El juicio por el 1-O se queda huérfano de testigos clave al estar imputados en Cataluña

Evitan declarar ante el Supremo para que no les perjudique


redacción / la voz

El juicio del Tribunal Supremo a la cúpula independentista se ha quedado huérfano de testigos que fueron clave en el procés (entre ellos el exsenador de ERC Santi Vidal o el ex número dos de Junqueras), por su imputación en las causas judiciales de Cataluña que investigan los preparativos del 1-O. El derecho que asiste a los testigos imputados a no declarar sobre aquello que les perjudique ha privado en las últimas semanas al tribunal que juzga el procés de escuchar la versión de varios políticos, cargos públicos o empresarios que desempeñaron un papel crucial en la hoja de ruta a la independencia o que podrían facilitar información relevante sobre los preparativos del referendo.

Entre los testigos que la pasada semana han preferido acogerse a su derecho a no declarar, para no afrontar el riesgo de responder a un interrogatorio que podría perjudicarles en la causa que tienen abierta, figuran Josep Maria Jové, ex número dos de Oriol Junqueras en la Consellería de Economía y ahora diputado de ERC en el Parlamento catalán.

Jové -uno de los detenidos en la operación del 20S y que por su condición de aforado está siendo investigado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña- no solo dirigía las áreas de Economía a las que se atribuye el grueso de la logística del 1-O, sino que, además, proporcionó una de las principales pruebas de cargo que las acusaciones esgrimen en el juicio del proceso: el documento Enfocats.

Dicho documento, que le intervino la Guardia Civil junto a una agenda Moleskine con anotaciones sobre el proceso, diseñaba el guion en el que según las acusaciones se basaba la hoja de ruta unilateral hacia la independencia del Gobierno de Carles Puigdemont, que apostaba por desencadenar un «escenario de guerra» con masivas movilizaciones en la calle para forzar una ruptura con España.

Tampoco el «tal Toni»

Otros testigos fundamentales que han optado por callar ante el Supremo son el exsenador de ERC y exjuez Santi Vidal y Carles Viver Pi i Sunyer, dos juristas que estuvieron involucrados en el diseño jurídico de la vía hacia la independencia y que están imputados en la causa que dirige un juzgado de Barcelona sobre los preparativos del referendo.

Vidal sí ha visitado esta semana varios platós de televisión después de que la Justicia le haya dado la razón al reconocer su derecho a reincorporarse como juez, tras haber sido apartado de la carrera judicial por redactar un borrador de una constitución para una eventual república catalana.

El exsenador de ERC es un protagonista clave en la investigación del desafío secesionista, ya que sus conferencias alardeando de que el Generalitat tenía una partida oculta para el referendo y que había obtenido ilegalmente los datos fiscales de los catalanes propiciaron la apertura de la causa del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona.

También se ha escudado en su condición de imputado por el juzgado de Barcelona que investiga el 1-O el exsecretario de Difusión de la Generalitat Antoni Molons, que por ello no pudo despejar la incógnita, surgida a raíz del relato de varios testigos, sobre si es el «tal Toni» que encargó trabajos para la publicidad del referendo.

El independentismo desmonta sus propios argumentos

Gonzalo Bareño

La marcha de Madrid evidencia que la Justicia no persigue ideas, sino delitos

La manifestación que los independentistas catalanes celebraron en Madrid hace un flaco favor a los líderes del procés que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo, porque es, paradójicamente, la mayor demostración de la falsedad del discurso de los acusados, que insisten en proclamar que el único delito que han cometido es defender sus ideas independentistas y que son por ello unos presos políticos.

Si ese argumento fuera cierto o tuviera la más mínima consistencia, las fuerzas de seguridad habrían tenido un gran trabajo en Madrid, porque habrían tenido que detener a los miles de manifestantes, empezando por el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, que defendieron esas mismas ideas separatistas y realizaron sus proclamas de independencia sin que nadie se lo impidiera.

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