«Sus opiniones no nos importan», dice Marchena a dos testigos de las defensas de los procesados secesionistas

Citados por el abogado de Cuixart, los abroncó por introducir constantes valoraciones personales en sus respuestas

Marchena, primero por la izquierda, escucha el testimonio de la abogada Silvia Carmona, citada por la defensa
Marchena, primero por la izquierda, escucha el testimonio de la abogada Silvia Carmona, citada por la defensa

Efe / Madrid

El presidente del tribunal del juicio del desafío secesionista , Manuel Marchena, ha abroncado a dos testigos de la defensa de Jordi Cuixart por introducir valoraciones personales constantes en sus respuestas que «no importan ni interesan a la Sala», por tratar de debatir respecto al uso del catalán y por traer guiones para responder.

No es la primera vez que Marchena se muestra de esta forma con testigos de las defensas y conforme avanza el juicio y se acerca el fin de la prueba testifical, se le ve más incisivo y cortante, tal y como sucedió en la jornada del lunes, en la que intervino de manera reiterada exigiendo a las partes que formularan otra pregunta.

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Pero este martes la situación ha ido más allá, especialmente con la filosofa y profesora Marina Garcés, que ha protagonizado el interrogatorio más accidentado en 44 jornadas del juicio. No ha arrancado con buen pie su comparecencia cuando Marchena le ha preguntado -como hace con todos y cada uno de los testigos como establece la Ley- si tiene alguna relación con los acusados.

«Con Jordi Cuixart tenemos un café pendiente pero está siendo un poco difícil», responde la testigo a lo que el magistrado le recuerda que le ha preguntado «qué relación, no cuanto tiempo lleva sin tomarse un café».

Poco después, el letrado Benet Salellas -a quien Marchena ha reprendido duramente en varias ocasiones- pide a la testigo que explique lo que hizo el 1-O, a lo que ella comienza su respuesta señalando que «la noche anterior la pase con unas décimas....».

Marchena vuelve a cortar para dejar claro que «la fiebre no tiene ninguna transcendencia jurídica». «Y no me replique», precisa. Pero enseguida vuelve a actuar cuando la filósofa responde sobre si conoce la prohibición del Tribunal Constitucional del 1-O.

«Una prohibición incomprensible, triste que yo creo...» y sin terminar, Marchena le corta. No acaba aquí. El letrado trata de preguntar por hechos concretos y por lo que la testigo vio el día del referendo, pero en plena contestación ella añade «yo el 1-O aluciné, aluciné...».

El magistrado actúa: «Usted no viene aquí para expresar su grado de alucinación o su estado febril, viene a explicar exclusivamente lo que pasó, y lo que le ha preguntado el letrado es muy claro, a partir de ahí todas sus valoraciones personales no tienen ningún interés, aunque le encantaría explayarse pero esas matizaciones que no son hechos, no interesan al tribunal».

Salellas se queja porque entiende que «las percepciones sensoriales» son de interés pero Marchena no le deja terminar. Es entonces cuando el magistrado se percata de que la testigo tiene unos folios encima de la mesa y le dice que «la ley prohíbe que sus respuestas estén basadas en un guion» ya que, pese a que ella asegura que sí, «no ha pedido ningún permiso», por lo que le pide que «deje ese guion», mientras otros magistrados hacen aspavientos con las manos para que cumpla con lo ordenado.

Acto seguido, el letrado protesta de forma más airada y menos respetuosa que de costumbre para denunciar, sin mirar al tribunal y resignado la «indefensión y la vulneración de derechos fundamentales que se está produciendo».

Es el enésimo choque entre ambos que termina cuando Salellas renuncia a formular más preguntas. «Correcto, mucho mejor», responde el presidente del tribunal. Pero la mañana sigue con polémica.

Llega el abogado Lluís Matamala, que toma la palabra para pedir si puede hablar y contestar en catalán. «A ver, le supongo conocedor del articulo 231 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, me remito a sus conocimientos jurídicos sobre ese articulo. Usted no puede propugnar una visión alternativa, usted es un tercero y va a contestar en castellano», explica Marchena.

Y le advierte: «Si no quiere contestar en castellano, usted se levanta, asume las consecuencias legales de su protesta y hemos terminado». El testigo intenta debatir con el presidente del tribunal, pero no tiene éxito.

«No, no, no... faltaría más que usted y yo... mire por favor si usted introduce cualquier elemento de debate o controversia sobre la decisión de esta sala inmediatamente va a ser expulsado y asuma las consecuencias disciplinarias y legales y si tiene algunas notas póngalas por favor en la mesa de al lado», agrega, mientras los abogado de Cuixart ponen mala cara y el magistrado Andrés Martínez Arrieta, sentado a su lado, intenta calmar a Marchena.

Matamala asienta con la cabeza y empieza su testifical.

Marchena planta sus puñetas sobre la mesa

Luís Pousa
Marchena, en el centro, presidiendo una de las sesiones del juicio del 1-O
Marchena, en el centro, presidiendo una de las sesiones del juicio del 1-O

Su exquisito trato a los acusados y su actitud inflexible con testigos, defensas y acusaciones han despejado las dudas iniciales sobre su imparcialidad en el juicio del 1 de octubre

Me lo contó, en una noche de confidencias en Pontevedra, el exdirector de un gran diario nacional: «El problema de las redacciones es que ya no se puede mandar. Tú estás en una reunión dando órdenes y hay un tío con el móvil debajo de la mesa tuiteándolo todo». Más allá de los templos religiosos, donde los sacerdotes aún disfrutan del aura milenaria del poder, ya nadie manda nada. Salvo en otros dos lugares donde la autoridad todavía es indiscutible: una sala de vistas y un quirófano. En esos dos espacios se obedece al juez y al cirujano con un respeto reverencial. Lo explicó con más rotundidad Pep Guardiola al referirse al poderío de su archienemigo José Mourinho en las ruedas de prensa: «Aquí es el puto amo».

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