11M, el atentado que marcó el camino al nuevo yihadismo en Europa

La matanza de hace 15 años «inspiró» al terrorismo del siglo XXI, según los expertos


madrid / colpisa

Sigue siendo, 15 años después, el atentado terrorista más mortífero de la historia de Europa. La masacre de los trenes del 11 de marzo del 2004 en Madrid continúa siendo una fecha de referencia para todos los servicios de seguridad del Viejo continente. A pesar de que fue un atentado atribuido a la vieja Al Qaida a través de una de sus facciones más activas en ese momento (el Grupo Islámico Combatiente Marroquí), el nuevo yihadismo, y particularmente el Estado Islámico (EI), se ha «inspirado», al menos en buena parte, en el modus operandi de la matanza de los cercanías que dejó 191 víctimas mortales y más de 1.600 heridos. La masacre de Atocha, en cierta forma, demostró a cualquier terrorista en ciernes que se podía golpear a Occidente con una mínima infraestructura, sin preparación militar y, sobre todo, con un escaso presupuesto. Niza, Estrasburgo, Bruselas, Londres, Berlín o Estocolmo, beben hasta cierto punto de las «enseñanzas» del 11M, de acuerdo con los expertos. 

Según destacan varios informes de los servicios antiterroristas de la Policía y la Guardia Civil, lo más curioso del asunto es que el moderno Estado Islámico, enemigo íntimo de la vieja Al Qaida, ha sido el que con más vehemencia ha instado a sus seguidores a imitar el ejemplo del grupo que dirigía el Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino (muerto en Leganés). En septiembre del 2017, recuerdan los atestados, el principal órgano de expresión de la jefatura del EI, la revista Rumiyah, justificó la matanza de Barcelona porque España «no aprendió la lección» del 11M y la guerra de Irak y había vuelto a alinearse con los «cruzados» en su lucha contra el califato. No era la primera vez. En noviembre del 2015, poco después del ataque a la sala Bataclan en París, el EI hizo público un vídeo en el exigía a los franceses abandonar la coalición en Siria siguiendo el ejemplo de lo que «hizo el pueblo español hace varios años contra la guerra de Irak», en referencia a la salida de las tropas españolas de aquel país ordenada por José Luis Rodríguez Zapatero tras el 11M. En esas mismas fechas el aparato propagandístico del Estado Islámico, por entonces en su mayor apogeo, ilustró un artículo lleno de amenazas a Occidente con algunas de las fotos más tétricas de los trenes de Madrid. «Los atentados del 11 de marzo del 2004 sirven como elemento estimulador para algunos yihadistas y para los grupos más importantes que los encuadran», señala el informe La Yihad contra España, del Grupo de Estudios Estratégicos, que recuerda que el ISIS en octubre del 2016 invitó «a sus seguidores a emular aquellos ataques de Madrid». 

El manual operativo del Daesh

El Daesh (acrónimo en árabe del EI), en aquella ocasión, hizo público su «manual operativo» Book of Terror (Libro del terror), en el que sus responsables militares ponían como ejemplo de atentados de éxito el del 11M, sobre todo por tratarse de un ataque de bajísimo costo. «Sin duda, el 11M, y su gran repercusión, fue una inspiración para el Daesh, que vio que un atentado como el de Madrid tenía mucho más impacto mediático en Occidente que los ataques a enemigos lejanos en países como Nigeria y Afganistán. A pesar de que Al Qaida era visto como un enemigo por el EI, lo reconocieron como un éxito, sobre todo a la hora de captar nuevos seguidores», explica Carlos Igualada, director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo.

De una opinión muy similar es Salvador Burguet, CEO de la Asesoría de Inteligencia y Consultoría de Seguridad (AICS). «El 11M fue, y es todavía, un referente para los terroristas de base. Significó un antes y un después en el terrorismo islámico en Europa. 

Tres pautas

Los análisis más recientes de AICS revelan tres pautas de los atentados de Madrid que se han repetido en los últimos años en la mayoría de los ataques. La primera es la conexión con la delincuencia organizada de bajo nivel. La célula de Madrid, que se financió en buena parte con el tráfico de drogas, estaba integrada por delincuentes con antecedentes, como los autores de los atentados del aeropuerto de Bruselas, del mercadillo de Estrasburgo o del atropello masivo de Niza.

La segunda es la poca preparación específica y falta conexión aparente con la cúpula terrorista (solo los autores de los ataques a la sala Bataclan estaban en contacto directo con el EI. Y la tercera, la figura «imprescindible» de un imán como dinamizador, que en el caso del 11M fue El Tunecino y en los atentados de Barcelona fue el imán de Ripoll, Abdelbaky Es Satty.

El último informe del Instituto Elcano, Yihadismo y yihadistas en España, publicado esta misma semana por el aniversario de los atentados, aporta un nuevo paralelismo: «Tanto para quienes participaron en el 11M como para quienes lo hicieron en la célula de Ripoll, lugares de culto y domicilios privados destacan como ámbitos específicos de radicalización yihadista».

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