El constitucionalismo busca rumbo y un nuevo liderazgo en Cataluña

La irrupción de Valls, la desintegración de CiU y los inminentes comicios agitan el espacio no nacionalista

Inés Arrimadas, ahora en el Congreso de los Diputados, ha sido el último referente del constitucionalismo en Barcelona
Inés Arrimadas, ahora en el Congreso de los Diputados, ha sido el último referente del constitucionalismo en Barcelona

Barcelona / Colpisa

Entre el 8 de octubre y el 21 de diciembre del 2017, el constitucionalismo irrumpió con más fuerza que nunca en Cataluña. El 8 de octubre consiguió sacar a la calle a un millón de personas, una manifestación sin precedentes para los no nacionalistas, que hasta la fecha apenas reunían a varios miles en sus concentraciones. Dos meses después, Ciudadanos se convirtió en la primera fuerza no catalanista en ganar unas elecciones autonómicas en Cataluña. En paralelo, el proceso secesionista acabó de precipitarse al abismo. 

división

Valls entra en escena. Sin embargo, año y medio después, el constitucionalismo aparece dividido en Cataluña, sin un rumbo claro y sacudido por la irrupción de Manuel Valls, cuyo entorno ultima la puesta en marcha de un actor más en la dura competencia que se espera de aquí a las elecciones catalanas, previstas como respuesta inmediata a la sentencia del juicio por el 1-O. El espacio no nacionalista está «desorientado» y «necesita una estrategia», según han reconocido esta semana el líder del PP en esta comunidad, Alejandro Fernández.  

CIUDADANOS

El hundimiento. Ciudadanos está en caída libre, no ha conseguido ningún alcalde en las municipales catalanas; el PSC, que se ha recuperado como fuerza de referencia en el cinturón rojo de Barcelona, vuelve a practicar la geometría variable en los pactos locales (ha dejado al PP sin Badalona ni Castelldefels, uniéndose a los independentistas), y el PP está en una posición cada vez más residual (solo obtuvo un diputado por Barcelona en las generales). «Ciudadanos está en crisis, porque no ha sabido consolidar su posición de liderazgo en Cataluña», apunta Joan López Alegre, número dos del PP por Barcelona en las pasadas generales. «Es normal que haya implosionado: nacimos para suplantar al PSC, no para pactar con Vox o que ahora Sánchez gobierne con los nacionalistas», apunta Antonio Robles, el primer secretario general de la formación naranja (entre el 2006 y el 2007). A su juicio, Albert Rivera ha sacrificado Cataluña con su único objetivo de llegar a ser presidente del Gobierno. 

la victoria de arrimadas

Una oportunidad perdida. Robles dimitió como diputado autonómico tras el pacto de Ciudadanos para las europeas con Libertas. «De Libertas a Vox», resume. A su juicio, el mayor error que han cometido los naranjas en Cataluña, de «dimensión histórica», fue renunciar a que Inés Arrimadas se presentara como candidata a la Presidencia de la Generalitat en la sesión de investidura, después de haber ganado los comicios. «Perdimos la oportunidad de pronunciar un discurso de investidura y decirle a toda Europa que en Cataluña había ganado un partido no nacionalista, todo el mundo debía conocer lo que pasa aquí», remata. «Fue una gran oportunidad perdida», coincide López Alegre. «Porque lo que le falta al constitucionalismo -apunta el dirigente popular- es autoestima». 

Arrimadas, que año y medio después de tocar el cielo dio el salto a Madrid, renunció a postularse como candidata a la investidura. La aritmética en aquel momento era, en efecto, imposible, teniendo en cuenta que JxCat, Esquerra y la CUP sumaban la mayoría absoluta. Pero durante el año y medio que llevamos de legislatura catalana, el secesionismo ha perdido la mayoría absoluta en varias ocasiones: por la ruptura de la CUP con sus socios y por la suspensión de los diputados procesados.

