Sánchez asume que el respaldo de los secesionistas es la única vía a la Moncloa

Descartado el apoyo de PP y Cs, el PSOE aumenta la presión sobre Pablo Iglesias para que facilite la investidura

Pedro Sánchez, tras el Consejo Europeo celebrado en Bruselas
Pedro Sánchez, tras el Consejo Europeo celebrado en Bruselas

Madrid / Colpisa

Pedro Sánchez dio una vuelta de tuerca a la presión sobre Pablo Iglesias para cerrar un acuerdo sobre la investidura. Tras las inapelables negativas de PP y Ciudadanos a facilitar con la abstención su reelección, el líder socialista asume que su futuro depende de Unidas Podemos y de la abstención de los independentistas catalanes y vascos. Si no encuentra esa colaboración «nos veríamos abocados a situaciones que nadie quiere». Una nueva alusión al espantajo electoral.

El presidente del Gobierno en funciones no se movió un milímetro de la oferta que trasladó al líder de Unidas Podemos el pasado lunes en la Moncloa para ocupar puestos en el segundo escalón gubernamental. «Tiene todo el derecho a estar representado en el ámbito de la administración pública», dijo ayer tras participar en una reunión del Consejo Europeo en Bruselas. Sánchez evitó hablar de Consejo de Ministros, que es lo que busca Iglesias, y ensalzó la propuesta «razonable, sensata y ambiciosa» que ha puesto sobre la mesa. Señaló que su oferta propone a Unidas Podemos que sea «el socio preferente» en el Parlamento, sellar «un acuerdo programático» y establecer «una cooperación institucional» con la presencia de representantes morados en el Ejecutivo, pero no en la primer línea.

Iglesias se adelantó a las palabras de Sánchez y unas horas antes escribió en su cuenta de Twitter que «si hay respeto por el aliado, cooperación y coherencia, se sacan adelante investiduras y gobierno». Esas muestras de cooperación se han producido en la Comunidad Valenciana, Baleares, Canarias y La Rioja, donde habrá gobiernos de coalición progresistas con presencia del PSOE y Unidas Podemos.

Un argumento que para los socialistas es falaz porque un gobierno de coalición para ser viable requiere de una mayoría parlamentaria absoluta, supuesto que se da en esas cuatro comunidades, pero no en España, donde la suma de ambos partidos se queda a once escaños del listón de los 176 en el Congreso.

El presidente calla y Celaá recalca que no quieren que el Gobierno dependa de los separatistas 

Tanto Sánchez como su portavoz, Isabel Celaá, se escabulleron ayer de las preguntas referidas a un eventual apoyo de los independentistas catalanes y de EH Bildu a la investidura. El presidente ni contestó y la ministra dijo no tener constancia de que haya contactos. Aunque con Esquerra, al menos, los hay y así lo desveló el jueves Gabriel Rufián. Fuentes gubernamentales señalaron que las únicas líneas rojas son Vox y EH Bildu.

Celaá insistió en que no quieren que «el Gobierno dependa de los votos independentistas», y para evitarlo «otros tendrán que asumir su parte alícuota de responsabilidad», un recado reiterativo para PP y Ciudadanos, pero que a tenor de sus respuestas anteriores caerá de nuevo en saco roto.

Pero la verdad es que las palabras de la portavoz sonaron huecas ante el panorama que tiene Sánchez por delante. Sin algún tipo de colaboración de Esquerra, Junts per Catalunya y EH Bildu la reelección del líder socialista puede ponerse cuesta arriba, sobre todo si el acuerdo con Unidas Podemos no cristaliza. Nadie, ni en la Moncloa ni en Ferraz, quiere hablar del asunto, confiados en que la abstención llegará sin que sea necesario negociarla. «Como en la moción de censura [contra Rajoy]», dicen esperanzadas estas fuentes gubernamentales.

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