Dimite una parlamentaria andaluza con críticas al partido

Carmen Lizárraga
Carmen Lizárraga PODEMOS

Redacción / la voz

L a ruptura de Errejón con la actual dirección de Podemos ha sido solo el big bang de una explosión cuya onda expansiva en el resto de la formación morada se irá extendiendo poco a poco. La primera manifestación se ha dado en Andalucía con la renuncia al escaño de la parlamentaria autonómica Carmen Lizárraga, de afiliación errejonista. Aunque su malestar con la dirección del partido en Andalucía, dominada por los anticapitalistas, viene de antiguo, no ha sido hasta la marcha de Errejón que Lizárraga ha decidido dar un portazo y abandonar el escaño del que había tomado posesión hace tan solo un par de semanas. Y, además, se va haciendo todo el ruido posible. 

Lizárraga reconoce en una carta publicada en el digital La voz del sur, que abandona el escaño y su puesto en el consejo andaluza de Podemos por su «distanciamiento de las posiciones políticas, organizativas e institucionales» con la cúpula andaluza de la formación morada, que encabeza Teresa Rodríguez.

En una argumentación muy similar a la ofrecida por Errejón para justificar su alianza con Manuela Carmena al margen de Podemos, Lizárraga señala que el partido ha ido derivando hacia posiciones «impropias de los tiempos actuales». En su opinión, Podemos debe «huir del espacio de extrema izquierda, más propio de un viejo partido de la resistencia que de una fuerza que proyecta ser transformadora y de gobierno». Entiende que este es el principal mensaje que debe extraerse del fracaso electoral de Adelante Andalucía, y de la izquierda en general, que ha desembocado en la formación de un Gobierno autonómico sustentado en las tres fuerzas de la derecha. Un mensaje que, en su opinión, no ha sido captado por la dirección de Podemos.

También expone que la formación morada «ha abandonado el espíritu abierto, deliberativo, participativo y democrático del primitivo Podemos», lo que la está llevando «a una desnaturalización que es rechazada por nuestros potenciales votantes». En esta línea, discrepa abiertamente del papel que el partido juega en las instituciones. El activismo y la respuesta en la calle «son imprescindibles, pero aspirando a ser mucho más que la representación de luchas aisladas», argumenta Lizárraga para justificar que abandone la política.

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