Iglesias amaga con votar no a Sánchez si este no acepta un Gobierno de coalición

Horas después de la reunión con el presidente de Gobierno, el líder de Podemos intenta reducir el distanciamiento con los socialista y señala que el gobierno de coalición está más cerca, aunque después de una primera investidura fallida

Sánchez e Iglesias concluyeron su reunión sin avances
Sánchez e Iglesias concluyeron su reunión sin avances

Madrid / Colpisa

Nada auguraba un acuerdo cuando se dio a conocer este martes que Pedro Sánchez había vuelto a llamar a Pablo Iglesias a la Moncloa para tratar de desencallar las conversaciones sobre la investidura antes de emprender viaje a Osaka (Japón), para participar en la reunión del G-20. Y no hubo sorpresas.

El presidente del Gobierno en funciones y el secretario general de Unidas Podemos mantuvieron una charla «cordial», según los socialistas, durante cerca de una hora, pero no fueron capaces de deshacer el nudo que impide que la formación de izquierdas otorgue su confianza al líder del PSOE. Iglesias quiere una coalición de Gobierno. Sánchez se niega en redondo. Ninguno de los dos se movió de sus posiciones, según la dirección socialista. Lo máximo que está dispuesto a conceder el partido gubernamental son puestos en la Administración de segundo nivel. Solo hay una novedad: los socialistas aceptarían crear una comisión de seguimiento a un eventual acuerdo de gobernabilidad.

El gesto es exiguo para un Iglesias que asegura estar dispuesto a votar no a la investidura -así se lo trasladó a Sánchez- e ir a elecciones. El secretario general de Unidas Podemos ya dejó claro el lunes que la oferta planteada hace ocho días, y que hizo pública la vicepresidenta, Carmen Calvo, en un intento de aumentar la presión, suponía una «falta de respeto».

Ya el miércoles, Iglesias quiso rebajar el distanciamiento existente entre Podemos y el PSOE para llegar a un acuerdo al afirmar que un Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos «está mucho más cerca de lo que podría parecer». En un encuentro con plataformas y asociaciones sociales en el Congreso, Iglesias abría así la posibilidad de que en el primer pleno de investidura de Sánchez, que se prevé para julio, no haya acuerdo entre ambas fuerzas, pero si más adelante . Es su primera declaración pública tras la reunión mantenida este martes en La Moncloa con el presidente en funciones, Pedro Sánchez, que tras una hora acabó en fracaso y con las posturas enrocadas.

 «Claridad y certidumbres»

Pero tras el encuentro del martes, el cuarto que han mantenido ambos dirigentes desde las elecciones del 28 de abril, Carmen Calvo no ocultó su malestar con Pablo Iglesias. Los de Podemos sostienen que el problema radica en que Sánchez no ha decidido aún «si quiere un acuerdo con la izquierda o con la derecha». «La ciudadanía merece claridad y certidumbres respecto al proyecto de Gobierno que se tiene para el país. No vamos a entrar en disputas sobre sillones grandes o sillones pequeños», dicen.

Lo cierto es que, hasta ahora, el PSOE no se ha sentado a hablar con ningún grupo de un acuerdo programático ni una agenda política. El lunes, el secretario de organización, José Luis Abalos, quitó hierro a ese dato y argumentó que ponerse de acuerdo con Unidas Podemos sobre medidas concretas será lo de menos porque ya tienen una base sobre la que trabajar, el acuerdo presupuestario que suscribieron en octubre del año pasado.

El hecho de que los distintos cargos del PSOE insistan a PP y Cs para que se abstengan en la investidura no hace sino acrecentar la desconfianza de Iglesias hacia Sánchez que, en todo caso, sigue transmitiendo que su intención es contar con Unidas Podemos como «socio preferente».

Los socialistas aducen -este martes lo volvió a hacer Carmen Calvo- que el problema es que los dos solos no tienen votos suficientes para asegurarse la gobernabilidad. «Esa es la realidad pura y dura», dijo. Presión por presión, Sánchez avisó además a Iglesias de que está dispuesto a ir a la investidura sin su apoyo, algo que ya adelantó hace días Ábalos.

Rivera sigue sin comparecer y Cs invita a irse a quienes faciliten la investidura 

El círculo de fieles a Albert Rivera salió este martes en tromba para defender la gestión de su líder y su inquebrantable ‘no es no’ a Pedro Sánchez. Tras un lunes negro en el que el portavoz económico, Toni Roldán, se marchó de Cs de un portazo y el eurodiputado Javier Nart dimitió de la ejecutiva, José Manuel Villegas e Inés Arrimadas dieron la cara para dejar claro que en ningún caso se permitirá la investidura del candidato socialista, ya sea mediante una abstención o un pacto de coalición.

Es más, uno y otro trataron de dejar claro que quienes apuestan por estas opciones -a la que además de Roldán y Nart se sumaron el lunes el gurú económico de la formación, Luis Garicano, y el barón leonés Francisco Igea- son una clara minoría dentro de Ciudadanos. «Ayer [por el lunes] se votó si teníamos que apoyar a Sánchez o no, y salió un 24 a 4», zanjó Villegas en Onda Cero.

Tanto el secretario general de Ciudadanos como su portavoz coincidieron en destacar que los que han cambiado de criterio son aquellos que en su momento respaldaron aplicar el cordón sanitario al PSOE y que, ahora, poco menos que se echan en sus brazos. A todos ellos les dijo Villegas que «son libres de dar un paso al lado». Es decir, que quien no comulgue con lo decidido por la dirección nacional, puede enfilar la misma puerta por la que salió Roldán.

Villegas y Arrimadas se esforzaron en restar importancia a la crisis desatada por Roldán, quien en su discurso de despedida llamó la atención sobre «cuántos países en Europa querrían una mayoría fuerte en el centro, sensata y europeísta». De hecho, la portavoz minimizó la batalla interna al grado de «discrepancias». «Ciudadanos ha vivido muchos momentos de controversia y complicados; este no me parece que sea de los peores», añadió el secretario general. 

Primera gran rebelión

Pese a los mensajes, lo cierto es que la cúpula de Ciudadanos se enfrenta a su primera gran rebelión interna, que incluye una contestación de pesos pesados a la gestión de un Albert Rivera que hasta este lunes era intocable. De forma paradójica, Rivera ha visto cómo dirigentes de su formación alzan la voz contra él por negarse en redondo a facilitar la gobernabilidad de España. Y él no responde, solo se expresa en Twitter.

Lo mismo le ocurrió a Sánchez en el 2016. Este martes, Igea volvió a airear sus diferencias con la dirección nacional. El barón castellano-leonés deseaba pactar un gobierno autonómico con el PSOE para poner fin a más de tres décadas de hegemonía del PP en su región. Madrid no se lo ha permitido.

Igea ya dio por hecho el viernes la decepción de muchos votantes de Cs por la posición impuesta desde la ejecutiva nacional. «Solo hay que salir a la calle y escuchar a la gente», resumió entonces. Pese a todo, afirmó que no dará ese «paso al lado» que ofrece Villegas. Su presencia en la dirección nacional junto a la de Garicano vaticina el nacimiento de una oposición interna en una formación que presumía de adoptar sus decisiones por unanimidad. Igea comenzó esta labor de oposición de inmediato. Abogó por abstenerse en la investidura de Sánchez y censuró que Cs se apoye en los votos de Vox para gobernar junto al PP en ayuntamientos o autonomías.

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