Un complicado rearme ideológico frente a Vox y Ciudadanos

La tarea de reunificar el partido mirando a las elecciones

Rajoy saluda a Casado, con el que entró en el plenario de la convención nacional del PP
Rajoy saluda a Casado, con el que entró en el plenario de la convención nacional del PP

Madrid / LA Voz

El primer gran acto político del PP bajo el liderazgo de Pablo Casado les llega a los populares en un momento dulce, inmediatamente después de conquistar la presidencia de la Junta de Andalucía, único bastión territorial que se les había resistido. El pacto con la extrema derecha de Vox, que ha sido necesario para alcanzar ese objetivo, es sin embargo un escollo que condiciona la convención, celebrada en un clima de euforia muy distinto al último congreso, convocado en un ambiente de tensión extrema tras el shock que supuso la pérdida del Gobierno por la moción de censura contra Rajoy. 

Los populares buscan ahora lo que denominan un «rearme ideológico». Una complicada fórmula que les permita dar la batalla contra las ideas de la izquierda y el populismo, recuperar el voto más centrista emigrado en los últimos años a Ciudadanos y, a la vez, aglutinar el sufragio más claramente derechista que se ha fugado a Vox, enarbolando un discurso igual de firme que los de Abascal en lo que afecta a la unidad nacional y la mano dura contra los independentistas catalanes, pero sin asumir sus tesis más radicales en contra de la ley de igualdad de género.

Y todo ello, manteniendo la unidad interna en un partido en el que todavía supuran algunas de las heridas abiertas en el último congreso nacional, en el que Casado acabó imponiéndose a dos de las más estrechas colaboradoras de Rajoy, aunque rivales entre sí, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, llamando a recuperar las «esencias» del PP. Algo que muchos interpretan como un giro a la derecha que asume las tesis de José María Aznar y una enmienda a las posiciones templadas de la etapa de Rajoy. De que este fin de semana consigan o no superar esas aparentes diferencias dependerá en buena manera que alcancen su principal objetivo a corto plazo, que es imponerse en las municipales y autonómicas del mes de mayo.

Pero en clave interna, el plan de Casado tampoco es fácil. Como pudo comprobarse ayer, a Rajoy le cuesta asimilar el discurso del rearme ideológico. En primer lugar, porque eso implicaría reconocer que él dejó desarmado a su partido. Y en segundo, porque fue precisamente con su discurso ideológico templado, cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta más holgada lograda jamás por el partido: 186 escaños. De ahí que Rajoy, cuya sola presencia en los pasillos de actos como este desataba hace poco aplausos y vítores, asistiera ayer a la convención casi como un jubilado que contemplaba con distancia y curiosidad el despliegue tecnológico preparado por Casado en lo que un día fueron sus dominios.

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