madrid / colpisa

Ni a México ni a ningún otro país. España no pedirá perdón por los «atropellos» que pudieran haber sido cometidos en la conquista de América hace 500 años, como exigió el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, nieto de cántabro, en una carta que divulgó el lunes, pero que fue remitida al Gobierno el pasado día 1.

La respuesta del Ejecutivo al desafío fue contundente. Primero, el Ministerio de Exteriores echó en cara al mandatario mexicano su órdago. Después, la vicepresidenta, Carmen Calvo, replicó tajante: «No va a ocurrir eso». A pesar de que la misiva fue remitida al Gobierno y al jefe de la diplomacia española, va dirigida formalmente a Felipe VI como jefe del Estado, según se encargó de desvelar el líder mexicano en un vídeo. En él, anuncia cartas al rey y al papa para que «se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios».

El papa Francisco ya lo pidió en el 2015, durante una visita a Bolivia cuando se reunió con el presidente Evo Morales (un referente de la izquierda indigenista). España jamás ha considerado ese tipo de reclamaciones pertinentes, pero tampoco se había topado con una exigencia como la de López Obrador: «Vamos a reconciliarnos, pero pidamos perdón». «Yo -argumenta- lo voy a hacer también porque después de la colonia hubo mucha represión a los pueblos originarios, fue lamentable lo que pasó». Solo hace un tiempo, los venezolanos Hugo Chávez y después Nicolás Maduro exigieron al rey que pidiera disculpas y reclamaron indemnizaciones para los indígenas.

En realidad, el asunto de México no ha cogido por sorpresa al Ejecutivo. El ministro Josep Borrell ha definido en alguna ocasión al presidente mexicano como uno de los nuevos «populistas» que gobiernan en América, junto a Trump y Bolsonaro. El Gobierno ha hecho muchos esfuerzos por mantener una buena relación con México desde que el pasado diciembre hubo cambio de Ejecutivo en ese país. Entre otras cosas, porque son muchos los intereses económicos y empresariales que se pueden ver afectados. Poco después de llegar al cargo, López Obrador ya canceló la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional en la que participaba FCC y Acciona. Y, en enero, en su visita al país norteamericano, Pedro Sánchez escuchó a empresarios españoles la inquietud ante la sensación de que se les estaba convirtiendo en chivos expiatorios.

Preservar las relaciones

«Vamos a hacer todo lo posible -dijo ayer Borrell en Argentina- para que las relaciones no se vean perturbadas por esta iniciativa que hemos calificado de desafortunada y a la que, naturalmente no vamos a dar curso». E insistió: «Parece un poco raro que en este momento se plantee pedir disculpas sobre acontecimientos ocurridos hace 500 años».

El Ejecutivo, en todo caso, no fue el único en reaccionar de manera airada. El líder del PP argumentó que la carta de López Obrador da muestras «de una ignorancia escandalosa» y supone una auténtica afrenta «contra España y contra su historia». «Quien conozca la historia de España, de México y de otros países hispanoamericanos sabe que lo que dice López Obrador es mentira», dijo también el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera.

El líder de Vox, Santiago Abascal, adujo que el mandatario mexicano «no entiende que al pedir reparaciones a España en realidad está insultando a México». Solo Unidas Podemos salió en defensa de López Obrador y prometió incluso emprender, si llegan al Gobierno, «un proceso de recuperación de la memoria democrática y colonial que restaure a las víctimas». Desde México, el expresidente Vicente Fox se disculpó con el rey y le reprochó a López Obrador su exigencia de disculpas.

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Solo Podemos aplaude que España pida perdón por la colonización de México