«Ya no soy nadie», dice Carmena tras renunciar a su acta de concejala

Francisco Balado Fontenla
Fran Balado MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

Carmena, el pasado sábado en la sesión de constitución del Ayuntamiento de Madrid
Carmena, el pasado sábado en la sesión de constitución del Ayuntamiento de Madrid Ricardo Rubio | Europa Press

La exalcaldesa abandona la vida municipal tras no lograr el bastón de mando en Madrid, tal y como había anunciado en la campaña electoral

17 jun 2019 . Actualizado a las 20:34 h.

Puntual y madrugadora, como ha acostumbrado durante los cuatro años que comprendió su mandato al frente de la capital española, Manuela Carmena se presentó en el Registro de la Villa, antigua sede del Ayuntamiento, para formalizar la renuncia a su acta de concejala. «Yo ya no soy aquí nadie», comentó algo ruborizada ante el equipo de periodistas que hacían guardia desde las ocho esperando su entrada. «No voy a hacer declaraciones, queridos amigos. Yo aquí ya no soy nadie. Hoy aquí renuncio», comentó.

Tras resolver el papeleo en algo menos de media hora, la exalcaldesa de la capital atendió brevemente a la prensa. «No es despedida despedida. Nos vamos a seguir encontrando en muchas ocasiones en la vida», afirmó, tratando de vestir el adiós de hasta luego.

Un adiós anunciado

Carmena cedió este sábado el bastón de mando al popular José Luis Martínez-Almeida, que a pesar de contar con menos ediles que Más Madrid conquistó el palacio de Cibeles gracias a su pacto in extremis con Ciudadanos y Vox. Su renuncia a la primera línea política en caso de perder la alcaldía estaba anunciada. Los que la conocen eran plenamente conscientes de que a sus 75 años no tenía ni cuerda ni ganas para asumir cuatro años al frente de la oposición. Personas próximas a la exregidora deslizaban durante la campaña que incluso si repetía al frente del consistorio no hubiese aguantado todo el mandato. Los constantes achaques de salud que encadenó en la última etapa, en varias ocasiones derivados de accidentes domésticos que acabaron en visitas al hospital, la habían llevado a tomar la firme decisión de que, como máximo, llegaría al ecuador del mandato.