El pacto entre el PSC y JxCat en la Diputación de Barcelona hace peligrar al Govern


Barcelona / Colpisa

Esquerra volvió a desenterrar ayer por enésima vez el hacha de guerra para cargar contra sus socios de JxCat, después de que estos pactaran el viernes un acuerdo con el PSC que deja a ERC sin la presidencia de la Diputación de Barcelona, que recaerá en manos socialistas.

La relación entre los dos socios secesionistas en el Gobierno catalán es tan débil que a la mínima que cae un poco de brasa en el suelo se provoca un incendio. Esta última discrepancia podría pasar por una más en el devenir de la Generalitat, si no fuera porque llueve sobre mojado y porque esta vez los damnificados, Esquerra, han evitado, como en episodios anteriores, tratar de aislar los efectos de la crisis sobre el Ejecutivo autonómico. Habrá consecuencias sobre la Generalitat, apuntan fuentes de ERC. ¿Cuáles? Eso está por ver, pero no se descarta nada, ni siquiera la ruptura. «Que todo el mundo tome nota», advirtió ayer el presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, que considera que el pacto entre JxCat y el PSC rompe la confianza entre socios de gobierno en la Generalitat.

Venganza en plato frío

En realidad, el acuerdo entre socialistas e independentistas viene a ser una venganza servida en plato frío de los herederos de Convergència, que se la tenían guardada a ERC tras unirse al PSC y a la CUP para desbancar a JxCat de la alcaldía de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), su mayor referente a nivel local desde hace décadas. «Un error estratégico incomprensible», afirmó el republicano Carles Mundó, exconsejero de Justicia de la Generalitat.

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