El mayor «José Luis» más humilde comparece ante el Tribunal Supremo

Aquel supercomisario del que se hacían camisetas tras los atentados del 17-A ha dado paso a un simple policía que pide perdón por las formas


Colpisa | Madrid

Cuando el presidente Manuel Marchena le pidió este jueves que se identificara dijo que se llamaba «José Luis», no Josep Lluís. Trapero apenas había entrado en la sala, pero en cuestión de segundos se vio que no era el mismo que aquel 'major' que en el verano del 2017, durante la gestión de los atentados de Cataluña, se convirtió en un superhéroe, hasta el punto de que poco después se vendían en Las Ramblas camisetas con su imagen y la famosa frase («Bueno, pues molt bé, pues adiós») con la que ventiló a un periodista que se quejaba de que le respondía en catalán a sus preguntas sobre los yihadistas.

A aquel estiloso comisario de uniforme y barba bien recortada, convertido casi en sex simbol y que en la diada del 2017 recogió la medalla de honor del Parlament por su trabajo el 17-A, este jueves le costaba subir las larguísimas escaleras del Supremo. Incluso parecía no poder tirar de su cartera llena de documentos. Con su otrora esbelta figura en horas bajas y envuelta este jueves en un anodino traje de vestir -y sin rastro del brillo de los galones del uniforme de los Mossos- a Trapero parecía que los años le habían caído de golpe.

«Referéndum ilegal»

Aquel mando policial que en verano de 2016 se codeaba en fiestas familiares en Cadaques con el mismísimo Carles Puigdemont y que aparecía en las ruedas de prensa codo con codo con el imputado Joaquim Forn, hoy habló de «referéndum ilegal» y tachó al exconsejero de «irresponsable», ante la mirada ojiplática de Forn.

Pero el único perplejo no era Forn. En realidad, nadie conocía hasta hoy esta 'cara B' de Trapero. La versión más humilde, hasta el punto de casi pedir perdón. «Pude no usar las palabras correctas», «a lo mejor no estuve lo más acertado», «no hice un buen papel». llegó a decir sobre las tremendas broncas que mantuvo con el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, cuando éste fue designado por la Fiscalía como coordinador del operativo contra el 1-O. Unas peleas («tensión dialéctica», en palabras del nuevo Trapero) que casi acaban con la paciencia de los mandos de las fuerzas de seguridad. El comisario que fue apartado de la jefatura de los Mossos por la aplicación del 155 en octubre del 2017 y que ahora se enfrenta en la Audiencia Nacional a once años de cárcel por rebelión acusado de haber ordenado la inacción del cuerpo autonómico durante el referéndum, incluso entonó el 'mea culpa' por los escasos resultados a la hora de impedir la consulta del 1-O. «Nos hubiera encantado que hubiera habido más resultados pero es lo que pudimos hacer entre todos», «cumplimos el mandamiento en todo lo que pudimos», «no requisamos el material porque no lo encontramos», se disculpó el mayor «José Luis» en un tono de lamento que jamás antes se le había escuchado en público. El mando del cuerpo, lejos de enfrentarse a la Fiscalía como han llegado a hacer otros testigos, incluso se mostró cómplice del Ministerio Público para revelar datos de sus encuentros con Puigdemont y Oriol Junqueras en los que advirtieron de la posibilidad de violencia.

Los únicos vestigios del viejo Trapero que se vieron este jueves fueron su solvencia en la respuestas y su memoria prodigiosa. Esa misma memoria que aquel verano del 2017 le sirvió para hacerse en cuestión de segundos con el nombre y función de cada uno de los yihadistas del 17-A, este jueves la tuvo que usar para recordar aquellos tensos días del 'procés' en los que tan «incómodo» dice que se sintió y que, a la postre, han marcado para siempre su carrera profesional y, probablemente, su vida.

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