El acceso y las atmósferas tóxicas, principales dificultades en los rescates en pozos

Expertos alertan de que el rescate de Málaga es extremadamente complicado

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Sigue la búsqueda de Yulen en Totalán Avanza la búsqueda del pequeño en la localidad malagueña de Totalán en el agujero de 107 metros de profundidad. Los rescatadores han alcanzado una cota de 73 metros bajo tierra.

Redacción

Delicados y con muchas dificultades. Así son, según los expertos, los rescates de personas o animales caídos en pozos. «Lo primero que hacemos es comprobar los accesos al lugar del suceso para analizar qué vehículos de rescate son los más convenientes para llegar a la zona», explica David Grafulla, responsable de la unidad de rescate en altura de la oenegé Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF). Un vez allí, se realiza un primer reconocimiento para evaluar los riesgos de la acción. «Además de las caídas en altura y los colapsos, el principal riesgo es el tipo de atmósfera que podemos encontrarnos en la cavidad. Puede ser pobre en oxígeno y contener sulfuro de hidrógeno, un gas inflamable y tóxico fruto de la descomposición de materia orgánica», detalla Grafulla. Para comprobarlo se mete en el pozo un analizador de gases. Si se determina que la atmósfera es peligrosa, el rescatador desciende equipado con un sistema de respiración compuesto por una botella de aire comprimido y una máscara.

Peor que trabajar en pantanos

Este tipo de material lo conocen bien los miembros del GEAS (Grupos Especiales de Actividades Subacuáticas) de la Guardia Civil. Entrenados incluso en alcantarillas, ellos también sufren cuando tienen que afrontar rescates en pozos estrechos. «Entrar a ese espacio angosto, boca abajo para poder ver y tener las manos libres, en una posición antinatural, con la sangre acumulándose en tu cabeza, te genera inevitablemente una situación de angustia», explica José Antonio González desde la Unidad Central de Valdemoro.

Para este experto, trabajar en pozos es más complicado incluso que hacerlo en pantanos. «En ambos casos trabajamos casi a ciegas, con los nervios y estrés que eso conlleva, pero aunque los pantanos sean oscuros y fríos tienes cierta libertad de movimientos y vas con un compañero. A un pozo bajas solo, lo que tú no sepas o no puedas hacer nadie lo hará por ti. Desde la superficie pueden izarte o bajarte más despacio, pero poco más. Si te quedas enganchado o hay un desprendimiento estás solo», detalla.

Precisamente los desprendimientos son otra de las complicaciones en estos rescates. Evitar colapsos y derrumbes durante la actuación es fundamental para garantizar la seguridad de rescatador y rescatado. Mantener la calma es clave. «Trabajas a contrarreloj, pero una imprudencia puede agravar las cosas irremediablemente», destaca José Antonio González.

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