La consulta de Iglesias provoca el enfado de Pedro Sánchez

Los socialistas consideran que esta medida «cortocircuita» la negociación, aunque públicamente reconocen lo contrario


A nueve días de la primera votación de investidura, la partida de póker político entre el PSOE y Unidas Podemos continúa. El órdago de Pablo Iglesias de someter su voto en la investidura a una consulta a las bases del partido, no ha sentado nada bien al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que hace apenas unos días se mostraba dispuesto a incorporar al Ejecutivo a figuras de Podemos o de sus confluencias siempre que tuvieran un carácter exclusivamente técnico y no formasen parte de la dirección del partido, lo que excluía expresamente una vicepresidencia para Pablo Iglesias. 

Pero esta consulta ha enfadado a Sánchez al considerar que «cortocircuita» la negociación y que su oferta era lo suficientemente generosa para ser aceptada al permitir la entrada de ministros de Podemos en el Ejecutivo, con la única condición de que no fueran de la cúpula dirigente, según indican diversos medios este sábado. Una irritación que no se ha querido expresar públicamente al indicar Isabel Celaá, portavoz del Gobierno en funciones, todo lo contrario, que la decisión de Iglesias «no dimanita» las conversaciones entre ambos líderes, mientras que en los corrillos de Moncloa opinan que sí, hasta el punto de que indican que el Sánchez se tomará un tiempo de reflexión para saber cómo proceder con Podemos. No se descarta tampoco que se estudien nuevas vías sobre cómo afrontar la investidura -el debate será el próximo 22 de julio- y analizar el bloqueo político en el que se encuentra el país, así como a qué partidos acudir.  

Consulta ganada de antemano

El referendo interno que plantea Iglesias para reforzar su posición en la negociación durará hasta el próximo jueves 18, aunque los contactos se seguirán manteniendo durante este período. La pregunta que se formula es «¿Cómo deben votar las diputadas y diputados de Podemos?». Y, ante ella, se plantean dos posibles respuestas. La primera, y la que apoya la dirección del partido es: «Para hacer presidente a Pedro Sánchez, es necesario llegar a un acuerdo integral de Gobierno de coalición (programático y equipos), sin vetos, donde las fuerzas de la coalición tengan una representación razonablemente proporcional a sus votos». La otra, sin embargo, se formula en unos términos que implicarían someterse al PSOE. «Para hacer presidente a Pedro Sánchez (ya sea mediante el voto a favor o la abstención), basta con la propuesta del PSOE: un Gobierno diseñado únicamente por el PSOE, colaboración en niveles administrativos subordinados al Gobierno y acuerdo programático». Se trata de un claro intento de presión a Sánchez, ya que se da por hecho que ganará la opción defendida por el propio Iglesias, al que el Gobierno acusa de ser el principal obstáculo para el acuerdo por su empeño personal en ser designado vicepresidente del Ejecutivo.

En Unidas Podemos ha sentado muy mal la jugada de Sánchez, que deja claro que no se fía de Iglesias pero, ante el temor real de que se llegue a una repetición de las elecciones, se abre a incorporar figuras «de perfil técnico» de Podemos o sus confluencias. Algo que, aunque constituye un avance sobre su negativa anterior, deja fuera no solo a Iglesias, sino también a dirigentes como Irene Montero o Pablo Echenique. «Es una idiotez», fue la abrupta respuesta de Iglesias a la oferta. Según el líder de Podemos, «en democracia gobierna quien se presenta a las elecciones y quien tiene el apoyo de los ciudadanos», no los «tecnócratas». Por ello, insistió en que las negociaciones deben ser «integrales», abordando el programa y los nombres del Ejecutivo. «No creo que cometa la irresponsabilidad de llevar a España a elecciones para tener todos los sillones para él y por establecer una serie de vetos a su socio», dijo, devolviendo el argumento. 

El Gobierno señala a Iglesias

Pero los socialistas tratan de dejar en evidencia a Iglesias. La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, insistió en que contemplan «todos los escenarios», pero añadió que «los nombres importan muy poco, salvo el del presidente». Y cargó contra Iglesias confirmando que en el 2016 dijo: «O soy vicepresidente o voto en contra, y lo hizo». La portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá, no puso objeción a la consulta, pero incidió en que primero se debe negociar «el qué» y después «el quién», porque, según dijo, no es una cuestión de «egos personales», en referencia a Iglesias. Y aclaró que, cuando se dice que Sánchez contempla «todos los escenarios», se incluye la posibilidad de ministros de Podemos, pero también que PP y Cs acaben absteniéndose.

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