Auge y caída de una fuerza lastrada por el hiperliderazgo

El portazo de Errejón remata una imagen expresiva


Madrid / La Voz

No hay precedentes en España de un auge político tan fulgurante como el que experimentó Podemos desde su creación en el 2014. Pero tampoco de una descomposición tan rápida como la que sufre el partido desde su llegada a las instituciones. El portazo de Errejón remata una imagen expresiva. De los cuatro profesores con los que Pablo Iglesias fundó Podemos, Monedero, Errejón, Bescansa y Alegre, ninguno forma parte de su equipo. Unos fueron directamente depurados y otros se alejaron del hiperliderazgo del secretario general. Pero la crisis de Podemos va mucho más allá de los nombres. La Asamblea Vistalegre II, en febrero del 2017, en la que Errejón desafió a Iglesias y lo pagó caro, culminó un progresivo distanciamiento de figuras relevantes con la estrategia del secretario general y su modelo de partido, basado en el control vertical de una organización que nació con vocación asamblearia. Ahora, en caída libre en los sondeos, la marca Podemos y el liderazgo de Iglesias no paran de deteriorarse, en especial en sus confluencias territoriales.

En Andalucía, Teresa Rodríguez, de la corriente anticapitalista, consiguió doblegar a Iglesias y borrar la marca Podemos de la papeleta concurriendo bajo las siglas de Adelante Andalucía. Algo similar ocurre en Cataluña, donde Podemos ocupa un lugar secundario frente al poder de los comunes liderados por Ada Colau. Y en Galicia, Podemos se desangra en medio de las luchas intestinas de las mareas. A pesar de que el candidato de Iglesias, Antón Gómez-Reino, se impusiera a la crítica Carolina Bescansa en la lucha por el control regional de la organización, el secretario general del partido morado perdió el pulso con el que pretendía descabalgar a Luís Villares y también la batalla contra las mareas municipales, que se niegan a coaligarse con Podemos y exigen que se integre como una fuerza más. Episodios como la compra de un chalé de lujo en Galapagar junto a su pareja y número dos del partido, Irene Montero, habían dañado internamente la imagen de Iglesias y alentado el desencanto. Pero el desafío de Carmena en Madrid, que ya rechazó someterse al líder de Podemos, al que se une ahora el de Errejón, dejan a Iglesias, de baja por paternidad, al borde del precipicio político.

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