Con el tiempo, Manuel Valls ha demostrado que en la política catalana podrían existir mayorías alternativas a la de los bloques tradicionales. 

alternativas

Irrumpe la Lliga Democràtica. Fuentes independentistas, de hecho, temen que la operación Valls de constituir una nueva formación esté dirigida de cara a las próximas elecciones catalanas. El ex primer ministro francés negó el pasado miércoles que vaya a crear y liderar un partido en Cataluña, como hizo con la plataforma que impulsó para las elecciones municipales. Otra cosa son los movimientos de su entorno. Él mismo se mostró dispuesto a «ayudar». Su número dos, Eva Parera, exdirigente de Unió, busca tejer complicidades con el mundo del nacionalismo moderado. El proyecto está avanzado y tiene hasta nombre: Lliga Democràtica. 

la desintegración de CiU

Unos 300.000 votos huérfanos. También participaría el expresidente de Sociedad Civil Catalana, Josep Ramón Bosch, entidad que está en un proceso tan convulso como el propio espacio constitucionalista. «La irrupción de un nuevo partido en el mapa catalán es consecuencia de la desintegración de la antigua CiU», apuntan fuentes de uno de los pequeños partidos surgidos de la desaparición de la coalición que gobernó Cataluña durante más de dos décadas. «Valls ha venido con unas ideas muy jacobinas de la República Francesa, pero poco a poco comienza a aprender que sin un sector catalanista light no puede hacer nada; aunque si se alía con esos sectores, los que le votaban por su cercanía a Ciudadanos, no le votarán», asegura Robles. Por ello, no le ve recorrido al proyecto apadrinado por el dirigente franco-catalán. López Alegre coincide. «No hay espacio para otro partido seudonacionalista», señala. Se habla, no obstante, de unos 300.000 votos huérfanos que podrían dar unos cinco o seis diputados en la Cámara catalana.

 Pinchazo secesionista en Madrid

Por otra parte, unas 50 personas se movilizaron ayer en la madrileña puerta del Sol para pedir la libertad de los políticos independentistas presos y el derecho a la autodeterminación con gritos como «Sí, sí, sí, derecho a decidir» o «Libertad, presos por votar».

La manifestación había sido convocada por la plataforma Madrileños por el Derecho a Decidir y entre las personas que han acudido a la concentración se encontraba la diputada de la CUP en el Parlamento catalán Natàlia Sànchez, que agradeció la «solidaridad» y el apoyo de Madrid por una causa que considera «compartida». «Ha finalizado el juicio a la democracia, un juicio en el que se están juzgando a personas concretas pero que en realidad nos están juzgando a todos», afirmó la parlamentaria Sànchez.

Inés Arrimadas recalca que Cs no se abstendrá «por los cien pactos de la infamia» del PSOE 

La portavoz nacional de Ciudadanos, Inés Arrimadas, rechazó ayer abstenerse para permitir la investidura de Pedro Sánchez después de acusar al PSOE de haber sellado «los cien pactos de la infamia con partidos independentistas y nacionalistas». «El señor Sánchez no puede exigir que nos abstengamos en una investidura porque él siempre que puede pacta con los nacionalistas», criticó antes de garantizar que Cs será «el dique de contención del sanchismo».

Arrimadas aseguró que los socialistas no pueden «pedir a las fuerzas constitucionalistas» que se abstengan, tras haber cerrado acuerdos de investidura «que van a perseguir la conciencia de Pedro Sánchez siempre» y a quien -dijo- no van a «blanquear» ni «lavar la cara».

 El modelo navarro

«Que no se engañe nadie. Lo que se vio en Navarra -donde el PSOE pactó con Geroa Bai y Bildu entró en la Mesa del Parlamento- era el preludio de lo que será el Gobierno a nivel nacional», aseveró Arrimadas, quien garantizó que Sánchez ya ha pactado «con separatistas y nacionalistas» su investidura.

Sobre las declaraciones del líder del PP, Pablo Casado, en las que sostuvo que prefiere la abstención de Cs a la repetición de los comicios, Arrimadas apuntó que quizás los populares estén en otra situación por el «batacazo electoral» que sufrieron el 28 de abril. 

«Ultraconservador y populista»

Arrimadas también rechazó etiquetar a Vox de «extrema derecha» y, en cambio, aseguró que se trata un «partido ultraconservador populista» al que afeó que «pidan sillas» en la Comunidad de Madrid.

Arrimadas ha afirmó que la formación naranja tiene «muchísimas discrepancias» con Vox, con el que no comparten que «las personas del colectivo LGTBI sean enfermos, ni tengan que ir a terapia, ni que sean ciudadanos de segunda» y recordó que su socio de gobierno no es la formación de Santiago Abascal, sino el Partido Popular.

«Nosotros estamos muy centrados en empezar a trabajar por la ciudadanía. En Andalucía ya lo hicimos y en Madrid, donde ya hay un gobierno municipal, mientras otros piden sillas nosotros estamos gobernando ya», aseveró. También resaltó que «las diferencias con Vox son enormes y se han visto».

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