Artadi y Aragonès se desmarcan de la línea dura de Torra

Abogan por reforzar la vía de diálogo con el Gobierno frente a la apuesta rupturista del presidente catalán

La consellera de Presidencia de la Generalitat, Elsa Artadi
La consellera de Presidencia de la Generalitat, Elsa Artadi

BARCELONA / COLPISA

El Gobierno catalán tiene dos almas. Una es la línea que representa Quim Torra, que sigue los postulados de Carles Puigdemont, y que quedó plasmada en el discurso que el presidente de la Generalitat pronunció el pasado día 30 con motivo de fin año y que llamó a los catalanes a «sublevarse ante la injusticia» para culminar el «mandato democrático de la libertad» y consumar la independencia y «derribar los muros de la opresión». El otro sector, más posibilista, salió ayer a la palestra para desmarcarse del discurso rupturista de Torra y seguir insistiendo en el diálogo con el Gobierno central. El propio Ejecutivo de Sánchez, tras la alocución de Torra del día 30, instó al dirigente nacionalista a que abandone su monólogo y posibilite el diálogo.

El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, de Esquerra Republicana, y la consejera de la Presidencia, Elsa Artadi, de JxCat, aunque distanciada de Torra, insistieron ayer en seguir explorando las vías de diálogo que se abrieron el pasado 20 de diciembre entre los dos Ejecutivos en la reunión que celebraron en Barcelona Pedro Sánchez y Quim Torra. En la cita, ambos Gobiernos acordaron un texto conjunto que reconoce la existencia de un «conflicto» en Cataluña y apuesta por «avanzar en una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía, en el marco de la seguridad jurídica».

Así, mientras Torra fijó el 2019 como el año de la independencia, Aragonès rebajó ayer el alcance y confió en que el nuevo año sea el que abra la búsqueda de una «solución política, y no judicial, a los problemas que en estos momentos hay entre Cataluña y el Estado español». «Trabajamos en diferentes ámbitos que faciliten acuerdos de diálogo, de negociación y de votación», dijo en Tarrasa. Esquerra insiste en dar una oportunidad al diálogo con Sánchez, frente al sector duro del independentismo (Puigdemont, Torra, ANC, CUP), que se decanta por el unilateralismo y quiere convertir las sentencias del juicio del 1-O en el «moméntum» (según Torra) de volver a desafiar al Estado, en una especie de escenario insurreccional.

Apelación a Sánchez

ERC, una parte del PDECat y Òmnium huyen ahora de este planteamiento, pues son conscientes de que el independentismo no tiene la fuerza necesaria con el 47 % de los votos y porque temen además que la consecuencia de un nuevo órdago a Madrid tendrá como consecuencia un nuevo 155 y un tripartito de PP, C’s y Vox con regresión autonómica. Por ello, Aragonès pidió ayer a Sánchez «movimientos» sobre los «problemas de fondo» de Cataluña y que ponga sobre la mesa una «solución política» para poder apoyar los Presupuestos del Estado, que el PDECat, al menos buena parte de su grupo parlamentario en el Congreso, ya está dispuesto a permitir que sean tramitados. No se dirigió directamente al Gobierno, pero el líder de ERC hizo ayer una llamada a que los presos secesionistas sean liberados antes de sentarse en el banquillo, en las próximas semanas, para poder «afrontar su defensa con todas las garantías». Aragonès pidió como deseo para el 2019 que el juicio del 1-O acabe con la absolución de los líderes del desafío secesionista.

La consejera Elsa Artadi también rebajó ayer el tono empleado por Torra en su discurso de Nochevieja. La portavoz de la Generalitat, que junto a Aragonès, pasa por ser la principal interlocutora entre los Ejecutivos de Madrid y Barcelona, dio ayer a conocer que después de Reyes, la Generalitat enviará dos documentos a la Moncloa que la parte catalana querría negociar en la próxima reunión entre el Gobierno y la Generalitat, prevista para la segunda quincena, y que fue acordada en la cita del 20D. Artadi habla de dos documentos sobre el diagnóstico de cómo se ha llegado a la situación política actual y de posibles soluciones al conflicto, pero no se refiere al texto negociador de 21 puntos que Torra entregó a Sánchez, y en el que reclamaba una «desfranquización» de las instituciones, regeneración democrática y derecho a la autodeterminación de Cataluña, con mediación internacional.

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