Sánchez camina hacia una investidura fallida en julio por el desapego a Podemos

El día 2 fijará con Batet la fecha de la votación, que Iglesias augura que salvará en septiembre

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez

Madrid / La Voz

A fuego lento. Así es como quiere cocinar Pedro Sánchez a Podemos y a Ciudadanos. El presidente del Gobierno en funciones es consciente de que estas dos formaciones políticas son las que más tienen que perder en unas hipotéticas nuevas elecciones, ya que la tesis dominante en la Moncloa es que en una repetición electoral en otoño el bipartidismo saldría reforzado. Por ello, maneja sin ninguna prisa el calendario de su investidura. Que se pongan nerviosos sus posibles aliados, porque, si no acaban cediendo, acabarán por convertirse de nuevo en rivales.

El candidato socialista no fijará la fecha del pleno de investidura con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, hasta el próximo martes 2 de julio, al regreso de su viaje a Japón, en donde participará en la cumbre del G20.

En principio todo apuntaba a que dicho pleno se celebraría durante la segunda semana de julio, pero en los últimos días ha cobrado fuerza la opción de posponerlo siete días más debido a un nuevo compromiso de Sánchez en Bruselas. En cualquier caso, a estas alturas se antoja complicado que el candidato socialista logre reunir la confianza de la Cámara, al menos en un primer intento. Podemos sigue poniendo su entrada en el Consejo de Ministros como precio innegociable para darle su apoyo, y Ciudadanos continúa enrocado en el «no es no», dándole a Sánchez de su propia medicina.

Desde la formación morada trasladan mensajes contradictorios. Por un lado su secretario general, Pablo Iglesias, señaló que un Gobierno de coalición «está mucho más cerca de lo que podría parecer», aunque «haya que esperar dos meses y medio», puntualizó, vaticinando que Sánchez tropezará en su primera intentona, la de julio, y que el acuerdo final se dilatará hasta que el plazo para la disolución de las Cámaras estuviese a punto de expirar, lo que nos situaría en septiembre. Por su parte, la portavoz parlamentaria de Unidas Podemos, Irene Montero, aireó que Sánchez trasladó a Iglesias en su última reunión que su primera opción era buscar una alianza con Cs. «Nos apena que el candidato socialista busque el apoyo de la derecha; nos apena también que no solamente amenacen con una repetición electoral, sino que quieran ir a una investidura fallida», comentó, denunciado la presión a la que les trata de someter el socialista amenazando con las urnas.

Estas palabras de Montero fueron desmentidas instantes después por la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Adriana Lastra. «No entiendo las declaraciones, porque no es así, no es esa la realidad», lamentó.

Y si el acuerdo con Podemos parece lejano mucho más lo está con Cs. Con Rivera sin dar señales de vida desde que estalló la crisis dentro del partido, le tocó dar la cara al diputado Joan Mesquida, quien cargó con dureza contra Sánchez por permitir que el líder de Bildu, Arnaldo Otegi, participase anoche en un debate en la televisión pública. A su entender, una estrategia para «blanquear a Batasuna» y uno de los peajes que tiene que afrontar Sánchez para poder sacar adelante su investidura.

El PSOE amenaza con las urnas

Ferraz volvió a mandar este miércoles un aviso a navegantes: «O Gobierno socialista o bloqueo», expuso José Luis Ábalos. El secretario de organización del PSOE reiteró la oferta de Sánchez a Podemos: un acuerdo de «cooperación, programático, legislativo y de participación incluso en tareas y acciones de gobierno», dijo, pero volviendo a dejarlos fuera del Consejo de Ministros.

A estas alturas, el único apoyo de Sánchez es el del PRC. El líder de esta formación, Miguel Ángel Revilla, consideró que una repetición electoral en otoño sería «un desastre», aunque expuso que su partido podría incluso salir reforzado de unas nuevas elecciones.

En caso de que finalmente el PSOE y Podemos lleguen a un acuerdo para la investidura, los números seguirían sin cuadrar, por lo que Sánchez continuaría necesitando de las abstenciones de ERC o Bildu. Los secesionistas catalanes volvieron ayer a dejarse querer: «La postura de ERC es impedir que en el Reino de España gobiernen fuerzas que están por la involución, que son nacionalistas radicales españolas y que quieren volver a aplicar el 155 sin ningún motivo aparente»», dijo el consejero de Acción Exterior de la Generalitat, Alfred Bosch.

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