo no tardará mucho tiempo en ponerse a prueba. La sentencia sobre el juicio del procés, que podría llegar antes de noviembre, será la prueba de fuego para saber si esta va a ser una legislatura larga o corta. En el Congreso hay siete diputados de los comunes de Ada Colau adscritos al grupo de Unidas Podemos. Si estos parlamentarios se suman a la probable campaña de descrédito de la Justicia española en caso de condena, Unidas Podemos y el propio Pablo Iglesias tendrán muy difícil mantener la unidad de su grupo parlamentario.

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