El independentismo vuelve a chocar con la barrera del 50% de papeletas

Los reclamos de Puigdemont y Junqueras resultaron insuficientes en las europeas


Madrid / La Voz

No eran pocos los que confiaban en que el globo del independentismo catalán estallase en las últimas elecciones autonómicas, celebradas en diciembre del 2017 y convocadas por Mariano Rajoy al albor del artículo 155 de la Constitución. Entre los defensores de esta tesis de que el movimiento secesionista se desmoronaría en las urnas se encontraban varios integrantes del último Ejecutivo del PP. Su razonamiento: no cabía otra posibilidad una vez que los catalanes pudieron comprobar cómo sus dirigentes se saltaban cualquier barrera legal, cómo decenas de empresas bajaban las persianas en busca de una tierra con mayores garantías jurídicas y, especialmente, tras haberse percatado que la declaración de independencia proclamada por el Parlamento autonómico no era más que un cohete disparado a cuatro manos entre Puigdemont y Junqueras con la inestimable ayuda de la CUP, encargada de prender la mecha.

Sin embargo esta teoría falló, y los secesionistas acudieron entonces a los colegios electorales para volver a entregar una nueva mayoría absoluta a las fuerzas separatistas, aún a pesar de reunir en las urnas menos votos que las formaciones constitucionalistas lideradas por Ciudadanos, ganadores de los comicios. La movilización de aquella jornada fue histórica, rozando el 82 % del censo. Las papeletas de Junts per Catalunya (948.233 votos), ERC (935.861) y la CUP (195.246) sumaron 2.079.340 apoyos al proceso de autodeterminación, un 47 % del total del electorado, constatando que los secesionistas eran la minoría, pero sobre todo que la Cataluña tenía una brecha que tardaría muchos años en cicatrizar.

Los catalanes no volvieron a ser llamados a las urnas hasta el pasado 28 de abril. En esta ocasión, para elegir a sus representantes en el Congreso y en el Senado tras el adelanto electoral decretado por Sánchez, una vez que comprobó que sería incapaz de sacar adelante su proyecto para los Presupuestos Generales del Estado. Y aún teniendo en cuenta que la comparación de procesos electorales distintos, como unas autonómicas y unas generales, nunca es lo más adecuado, sí pudo constatarse un considerable descenso del número de papeletas recabadas por las fuerzas separatistas: 1.512.993. La tensión en las calles catalanas había disminuido un par de puntos, una agitación que se trasladó o otras zonas del Estado debido al coqueteo del presidente del Gobierno con el titular de la Generalitat, Quim Torra, y que acabaría cristalizando en la movilización de Colón liderada por PP, Cs y Vox, foto que a la postre le acabaría costando un buen disgusto a Pablo Casado.

Los votos logrados por ERC, JxCat y el Front Republicà, una coalición para la que solicitó el voto la CUP, supusieron el 39,36 % del total, que se tradujeron en 15 escaños para los primeros -uno de ellos para Oriol Junqueras, que ha sido suspendido recientemente por la Mesa del Congreso debido a las causas que tiene pendientes con la justicia-, y siete para las siglas herederas de la histórica CiU -tres de los cuales también fueron inhabilitados por el mismo motivo-, y ningún escaño para los antisistema. Los secesionistas mejoraron respecto a las últimas generales, pero cedieron algo más de medio millón de sufragios conforme a diciembre del 2017, probablemente consecuencia de que les resulte más sencillo movilizar a su electorado frente a un Gobierno del PP con el 155 que ante un Ejecutivo socialista que demostró su deseo de negociar. 

El doble examen test del 26M

El último examen se celebró el pasado domingo, pero fue doble. Por un lado las municipales, donde el independentismo sufrió un revés al continuar perdiendo capacidad de convocatoria. Las tres principales siglas que abanderan el movimiento acumularon 1.478.582 votos repartidos entre las cuatro provincias (un 42 % del total). Sin embargo, en las europeas sí consiguieron que repuntara el número de votantes gracias a dos factores fundamentales: los cabezas de lista, con Junqueras en prisión y Puigdemont planteando los comicios como una consulta sobre la legitimidad de su fuga en Bruselas, y por otra parte el tradicional bajón que siempre sufren las fuerzas constitucionalistas a la hora de elegir a sus representantes en el Parlamento europeo. Aún así, los 1.720.550 votantes secesionistas no fueron suficientes para superar la barrera psicológica del 50%, quedándose a las puertas. La lectura de ahora es que el globo independentista es difícil pincharlo, y que quizá lo más efectivo es aguardar para comprobar cómo pierde aire poco a poco.

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